domingo, julio 06, 2008

Tiempos de tintoreras

Esta joven tintorera (Triaenodon obesus) descansa en los fondos, pero tiene que nadar sin cesar. Gracias al blog Verde Profundo.



«Pero no atacan a los humanos», acaba
el reportaje del Diario, que narra la
animada aventura de una tintorera en las
aguas poco profundas de las playas y las
calas de Comte o Conta (como decíamos
antes).
Sí, atacan a las humanos y no son cosa
de broma, aunque yo no sé si es preferible
esquivar a las morenas y a los congrios.
En cualquier caso mejor es equivocarlos.
No encontrarse con ellos, pues son
muy nerviosos, o lo parecen, porque si
cesaran de moverse, se hundirían y se asfixiarían.
La razón es que no tienen vejiga
natatoria que les permita estabilizarse:
tiene que moverse sin parar, lo cual explicaría
estas dos enormes aletas pectorales,
realmente desproporcionadas y que
destacan en un hocico tan puntiaguado.
La tintorera es nuestro tiburón por excelencia,
aunque en aguas de Ibiza hay de
otras clases, como ya dijimos cuando hablamos
del jaquetón o tiburón blanco.
El terrible tiburón blanco puede despedazar
a un bañista en cuestión de segundos
y hay numerosos encuentros desgraciados
constatados.
Pero los peligros no son especialmente
remarcables. Es difícil encontrarse con
un jaquetón, del que el archiduque Luis
Salvador de Austria estaba especialmente
prendado.
El tiburón azul, Azulejo, sí que se acerca
a las costas y además lo hace con mucha
frecuencia, sobre todo por la noche,
siguiendo presas esquivas. No es un escualo
tímido ni se esconde especialmente.
Es peligroso.
No es probable que el tiburón azul que
obligó en mayo a cerrar Cala Conta durante
unas horas estuviera herido (en tal
caso es muy peligroso y puede devolver
el ataque, causando como mínimo daños
traumatológicos de rigor). Lo más seguro
es que estuviera persiguiendo un banco
de peces pequeños: son uno de sus
manjares y no cesa fácilmente en su orgía.
También le gustan los cefalópodos.
De manera que no hay motivo de alarma,
pero tampoco es recomendable hostigarle.
Ya lo saben los pescadores que lo
han visto en aguas de es Vedrà, en la Conejera
y otras zonas profundas de San
Miguel.
Con las tintoreras mejor abstenerse:
dejarlas tranquilas.


A Mariano Digital