miércoles, enero 03, 2007



Monos contra monos (Notas de un fenicio)


A veces la mejor cuña es de la propia y misma madera. O hay que dejar que el orden natural de las cosas se reconstruya a sí mismo.
Por eso los mieleros o apicultores prefieren que se ataque a la procesionaria mediante recursos biológicos (bacterias) en vez de agresivas medidas químicas que pueden esterilizar a las abejitas y de paso hacer daño a muchos pájaros y a otras especies.
Leo una noticia chocante y que hace cierta gracia. En Delhi (India) están sufriendo las molestias y las pérdidas causadas por la proliferación de ágiles y diminutos macacos (rhesus macaques), titís, que son tan intocables como las mismísimas vacas. Estos monitos brincan con extraordinaria facilidad, suben y bajan por cables y esquinas, se pasean por las terrazas y cuando ven la más mínima grieta o resquicio, penetran en las casas, se sirven de todo aquello que encuentran , saben abrir armarios y conocen los escondrijos donde pueda guardarse comida.
Nadie puede molestarles porque son la representación de un dios. Los quince millones de habitantes de la ciudad saben que los monos ya eran mencionados en el libro escrito en sánscrito Ramayana, en donde el dios-mono Hanuman simboliza la sabiduría.
Son tantos y tan enojosos que el gobierno municipal ha decidido cazarlos sin agredirlos ni exterminarlos. Los guardan en cajas y tienen previstas varias excursiones para dispersarlos por diferentes zonas naturales de la India.
En cualquier caso, el protocolo defensivo es muy lento y por ello poco eficaz. Los habitantes más adinerados han decidido hacer lo que algunos pubs y locales de ocio nocturno de Ibiza para defenderse de las gamberradas de los hooligans: Fichar a un hooligan todavía más fuerte y más gamberro que el cliente peleón.
Es un primate que puede pesar veinte kilos y está especialmente entrenado para aterrorizar a los diminutos y molestos titís: son los langures y se han ganado una merecida fama de cabroncetes. Se asientan en la ventana o en el jardín a la espera de los macacos, pero éstos a su vez ya han aprendido que no deben entrar en la zona de influencia de los langures.
Los gamberrillos tienen donde elegir y si no pueden entrar en una finca cuidada y vigilada, saltan al andén del tren, entran en los vagones o esperan su oportunidad para hacerse con una hogaza de pan al menor descuido.
Residentes y hooligans han aprendido a convivir, al menos durante medio año que dura la temporada.
Pero el problema comienza cuando se rompe el equilibrio y se deja que el hooligan se haga dueño de la noche, de la mañana, de la discoteca y de las carreteras durante el día.
Y tampoco es gran negocio capturar a los hooligans y dispersarlos por las otras zonas turísticas del Mediterráneo, si en Ibiza están mejor que en su propia casa.

Publicado en Diario de Ibiza, 3 de enero de 2007