sábado, enero 20, 2018

Turismo, igual o menos

Turquía
Voy a intentar reprimir mi vena sarcástica, porque la actual situación afecta a mucha gente de Ibiza que depende como agua de mayo de la aportación dineraria que cada año nos deja el turismo. Pero si fuera por los políticos les diría lo que de todos modos acabo diciendo cada año: son unos derrochadores y además la mayoría no entiende de turismo. Basta ver la cara de la consellera del ramo en el Govern Balear, con ganas de empezar a repartir los lazos amarillos de la tieta, para defender a los delincuentes de su partido ERC, encarcelados por haber organizado un golpe de Estado con el dinero de todos los españoles.
Turismo de invierno, dicen, ‘Better in winter’. En Mallorca no lo sé, pero en Ibiza y Menorca pueden morirse de aburrimiento, todo lo contrario del verano donde los peligros vienen de la masificación.
Políticos que nos cuestan cinco millones de euros cada año, aunados a los hoteleros, manifiestan cierto miedo a que baje el turismo. La temporada 2018 será igual o menor que la pasada. Y les parece un desastre. Pues no, el desastre es ahora: si quieren seguir conservando el turismo en Ibiza, reduzcan al menos un 30% el número de visitantes (no digo el beneficio).
Este porcentaje o incluso mayor es el turismo que han usurpado las Baleares a Egipto, Turquía, Grecia, Marruecos, Jordania, Israel, Siria. No son nuestros turistas, solamente nos los prestaron, a partir de aquel invierno de 2010 cuando la policía marroquí arrasó el campamento saharaui en las afueras de El Aaiún. Después vino Túnez y todo lo que siguió y nos enriqueció.
Ibiza ha recibido unos 5 millones. Devuelvan uno y medio cuanto antes.

miércoles, enero 17, 2018

Los números tristes de Ibiza







Quizás haya gente mucho más informada que yo para hablar de este tema, pero el fenicio no puede evitar rascarse la cabeza cuando lee que han aumentado los accidentes mortales de tráfico, que casi han doblado a los de 2015. 
Otra vez la truculenta relación de accidentados que dábamos por terminada desde la inauguración de las autovías. No ha sido así: 22 víctimas en las Pitiusas, la mitad de ellos motoristas. 

Parece que a un mayor aumento del turismo haya derivado la consiguiente proporción de sacrificados, en esta trágica estadística negra. Ahora vendrán los técnicos sesudos con el intento de explicar los acontecimientos según su criterio o intereses. Da lo mismo. En las Pitiusas se consume demasiada droga, incluyendo el alcohol, y por algún motivo que desconozco, los conductores no sienten la apremiante presencia policial ni obligados por el sentido común que aconseja alejarse de cualquier máquina o vehículo. Y no, no son siempre turistas, que se toman la conducción en Ibiza como otro episodio de la juerga nocturna. 

Siete de cada diez test de drogas dieron positivo. Impresionante. Las consecuencias han sido terribles en 2017. Incluso en el mar. Ignoro qué otras medidas disuasorias se pueden tomar, sabiendo que tampoco las represivas serán de utilidad. 
La última esperanza es que el turismo se estabilice en cifras más manejables, es decir, a la mitad. Mientras, tendremos que asimilar estos aumentos de defunciones (no todas por accidente, claro), que han aumentado un 7% según los datos de Pompas Fúnebres. En 2017 hubo 775 y falta por contabilizar diciembre. 

No deja de ser coherente este llamativo aumento en la isla del placer y la fiesta, aunque también es la senda de los elefantes.

Periódico de Ibiza

domingo, enero 14, 2018

Sanidad bajo acoso intolerable


Yo defiendo la sanidad pública, pero en Baleares no pasa por sus mejores momentos, al menos en lo que concierne a Ibiza. Tras las extravagantes exigencias del catalán existe una estrategia de ingeniería social que nos acabará de llevar al caos. No es la obligatoriedad del certificado B2 de catalán la única causa de nuestra alarmante situación.
Todos sufrimos esta acuciante carencia de vivienda accesible desde el año 2000, por la simple razón que los propietarios prefieren dedicarla al alquiler turístico. Los empresarios hoteleros ya han diseñado una estrategia que blinda a su personal: ofrecen habitación a los temporeros, como se había hecho siempre en Ibiza y Formentera. En el caso de los médicos esto no se había intentado, hasta el ensayo del año pasado, recuperando espacios de Can Misses para el personal sanitario.
En el caso de médicos y otros funcionarios, esto es un apaño antes que una solución. Dedicados a trabajos muy estresantes, con sueldos muy mejorables, al menos merecen un cobijo reparador y seguro.
Otros profesionales están viendo como sus opciones profesionales no son ninguna bicoca y muchos se han ido marchando de Ibiza en los últimos diez años. A los que han ido soportando su vida laboral y social en la isla, les quedaba la sorpresa impuesta por el catalanismo rampante. Más deberes. Muchos médicos entienden el ibicenco, pero no pasarán por la criba de más requisitos impuestos por una clase política ideologizada y salvajemente inculta. Piden plaza en la Península o el extranjero y nos van abandonando. Y aquí nos quedamos los enfermos ibicencos, disfrutando del catalán del Pacto de Progrés y disfrutando de lo votado.
Cuando te dicen que hay unos 1.500 pacientes en espera de una operación es que la sanidad pública balear no funciona. No me refiero ya a que caiga el programa informático -lo cual es otro síntoma. Me refiero a que no hay médicos, anestesistas o sanitarios en general. Y que hay un total de 3.794 pitiusos en lista de espera para ver al especialista. Esto sí, mucho catalán.

sábado, enero 13, 2018

La Marina para los turistas


Como yo he pasado mucha vida en el barrio de la Peña o en la Marina quizás puedo decir que soy un poco de la zona. Antes disfruté de las humedades terribles del entonces llamado Seminario, en Dalt Vila, donde pasé tres años interno estudiando.
Ibiza estaba sufriendo una de las primeras invasiones del siglo XX. A mediados de los 60 la isla se empezó a llenar de gente estrafalaria, mal vestida, no excesivamente aseada, que era recibida con cara de asombro por la mirada sombría de una pareja de la Policía Nacional al pie de la escalerilla del barco. A finales de la década, los bares del puerto ya se habían convertido en el cuartel general y en el lugar de encuentro de aquellos hippies deambulantes y fumados, algunos famélicos y temblorosos.
En esta época empiezo a dejar que mi pelo crezca en absoluta libertad, hasta el punto en que en 1974 ya me llegaba hasta el cinturón. Era mi forma de rebeldía y de sintonía con un hippismo que estaba contra el establishment. Yo también, pero no era progre, era hippy.
Bueno, pues ahí se inventó el valor de cambio de la Marina. Los hippies empezaron a alquilar algunas casas, abrieron más bares en la calle de la Virgen. A primeros de los 70 se jodió todo, cuando se empezó a introducir la heroína y los primeros gitanos, llegados desde Granada de la mano del Padre José empezaron a tomar posiciones.
Me fui a la mili y cuando volví todo había cambiado.
Hoy el deterioro del barrio es desolador. Apoyo la iniciativa de Toni Villalonga para que se puedan alquilar estos locales a los turistas. Se encontrarán en su propia salsa.

miércoles, enero 10, 2018

Entremos, pues, en 2018

Ibiza, el paraíso rústico y natural, dicen en las ferias turísticas europeas
Aún embotado por tanta fiestas seguidas -o lo que sean- me obligo a reactivar mi interés por las cosas que en Baleares marcarán nuestro más inmediato futuro. Por ejemplo:
UNO: Somos muy pocos los que nos damos cuenta del peligro que entrañan estas leyes de género para la sociedad entera. ¿nadie se pregunta por qué se suicidan tantos hombres jóvenes en España? ¿Esto no interesa a nadie?. En Baleares 2017, 62 muertos en accidentes de tráfico. En espera de nuevos datos, en 2016 hubo 92 suicidios consumados, casi el doble. Son cifras que sobrecogen. Sobre el tráfico, también en Ibiza han repuntado de forma muy alarmante.
DOS: La nueva Ley de Turismo de Govern Balear ya tiene consecuencias visibles. Numerosos propietarios de pisos en el centro histórico de Palma los ponen a la venta y en general los compran alemanes y otros extranjeros. De modo que ahora sí que la hacienda española no va rascar ni un euro y se seguirán alquilando igualmente a turistas.
TRES: Me encanta la bici y veo que el Consell ha decidido que Ibiza es la Amsterdam del Mediterráneo. Otra simpleza podemita. Poner cientos de bicis en las carreteras solo multiplicará la estadística de muertos que he puesto al principio. Amsterdam, como toda Holanda es terreno llano y accesible a cualquier ciclista. Ibiza es un rompepiernas. La circulación urbana es muy diferente a la que puede ofrecer Ibiza, donde además un porcentaje altísimo de conductores no ofrecen garantía de supervivencia.
Quizás es que no cabemos todos en una isla donde se acumulan 420.000 almas. Lo cierto es que yo no emprendería grandes obras, por mucho que le encante al PSOE, ya nos imaginamos porqué. Mala idea.