sábado, noviembre 17, 2012

Se desploma el catalán, pero el ruso se dispara


Ibiza y Formentera han de quedar al margen de las destructivas furias incendiarias catalanistas. Nosotros somos otra cosa y bien distinta. Somos fenicios. Foto quemando la bandera de la Unión Europea, después de haber quemado la española. Cuanto más lejos mejor de esa gente.

El aprendizaje del catalán se está desplomando en las escuela de idiomas de Palma, imagino que tras la aprobación de la reforma de la Ley de Función Pública y hasta me parece normal y sano. Que lo aprenda quien lo necesite o a quien le guste conocer el idioma, pero cada vez se hace más odiosa esta pulsión política de cambiar las necesidades y utilidades de la sociedad por una peligrosa ingeniería social que no conduce a ninguna parte, salvo a la dilapidación de recursos y en último caso a un totalitarismo político.
Por contra, la demanda de plazas para aprender ruso se han disparado, literalmente. Por algo será. Estos datos tendrían que hacer pensar a los testarudos mandarines del catalanismo: es inútil dilapidar recursos económicos e intelectuales en empresas que nadie demanda, aunque no admitirán estar equivocados, entre otras razones porque tendrían que explicar por que se han preparado a estos miles de licenciados en filología catalana. Es inexplicable si no es a la luz de una gran operación de pancatalanizar las islas. ¿No es obvio?
Conozco los manidos tópicos sentimentaloides, el disco rayado del recurso de la identidad y otras consignas que han dañado seriamente a dos generaciones de baleáricos y probablemente de catalanes. Allá ellos. Yo no compro esta mercancía, procuro no perder ni un minuto más de la cuenta en sus asuntos ni entro en polémicas vacías y obsesivas que sólo sirven para perder y hacer perder el tiempo.
Aconsejo a mis amigos que tengan hijos en edad de estudios que tomen buena nota del gran fracaso del catalanismo y usen sus recursos en estudios más provechosos, siempre con amplias miras, incluso geográficas. Un fracaso que se hará sangrante y muy penoso de aquí a los próximos años.
Pero ya se sabe aquello: caer en un error no es grave, lo grave es permanecer inmerso en él sin tomar medidas de rectificación. Siempre se está a tiempo de rectificar. O no.
Fíjense que de pronto, en los últimos años, ha entrado una prisa y unas ganas locas por estudiar idiomas. En términos generales, el chino, el alemán y el ruso son muy demandados en toda toda España. Me gustaría pensar que ello es debido a una toma de conciencia global: tenemos que abrirnos, trabajar fuera, aprender en distintos frentes y con varios idiomas. Pero me temo que este aumento de peticiones de matriculaciones en las escuelas de idiomas es debido, dicho con toda llaneza, a que en España no hay trabajo ni lo habrá en mucho tiempo y los jóvenes españoles más inquietos y más valientes quieren salir a trabajar fuera. Así de simple, así de crudo.
No debe extrañarnos que releguen el catalán en pro del ruso por ejemplo, y ya hablo de Baleares.
En la Escuela de Idiomas de Palma han visto asombrados pasar de 86 demandas de plazas en 2011 a 334, un aumento del 288%. El ruso llevaba diez años sin apenas despertar interés, pero ay, las visitas de turistas rusos ha levantado la liebre; el chino sigue boyante, el árabe a la baja y el catalán ha sufrido un auténtico desplome.
Aunque en Ibiza todavía no ha incidido con plenitud la llegada del turismo ruso. Pero ojo, está ahí, es potente y gasta mucho. Habrá que amortizar el puerto ¿no?