sábado, diciembre 24, 2011

Ruido de excavadoras

Puerto deportivo de Benalmádena




Una mayoría de electores ibicencos se decantaron claramente por el PP en mayo de este año, para deshacerse de la gestión muy negativa del socialismo y del nacionalismo, electores probablemente confiados en que el Partido Popular de hoy está desligado de las presiones caciquiles que tanto han dañado el presente y el futuro de la isla, al practicar una política brutal de consumo de recursos naturales. Pero no todo son buenas noticias en las proximidades del poder omnímodo del PP. Todos conocemos las nefastas carencias, diseño caprichoso y fallos estructurales de las autopistas, que todavía debemos en su casi totalidad y nos quedan muchos años por pagar.

Y todos recordamos los proyectos que se abordaron y abortaron en la línea de costa en diversos puntos de Ibiza. Proyectos que en su día pusieron los pelos de punta incluso a numerosos votantes fijos del PP. Existe una nueva generación de militantes y de simpatizantes que no ven con buenos ojos el destrozo de Ibiza y de Formentera, con tal de favorecer a una o a dos familias, las mismas de siempre.

Jóvenes y preparados, saben que la ecología en las Pitiusas no es una pose o una postura impostada por exigencias ideológicas: la visión ecologista de la vida es una imprescindible toma de posición en gente que está informada, que sabe cómo eran nuestras islitas hace 40 años y que ahora ven con alarma en qué las han convertido, y en lo que siguen pretendiendo convertirlas.

Yo pensaba  -y todavía pienso, no desespero-  que el Partido Popular de Pepe Sala, de Vicente Serra, de otros muchos, había aprendido la lección de las autopistas, de antiguos proyectos de puertos deportivos que barrían la costa dentro de las aguas y por tierra, en los alrededores.

Una nueva generación de ibicencos y de formenterenses encuentra injusto y suicida que las izquierdas y los catalanistas (que en general son más de derechas y más reaccionarios que el propio PP) se hayan apropiado del término ´ecología´ y de la actividad ecológica, como movilizador potentísimo del descontento de la sociedad.

Y sin embargo se oye ruido de sables, perdón, de retroexcavadoras en los aledaños del Consell Insular, en el ayuntamiento de San José y en algunas oficinas que mantienen una actividad subterránea que echan humo por la ventana.

La tibieza de Vicente Serra a preguntas de un redactor del DI hace temer lo peor. Unas palabras de Mariano Juan unos meses atrás van por el mismo camino. Al tiempo que mantienen una falacia como coartada: la construcción de puertos deportivos y campos de golf ayudará a rebajar el desempleo. El desempleo de los maquinistas y trabajadores que vinieran de la Península. Véase el empleo que han creado las autopistas. ¿Dónde están los puestos de empleo de los actuales puertos deportivos, con casi cinco mil amarres?

Me gustaría seguir confiando en la sensatez del PP de 2012. El actual PP no tiene ningún motivo para seguir allanando el camino a los que están usando un partido en beneficio de sus obras colosales y muy destructivas. A los Reyes Magos les pido que el PP reflexione y se movilice desde el propio partido si se pretende alguna cacicada contra el conjunto de los ibicencos.