miércoles, septiembre 28, 2016

No correrá el agua bajo los puentes



El fenicio anota en su Cuaderno Púrpura: el debate que aviva nuestro otoño ha estado presente en los últimos años, pero nadie le daba crédito. Ha bastado medio millón de turistas más de lo habitual para que muchos lo interpreten como un indicio de que el fin del mundo está cerca.
No sé los demás, pero a este fenicio, por decirlo, le han advertido para que cambiara de tema, incluso le han prohibido una entrevista (no en este Diario) y en suma, ha renunciado a algunas oportunidades materiales. Y otras cosas, pero no insistiré en lo personal, porque este fenicio no concursa, no compite ni está en el mercado. Se pasa el día navegando. Los fenicios jamás cobran por horas: serían impagables y, por otra parte, el arte de la cavilación se paga tan bajo como el de la navegación (por internet).
Pero me divierte observar el fragor de la batalla. Porque la batalla real ya se perdió a comienzos de los 80, ahora solo podemos asistir a un ritual dialéctico, que no sirve de nada; como mucho para bálsamo barato de algunas conciencias.
Aún no hemos devuelto los paquetes turísticos de septiembre –y perdón por llamarles paquetes a los paquetes– y ya veo quejas de algunos empresarios porque hogaño Ibiza también pueda ver seriamente disminuida la llegado de panteras grises. No habiendo tenido bastante con cuatro meses de estruendosa locura juvenil, ya exigimos a grandes dosis el contingente de ancianos hispanos. No vayamos a quedarnos sin.
En la efervescente discusión se agitan numerosos ingredientes: saturación turística, cierre de caminos vecinales que dan acceso a la costa, odio al turista, alarma ante las carencias evidentes de agua, tranquilidad y espacio y en algunos casos indignación por las agresiones de los decibelios, los vehículos, los delincuentes.
La saturación es temporal y coyuntural. Imagino que dentro de tres años, algunos países mediterráneos habrán absorbido a varios millones de turistas, lo cual rebajará la presión sobre Baleares. Los cierres de caminos vecinales y accesos en las costas debieran estar totalmente prohibidos y retiradas de inmediato las verjas, paredes y barreras. Sin excepción.
La tristeza y la indignación por las pérdidas, algunas irreversibles, de nuestro ritmo, espacio y recursos está justificada. La santa ira, que decían los viejos cristianos. Y añade el fenicio en el Cuaderno: ahora ya sabemos que tendrá que llover muchos inviernos seguidos para que el agua corra de nuevo bajo nuestros puentes. Pero no ocurrirá.

sábado, septiembre 24, 2016

Los hoteleros llevan la ecotasa a los tribunales



Soporto el discurso almibarado de Francina Armengol el tiempo necesario para confirmar que sigue llamando «país» a la comunidad de Baleares y de que van a tomar «mesures» sobre tal o cual cosa. Querrá decir «mides», que no es exactamente lo mismo, pero ellos sabrán con su barcelonés importado. Pero no la soporto ni un minuto más. Por Dios, qué nivel. Me enteraré por la prensa escrita de que su discurso no entusiasma ni a sus socios de desgobierno. En especial, Podemos ha agarrado el tema de la saturación turística como bandera y cree que es tan potente como para sustituir su odio emblemático a los hoteleros. Que es algo coyuntural, le explican a Camargo. Pero no hay manera, tanto si es estructural como algo temporal, Podemos quiere meter baza en el turismo.
En un año han aprendido muy poco sobre Baleares, siguen el mismo guión ecologista, republicano, comunista, separatista y en cada momento tiran de la ficha correspondiente para abrir brecha en la sociedad balear. No saben, pobres ilusos, que tal cosa no existe. Toda la sociedad balear ya es una brecha, un ente líquido, camino de la evaporación.
Será inútil recordarles que los millones de turistas prestados por Túnez, Egipto, Turquía y Grecia –básicamente estos– nos serán reclamados con intereses, y cuando nos sobrevenga la resaca, Podemos y el enjambre catalanista irán freír espárragos. Y todos los demás si no cuidamos nuestra materia prima. Aparte de ordeñarla con tasas y multas, hay algo que el Pacte puede hacer por nuestras islas: gobernar, invertir en infraestructuras básicas y no derrochar –como hacen ahora– montones de dinero en caprichos identitarios importados por los fundamentalistas de Més, PSIB y otros.
Y sin embargo los hoteleros se mueven. Me extrañaba que la asociación no hubiera planteado ni la menor resistencia a esta ecotasa errática, injusta, que pagamos todos, turistas o no. Y el Pacto, muy orgulloso de esta operación de ordeño. Lo presentan como un gran éxito, cuando imponer impuestos es la solución más fácil y menos inteligente. Los hoteleros, decía, han presentado un recursos contencioso-administrativo contra la ecotasa. En si mismo no parece importante y quizás no lo sea, pero puede ser la espoleta que haga saltar por los aires este Pacto, como ya he pronosticado otras veces.
Sea como sea, el próximo que gane las elecciones volverá a encontrarse con las arcas vacías y con una deuda creciente que alguien deberá pagar algún día. Es el sino de los isleños, como Sísifo, subiendo la roca de la deuda hasta la cima de la montaña y, cuando ya está casi arriba del todo, vuelve a ganar el Pacto y la roca cae rodando hasta el fondo. Hasta el fondo. Y vuelta a empezar.

miércoles, septiembre 21, 2016

Camisetas verdes y otras comedias


En estos días tristes de carencias en el ámbito de la educación en Ibiza, son varios los que sacan tarjeta amarilla a aquellos agitadores con las camisetas verdes (profesores y sindicalistas de enseñanza). ¿Por qué no se quejan ahora? ¿porque ya gobiernan los que ellos ayudaron a encumbrar en el gobierno, mediante sus técnicas de agit-prop?
Desde luego, se significaron por su actividad, incluso fuera de la ley –como ya ha quedado patente en al menos dos sentencias judiciales– y no pasaba día en que no incordiaran en las puertas de la consejería o en cualquier otra parte, con sus velas encendidas, pancartas, con su griterío o incluso invadiendo las instalaciones del departamento y agrediendo a varias funcionarias. Pues nada, ahora que harían falta, han desaparecido los camisetas verdes. Las habrán metido en lejía.
Supongo que la gente de a pie se da cuenta de estas cosas y se muestra cada vez más agotada por el sectarismo de determinados grupos y partidos. Y sin embargo, se sienten impelidos a luchar por lo que queda de Ibiza y de Formentera.
Muy activos los veo en Facebook y Twitter, desde donde se organizan en grupos de trabajo para intentar aportar su energía en solucionar lo que los políticos ni siquiera detectan como un problema. ¿Cómo vas a tratar una enfermedad que ni siquiera has diagnosticado?
No solo es en Ibiza, también en Madrid, Valencia, Barcelona y otros sitios se van levantando grupos que se manifiestan contra esta masificación turística.
Y es en estos momentos cuando me gustaría sumarme a quienes defienden el turismo: al menos en las islas no tenemos otro medio de vida. Lechugas adlib, aceite payés, sobrasada y flaones, los vendemos con facilidad porque tenemos una fuerte demanda turística. De manera que nuestro enemigo no es el turista. Dios nos libre de hostigarlo.

Nuestros grandes problemas nacen por un abuso y sobreuso de nuestros limitados recursos: el agua, el espacio, etc. ya no dan más de sí. Y si no dan más, no hay que conceder más licencias de construcción de grandes mansiones rurales ni licencias de actividad si no es una industria o comercio que aporte un valor añadido a estas islas. Cierren ya el grifo o al menos durante una temporada amortigüen la expansión de negocios que son más de lo mismo. El problema no es el turismo, sino nuestros políticos y sus decisiones injustificables.

sábado, septiembre 17, 2016

El presidente y la técnica del calamar


Vicent Torres sigue manifestando su temor al vacío, como aquellos pintores que odian dejar un centímetro del cuadro en blanco: horror vacui decían los escolásticos. Ahora nos avisa de algo sobre el turismo excesivo, pero no se entiende muy bien el porqué ni cuándo ni el cómo. Es de agradecer que dedique su atención a sectores que no controla ni son de su competencia. Lo hace para echar un buen chorro de tinta, como el calamar. Ya que no sabe solucionar aquellos temas acuciantes que entran de alguna manera en sus dominios, nos deleita con una conferencia de prensa, escudado en los temibles y viajeros concejales de turismo, sobre temas que no puede ni tocar.
El presidente del Consell podría ocuparse más de la errabunda y selvática política urbanística, en la demencial situación de los transportes colectivos y en la inaplazable calificación legal de los apartamentos turísticos, en las inspecciones a todos los niveles y a otras cosas que entran en su área de acción. Yo comprendo que se deja llevar por el entusiasmo y se olvida de que el ejecutor y responsable es el presidente. Torres no es la oposición, no es ni siquiera de Podemos –para su suerte–. Tampoco es del PP, pero aprovecha que este partido no emprenderá ni una sola iniciativa en urbanismo, control e inspecciones, al menos no lo hizo cuando gobernó. Me refiero a leyes o reglamentos restrictivos y sensatos que filtraran este crecimiento salvaje, incluso en áreas que son o debieran ser de alta protección.
El entusiasmo le lleva a comparar Ibiza con Cuba. Mire, como Cuba estaríamos en unos pocos años si gobernara en España Podemos (por cierto, ya lo hace junto con el PSOE en más de media España municipal y así les va). Ibiza es un fenómeno singular que se desarrolla en un ámbito de economía de mercado. Cuba es comunismo o lo que diablos sea, Cuba-Venezuela es Podemos. Supongo que Torres no está contra el turismo, pero en momentos así lo disimula, quizás como un guiño a Podemos y a ultranacionalistas y ecologistas desorientados. Sabe bien que no se puede limitar la entrada de personas y vehículos y seguramente no debemos pretenderlo. Porque si le molesta la cantidad de récords acumulados, puede estar tranquilo, que regresaremos a cifras más digeribles. Lo sabe. Por eso, yo no frivolizaría sobre el turismo.
Deje para el Mester de Progresía y otros antisistema estos simposios que al final se reducen a un aquelarre de odio contra el turista y que en suma todavía se concentran más en un odio al trabajo y al éxito ajenos. Pero es cierto que podría ahorrarnos el derroche de las ferias turísticas. A que no lo hará.

miércoles, septiembre 14, 2016

Sembrar una esperanza ahora


El verano se está fundiendo bajo estos calores exagerados, pero es cierto que ´quien día pasa, año empuja´ y estamos caminando hacia el otoño con paso suave. Verano de excesos, de sangre y de sequía, aunque al final Ibiza ha superado la prueba del agua mal que bien. La mitad de los pueblos de Baleares permanecen bajo la amenaza de la carestía de agua y deseando que otoño sea generoso con las lluvias que suelen cerrar el verano. Parece que no va a ser así. El otoño, dicen, también será seco. Yo no me fío, será de repente, sin avisar caerá una tromba de agua que hará mucho daño. Yo limpiaría los patios, desagües y terrazas y no dejaría mercancía valiosa amontonada en el suelo de ningún almacén que sea susceptible de inundación.
Pero el otoño es maravilloso, si uno supera el cansancio y el shock postraumático tras el verano en Ibiza. Hay que reforzar el cuerpo, comer bien, frutos secos, verduras y fruta. Y reposarlo para iniciarse poco a poco en los ejercicios que nos darán el tono para superar bien el invierno. Maravilloso también el invierno, mala época para los mosquitos. Matanzas, caminatas, torrades y el cielo que se transparenta como un cristal.
En invierno se siembran las esperanzas, uno se reencuentra con la física y la química del cuerpo, de los cuerpos. Ibiza ha perdido los veranos entre los isleños, porque estamos ocupados en superar la avalancha y en hacer caja. Pero también hemos perdido los inviernos: los ibicencos nos hemos rendido en invierno y salimos de viaje. Al final apenas queda nadie en las calles. Y uno queda reflexionando...¿de verdad viven 160.000 personas en Ibiza y Formentera? ¿Dónde se refugian?
Por cierto, muchos de ellos revivirán el obsesivo efecto ratonera. Quien pretenda salir (y volver) en Navidad y fin de año, haría bien en reservar el billete de avión ahora mismo. Ya tendrá dificultades y deberá afrontar precios dolorosos. Por internet es fácil hacer la reserva y lo suelen hacer todos aquellos funcionarios que pueden.
Sembrar una esperanza, decía. Será la luz que nos mantenga vivos en los próximos meses y nos inspire en nuestras relaciones, amistades, amores y ausencias irreparables. Vivir en Ibiza está muy bien, pero es bueno armarse con un plan de ruta que nos ayude en los húmedos días bajos. Sabiendo que nuestra luz nos llevará a destino y para cuando nos demos cuenta nos encontraremos en plena primavera. La Tierra dando vueltas por nosotros y nosotros en ella. Movimiento silencioso. Esperanza, mientras duermen las serpientes.