miércoles, marzo 01, 2017

Otra tasa... por circular


No hay tontería ni locura que nos sorprenda y esto es muy mala señal. Significa que hemos extraviado el manual de instrucciones y que las referencias de nuestro campo semántico se han abandonado al caos. Lo digo en torno a la sugerencia de la consellera Pepa Marí para introducir un nuevo impuesto a los coches que circulen por la isla. Éramos pocos y parió la abuela.
No se entiende muy bien que lance al aire el proyecto si ni siquiera tiene la menor idea de cómo concretarlo. Y el periodista le sigue la corriente. Bueno. Entiendo la buena fe de Pepa y de todos los miembros del Consell, y como tal merecen un respeto. Pero políticamente navegan a la deriva, juegan al engaño (esto de los globos sonda) y están causando unos derroches escalofriantes. Mejor sería que estuvieran callados, cobraran a fin de mes y que se enfrentaran a problemas incómodos que merecen atención apremiante, por malolientes que resulten.
En España ya existe el impuesto de circulación, sumado a otros muchos que gravan el automóvil y el carburante. Un coche es un gasto fastuoso, pues se paga por comprarlo, mantenerlo, aparcarlo y por circular. Solo nos faltaba esta tasa que Pepa Marí llama «euroviñeta» y que no dudo que pueda funcionar muy bien en las sinuosos carreteras de montaña de Austria.
En Ibiza, crispará aún más la vida diaria de los pitiusos y de los residentes, que ya no llegan a final de mes ni de cerca. Pepa se suma así a los actores que han conseguido hacer de Ibiza un sitio inhabitable, invivible, y la prueba es que se están largando cada año y a miles los residentes alemanes, franceses y británicos. En Ibiza no hay quien viva ni quien pueda pagarlo. Una familia que lleva veinte o treinta años no se marcha por puro capricho. Es que no pueden afrontarlo.
Sabe bien la consejera que no se puede gravar dos veces el mismo concepto, ni se puede funcionar con un doble precio (para residentes y para turistas). No hace mucho, el tranvía de Sóller ha sido denunciado por esto mismo.
Pero hay algo que sí podrían estudiar los ayuntamientos y Consells de Baleares: que no puedan circular en actividad comercial los automóviles cuyo impuesto de circulación sea efectuado en algún ayuntamiento de la Península. Es imposible prohibirles la circulación, pero sí que se alquilen en oficinas, talleres y calles de la isla. Si recaudan su beneficio en Ibiza, que dejen sus impuestos para que los ayuntamientos locales puedan hacer frente al gasto.
De todas formas, querida Pepa y otros desesperados por la avalancha turística, el problema es que viene demasiada gente, sí demasiada. El doble que Menorca. Y si no me equivoco, antes de dos o tres años el tema se resolverá por sí solo: solo vendrán los desesperados por la droga y la disco. Aquí no quedará nadie. Ya vamos en camino.

martes, febrero 28, 2017

La peligrosa euforia de Ibiza

                
Las 7.500 jaimas de Aaiún quedaron destrozadas y los saharauis masacrados: Aquí empezó el gran éxito del turismo de Ibiza

En el año 2007 las Pitiusas se sumergieron en una crisis histórica que derivó en una fase depresiva que duraría hasta 2011 al menos. A finales de 2010 los saharauis iniciaron las revueltas de El Aaiún y casi de inmediato la rebelión de Túnez. Las primaveras árabes rompieron moldes y expectativas en una oleada de ciego optimismo en los países occidentales. Quieren democracia, decíamos ingenuamente, quienes en aquel momento ignorábamos que la mano negra y el dinero de Soros estaba rompiendo el statu quo mediterráneo con fines muy oscuros.
A la vista están los resultados, pero para Ibiza significó una bendición. Todos aquellos millones de turistas que solían veranear en los países ribereños salían en estampida y no tuvieron más remedio que recuperar el socorrido recurso de las Baleares y las costas españolas.
Estamos ante un fenómeno artificial, basado en razones externas y coactivas, pero ¡qué más da! El turismo regresaba al Archipiélago, tras una larga fase de abstinencia. Así llevamos casi siete años, lo cual nos nos ha rebotado el ánimo. De aquella depresión hemos pasado a la fase eufórica maníaca. Los hoteles rebosan, las casas de campo y los apartamentos no dan abasto.
Quien ha querido deshacerse del negocio lo ha tenido fácil y bien remunerado al subirse a la curva ascendente de la economía local, como la venta del Pachá al fondo Trilantic, y la de otros muchos hoteles y discotecas que suelen cambiar de manos cada par de años.
También el común de los mortales pide licencias y emprende reformas y obras nuevas. Aumenta un 65% los visados para vivienda. Se rescatan antiguos megaproyectos. Todos quieren apuntarse al carro ganador.
Pero recuerden: Ibiza, Baleares, son una gran burbuja que estallará.

sábado, febrero 25, 2017

Picaresca británica


Aunque el término picaresca tiene profundo arraigo en la literatura española, por tanto en la vida misma, la actividad turística está confirmando algo que ya sabíamos de décadas: el turista británico se las sabe todas. Y si no las sabe, las aprende rápido. Todos recordamos la obsesiva manía de denunciar el robo de la cámara ante la Guardia Civil. Con aquel resguardo, a su regreso al Reino Unido se hacían con un buen pellizco de libras, fuera verídica o falsa la denuncia presentada en el cuartelillo de Ibiza.
Las aseguradoras debieron dar con una feliz solución, porque con el tiempo las denuncias disminuyeron. Ahora tienen la opción del móvil pues abundan los de 600 euros, incluso más, pero me temo que las aseguradoras no se chupan el dedo y es tal la cantidad que te piden por un contrato anti-robo que ya no debe compensar la farsa.
En todo caso, el turismo es terreno fácilmente abonado para el timo. Ya les hablé hace al menos un año sobre el último detectado: el turista denuncia que ha sido intoxicado por la comida del bufet del hotel o cualquier otra contingencia difícil de controlar; ya en su país se pone en contacto con cualquier gabinete de abogados, de hecho sobran, ya que han proliferado como setas, dado el alcance y la facilidad de dar el pego.

El alcance de estas denuncias han costado millones a los hoteleros de Benidorm y de Baleares. El operador turístico indemniza al cliente falsamente enfermado en España y en la siguiente temporada el hotel reintegra el dinero al operador. En todo esto, el hotelero no tiene voz ni voto. Solo puede pagar y tragar.
Observo que en Mallorca se encuentran agobiados y asustados por el alcance que ha tomado el problema. Lo cual me extraña, conociendo la eficacia de la asociación de hoteleros, que bien podría obligar al operador a desechar estas cláusulas abusivas o que pague las indemnizaciones. Que lo haga uno solo o quince no tendría eficacia, pero caramba, que son cientos y ya son mayorcitos.
El plan actual de hacer un seguimiento a los millones de turistas para revisar sus toallas, por si hay sangre o vómitos o de controlar sus movimientos para saber si no han enfermado, se me antoja empeño irrealizable. El hotelero no tiene por qué hacer de policía ni tiene por qué sobrecargar de trabajo a sus camareras de habitación.

miércoles, febrero 22, 2017

Un festival de insultantes derroches

Lamento insistir, pero no puedes abrir un periódico balear donde no te topes con una desesperante lista de proyectos disparatados, de altísimo coste y nula rentabilidad social. O sea, chorradas que nos siguen hundiendo en la miseria, porque hay que recordarlo una vez más: estamos quebrados, debemos muchísimo más de lo que producimos y de no ser por la avalancha salvadora del turismo, ya haría años que las Baleares y España entera estarían intervenidos y en las garras de los cuervos del FMI.
¿Qué gana la sociedad con el cambio de nombre de un paseo? Pudiera darse un caso perentorio o de imprevisible alcance, pero no se me ocurre ninguno. La sociedad no votó mayoritariamente al Pacto, sino al PP, pero los partidos perdedores pactaron entre sí, encantados de haberse conocido, por mucho que se lanzaran las paelleras a la cabeza desde el minuto uno. De modo que nos preside una señora que apenas sacó un 19% de los votos. Y así nos va a todas las Baleares. En Ibiza parecen menos agresivos, sin olvidar sus numerosas meteduras de pata que nos han costado mucho dinero tirado a la papelera. No vamos a olvidarlas, porque al menos han puesto en evidencia delante de todo el mundo el alcance cósmico de su ineptitud. Bien pudieron haber hecho sus experimentos asamblearios pueriles con su propio dinero, pero mira, es lo que hay. Incluso ellos mismos se han asustado de sus propias iniciativas y Vicent Torres ha renunciado al tranvía del puerto al aeropuerto.
Pero en Mallorca lo viven peor. No solo es su estrambótica política de rendición ante Cataluña (su referente) y ante el catalanismo y la ingeniería social. También se las dan de ocurrentes. Y así el Consell de Mallorca, que por cierto no sirve para nada y debiera de suprimirse, propone cambiar de nombre al aeropuerto de Son San Juan o aeropuerto de Palma de Mallorca por el de Ramon Llull, que como sabemos era un pensador medieval que iba mucho en avión o al menos volaba alto.
Muy bien, solo que los especialistas han hecho los primeros números y la broma saldría por medio millón de euros. Mientras se van aplazando obras de imprescindible y alarmante urgencia estos políticos enloquecidos quieren desparramar 500.000 euros en un superficial capricho, además poco afortunado.
Por supuesto saldría muy caro a agencias, aviones, compañías y particulares que tienen su marketing, sus rótulos, impresos y material de oficina o de ventas ya a mano. Un gasto muy superior que debería sumarse al medio millón. En fin, otro ejemplo de como esta ristra de políticos impresentables no sabe solucionar los problemas reales y para ello necesita inventarse paridas para salir en la prensa, perder el tiempo y hacerlo perder a los demás.

sábado, febrero 18, 2017

Polémicas previsibles

Inventarse polémicas invernales es un buen sistema para pasar los días fríos y lluviosos, pero en general son muy limitadas y previsibles, cuando no abiertamente aburridas. En las últimas semanas hemos visto a la podemita portavoz de Podemos en el Parlament pidiendo una reducción de turistas no solo en verano. También en invierno. El tema se complicó cuando entró en un debate en Twitter: «No queremos más turistas en Baleares en invierno, porque los trabajadores, después de ocho meses de trabajo, están reventados». (Laura Camargo).
Pues que descansen y contraten a otros. Es lo primero que se le ocurre a cualquiera. ¿Estás cansado? Descansa. Asunto arreglado. Pero no es tan sencillo, porque esa podemita demuestra una ignorancia preocupante, casi a la par del odio a los hoteleros del oscuro Jarabo. El tema del turismo es esencial en nuestra economía, por esto hurgan en la herida cada vez que pueden. El problema es que gobiernan, manejan mucho dinero. Ya sabemos que poco a nada solucionarán, pero lo que se dice estropear, pueden estropear muchas cosas.
Por supuesto, pocas empresas turísticas existen en las Pitiusas que tengan abierto ocho meses. No hay turistas. Suponiendo que los hubiera, es probable que encontrasen camareras de piso entre las miles de mujeres paradas en las islas. Lo dije el primer día del tercer Pacto de Perdedores: que Dios en su infinita misericordia nos coja confesados.

Otro tema invernal ha sido el poco disimulado acoso a Vara de Rey. Nos guste o nos disguste, el nombre acompañó al paseo desde el primer día. Que haya alamedas o no las haya, depende de la época y del humor del alcalde de turno, es algo circunstancial. Se ha llamado Paseo de Vara de Rey desde el primer día en 1904 cuando lo inauguró el Rey Alfonso XIII (y su vara), por lo tanto es el nombre tradicional. No lo sé, pero quizás sea el único nombre así en todo el planeta. Y esto es sustancial.
Y en estas llega el IEE, que es una institución privada catalanista y catalanizadora siempre que se pueda y le hagan caso. Sugiere el nombre de S'Alamera, que es el tradicional, dicen. Pues no, es el espacio más tradicional y famoso de la isla, con una estatua del catalán Alentorn, asentada sobre piedras de Montjuic, que nos cobraron una a una. Se levantó por suscripción popular y costó 57.500 pesetas. No lo dicen, pero si se adoptara el nombre de S'Alamera, al cabo de unos meses los mismos del IEE «sugerirían» desmantelar la estatua. Probablemente.
El nombre más famoso y conocido, más tradicional y respetado es Paseo Vara de Rey, exactamente desde hace ciento trece años. El señor Ruiz lleva dos años de alcalde; el señor Vara de Rey lleva 113 nombrando el paseo central de Ibiza.