miércoles, julio 04, 2007

Debemos volver al mar


Muchos isleños pasan media vida en el mar, en la barca. Para ellos no va este artículo, aunque quizás sí, porque todo lo que ocurre en la isla les afecta en primer grado.

Hemos acabado con la costa, a pesar de que los destructores de la isla exhiban a menudo esta estrambótica estadística que dice que la costa de Ibiza es la menos estropeada del litoral español. Supongo que este tipo de gente estará muy orgullosa de haberse conocido.

Hemos destrozado las costas hasta donde son accesibles, incluso en sitios donde no lo son. Hemos iniciado un proceso -gracias al capital ibicenco, suizo, alemán, de la mafia gallega y de la mafia rusa, etc.- de colonización urbanístico del interior.

Sólo nos faltaba aportar nuestro granito de arena al destrozo de las profundidades del mar. Ya estamos en ello. Submarinistas que conozco me explican que hoy sería imposible filmar las películas de los increíbles fondos de las Pitiusas de hace 20, 30 ó 40 años. Los fondos han quedado rotos, abrasados, tapados o simplemente llenos de basura.

Las avionetas y los barcos atuneros a la luz de todo el mundo son un insulto a la autoridad policial, a la autoridad europea y a todos los habitantes del mar.

Estos proyectos de puertos deportivos en Figueretes, Punta Xinxó, Portinatx son un insulto a los ibicencos. Cada vez que un grupúsculo económico presenta un plan de estos me siento agredido. Siento que me agraden.

Las elecciones han pegado una patada a los promotores de tales iniciativas. De momento. Pero nunca descansan. El capital es como las cluecas, que van incubando los huevos hasta que nace la serpiente o el polluelo.

Tenemos el mar hecho un desastre: sin pesca, repleto de salitre (desaladoras), destrozando las praderas de posidonia, con infestaciones de medusas, con alteraciones biológicas que afectan al ciclo de las aves y seguramente de los peces, de las tortugas, de los delfines, de los atunes.

Yo ya paso de hablar en futuro: hemos machado la isla y ahora estamos machacando el mar. ¡Ay, no vienen turistas! nos quejamos.



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