domingo, septiembre 24, 2017

Hay noticias, quizá excelentes

Ya en tiempo de descuento, una semana que puede servirnos para cavilar e intentar sacar algunas ideas que puedan servir para la temporada 2018. Así que vamos allá.
Arabia dispone de paisajes impresionante en el Mar Rojo y va a explotarlos en varios ressorts de lujo
¿Recuerda alguien que yo he escrito -repetidas veces- en estas notas fenicias que es muy probable que el turismo empiece a esponjarse a partir del 2020? Dicho de otra manera, si tenemos fortuna, es muy posible que cese este maratón de récords acumulados, que nos están reventando las islas y afectando ya profundamente a nuestra convivencia.
Dispongo de varias informaciones, por lo demás al alcance de todo aquel que quiera asociarlas y sacar conclusiones. Nada del otro mundo. Una ya la sugerí: Arabia Saudí está efectuando cambios de calado dentro de sus propias estructuras de poder. Una de las consecuencias es que van a apostar muy en serio por el turismo de gran lujo. Espero poder explicar el tema en profundidad. ¿Qué creen que estaba haciendo por aquí el príncipe saudí con su cohorte de espías, profesionales y asesores? No solo de call girls vive el árabe.
Arabia Saudí encabeza una gran alianza de países y emiratos árabes contra Irán, lo cual le ha costado un gravísimo enfrentamiento con Catar y la persistencia de la guerra en Yemen. Otra consecuencia de todo ello es una aproximación a la tecnología israelí que ya han explicado ambos frentes. Si Arabia e Israel acercan sus fuerzas, puede significar ni más ni menos que los mercados de Egipto (también unido a Arabia, controlando a los palestinos díscolos), Turquía y Jordania podrán reabrir con garantías sus potentes plantas hoteleras. Justo lo que necesitan los operadores turísticos alemanes, que se la tiene jurada a Baleares.
Huelga recordar que Egipto, Turquía, Jordania forman un mercado que absorbe millones de turistas que dejarían de viajar a España. Sin contar que Marruecos se tranquilizaría, Túnez resucitaría (dejemos a Libia y Argelia al margen de momento).
El empresario agradecería esta tregua y el Govern balear dispondría de un tiempo razonable para emprender las improrrogables obras públicas de envergadura que ayudarían a consolidar nuestro mercado.

sábado, septiembre 23, 2017

Ya no es el último paraíso

Foto gentileza de Ximateix. Como decía Juan Ramón de la Cruz, Formentera es una isla que cómo mejor se ve es desde si misma
Si un paraíso deja de ser accesible por algún motivo, ya no puede calificarse de tal. Quienes hemos conocido Formentera cuando era uno de los sitios más aislados, más pobres y más acogedores de España somos unos privilegiados. Lo era en aquellos primeros años 70, cuando agrupaba una colonia de artistas que ansiaban esa lejanía protectora, una legión de hippies que venían rebotados desde Estados Unidos y algunos desde Londres o París.
Pero Formentera tampoco se ha salvado. ¿Por qué tendría que hacerlo si ha calcado las mismas aberraciones que Ibiza, Mallorca y la costa peninsular? Aguantó el tirón hasta que España entró en la Comunidad Europea. Y fue rematada cuando ingresamos en el euro. Estas brutales riadas de vehículos llegados desde Denia o Valencia han culminado la obra y es normal que una isla de apenas 80 km2 haya visto su equilibrio seriamente afectado. Este mismo final de temporada ha confirmado lo mismo que en Ibiza: nos estamos equivocando.
Jugar con los precios tiene sus riesgos y cuando se pierde la moderación en relación al contexto circundante uno se acerca mucho al suicidio. En pleno mes de junio los hoteleros de Ibiza corrigieron la lista de precios. Lo mismo que en Mallorca. Pero el estigma ya ha llegado al corazón del consumidor y tampoco nos han ayudado estos reportajes televisivos o en la prensa británica y alemana donde se cuenta con pelos y señales la hoja de ruta desquiciada de las Baleares.
Como ‘El último paraíso’ bauticé yo a Formentera hace muchos años en el semanario que editaba Bartolo Ferrer, dirigida por Carmelo Convalía y Lorenzo Vidal. Y entonces aún lo era. ¿Lo sigue siendo hoy?

miércoles, septiembre 20, 2017

Jugar con fuego



Podemos jugar con fuego, pero tiene sus riegos y los conocemos, porque Baleares ya es un mercado maduro y muy experimentado en el turismo. Hemos pasado por la árida travesía del desierto y muchos empresarios dejaron la piel y parte de su patrimonio en el envite. Pero es que ahora están abusando de los últimos seis años de bonanza y de récords acumulados. 

Hasta la temporada 2011 pasamos una época de al menos cuatro años muy duros. Y hay que recordarlo. Desde entonces, a medida que se iban extendiendo por el Mediterráneo las “primaveras árabes” (experimentos fallidos y peligrosos, que ahora sabemos alentados cuando no financiados por Soros y gente de parecida calaña) iban aumentando las llegadas a nuestros aeropuertos. 
Por mi experiencia saharahui, siempre recuerdo que fue en los campamentos de El Aaiún, diciembre de 2010, cuando se iniciaron los incidentes violentos. Y siguió Túnez. A partir de ahí, los hoteles baleáricos empezaron a llenarse a un ritmo sospechoso, al tiempo que saltaba por los aires el statu quo del mundo árabe. 

Muchos ilusos creyeron que llegaba la democracia árabe. Desde luego no conocen el Islam, su ley islámica, Sharia, con un profundo odio enraizado hacia las libertades liberales de la Unión Europea. Pero nadie se preocupó: Se estaba ganando dinero a punta pala. 
Siete años después, el mercado nos ha dado varios avisos inequívocos. Los atentados de Túnez ya nos debieran haber alarmado. Necesitábamos el de las Ramblas para aprender la lección. 
En el plano doméstico, los planes de ocupación hotelera y de viviendas turísticas tampoco cumplieron las expectativas. Pero la iniciativa privada reaccionó bajando precios. Quienes no se han enterado son los irresponsables del Govern Balear. Aún no.

@MarianoPlanells

Periódico de Ibiza

domingo, septiembre 17, 2017

Turismo descontento



Claro que la subida de la ecotasa afectará al número de turistas de 2018, pero imagino que al Pacto de Progreso no le preocupa en exceso, porque supone -y hace bien- que no revalidará su derrota coaligada en un pacto de perdedores. Que no gobernará los próximos cuatro años, vamos. Le ha ocurrido cada vez que ha gobernado: ha dejado las islas desvencijadas y las arcas de la comunidad endeudadas. Esto último quizás venga atenuado por la ley Montoro, que les obliga a moderar ciertas partidas.
Y como rebote, viene un PP desarrollista que tampoco aprende de sus errores descomunales y lanza leyes y reglamentos que reactivan la economía, pero a un desorbitado coste en recursos.
Tampoco podemos saber cuánto afectará una subida duplicada de la tasa. Por la misma razón ni siquiera podemos calibrar cuántos han dejado de venir en 2017. Simplemente las estadísticas no nos sirven para sacar conclusiones, desde el mismo momento en que tenemos una abundante avalancha de turistas prestados del resto del Mediterráneo Oriental. Los políticos disponen de algunas encuestas, pero no sirven para nada si no se analiza el sesgo mencionado.
Para la minoría superdotada económicamente la ecotasa no tendrá incidencia, pero los empresarios de las islas, por tanto los trabajadores, no viven de unos miles de derrochadores cargados de testosterona. La tendrá para la gran mayoría de turistas de clase media.
Si se van sumando factores, Ibiza y Formentera están en peligro grave, no solo por su masificación (el éxito masivo es nuestro enemigo), que aflora todas nuestras carencias y contradicciones, sino también por unos precios fuera de toda lógica. No es la insularidad, es el abuso puro y simple. La situación es propicia para la actividad de bastantes piratas, que dan el golpe, agarran la pasta y huyen a finales de verano. El intrusismo es muy dañino, casi tanto como estas claustrofóbicas instalaciones del todo incluido, una actividad desprestigiada que solo aporta problemas.
Bajo este panorama, el mismo mercado se ha protegido en un acto reflejo de manual: Nos han abandonado. Y la tendencia se pronunciará.

sábado, septiembre 16, 2017

Contención no es supresión

Olivo de Ibiza. Foto Juan Pérez Escribano
Se ha dado como una gran noticia y quizás lo sea: La Unión Europea acepta la aplicación del plan contra la Xylella Fastidiosa que propone Baleares, o sea, en vez de arrancar todos los árboles en un radio de cien metros a la redonda, solo se tendrá que sacrificar el enfermo, permitiendo así que vivan los frutales vecinos.
Pero si analizamos esta decisión a la luz de lo que se conoce sobre la bacteria que causa el “sida de los árboles” uno no queda demasiado tranquilo. En Italia, aunque la bacteria no es exactamente la misma, se han arrancado frutales a millones. Tanto en Córcega cuanto en el Continente. El panorama es desolador y la epidemia está lejos de estar controlada, o al menos no se sabe, debido a sus características de enfermedad silente, agazapada, que corroe las entrañas vivas del árbol.
El hecho de que no debamos cortar nosotros los árboles adycentes al infectado no garantiza absolutamente nada.
De manera que estamos ante un panorama peliagudo: Si la decisión es correcta, nos habremos ahorrado el sacrificio de miles de frutales, pero si no es eficaz, habremos sacrificado la misma cantidad, además de los infectados por el camino. Y habremos perdido un tiempo precioso, mucho capital y cualquier seguridad de salir de la pandemia en un plazo de tiempo razonable.
Cabe la posibilidad de que los biólogos aprovechen este intérvalo de tiempo como una tregua ficticia para intentar hallar el antídoto o antibiótico específico que frene o liquide a esa bacteria. No conozco en que nivel y en que estado se encuentran las investigaciones, pero no dudo que sea un reto apasionante. ¿Y el triunfalismo del Pacto? Pura estrategia política.