sábado, abril 14, 2012

Aliento de primavera



Si hemos llegado hasta aquí, no podemos desfallecer. Caer está bien, pero decaer es una vulgaridad. Se cae, se levanta uno diciendo: «bah, ya he descansado bastante» y sigue con sus cosas banales como si tal cosa. Levantará gran admiración en la concurrencia.

Pero en la decadencia hay un morbo mortecino que ya lleva la condena en la misma definición. Por lo tanto, nada de esto. Tendremos que coger aliento, un aliento de primavera, que ha de ser prudente si no se quiere alimentar el asma producido por las alergias. Depresiones, pocas y lejos.

¿Cómo ves Ibiza ahora? Me pregunta alguien amigo desde Chile. Bueno, yo la veo alentable, contenta, imaginativa, aunque un poco preocupada. Ibiza es una isla donde se compran muchos coches, no sé si es debido a nuestra exuberante riqueza –según las estadísticas nos rezuman los billetes de 200 euros por las orejas– o a que vivimos muy dispersos. 

Como ser valemos, como entes somos, pero como comunidad somos bastante poco eficientes: nos desperdigamos, quizás sabiendo que nuestros límites físicos (no me refiero al precio de los billetes de avión) nos contienen en el mapa.

Es por esto mismo que los fenicios somos de zancada corta. Las grandes zancadas se las reservamos a los íberos y a los carolingios catalanes, que ellos tienen grandes distancias por cubrir y por descubrir. 

Abril pasando ya y estamos divisando mayo. Me relajo leyendo las noticias tan creativas del Diario, como esta que nos viene de la catedral (¿ya existen unos mingitorios cercanos donde aliviarse los prostáticos o seguimos meando a la buena de Dios?) donde se buscan patrocinadores para restaurar los grandes retablos de San José y de San Antonio. 

Voy a contener mi tono, al imaginarme al anunciante patrocinador a los pies del santo, junto al cerdito. Buena idea. Que Dios también trabaja en las cocinas y entre pucheros. Y escribe con renglones torcidos y con letra de médica.

Erik el Belga llama la atención por su faceta de falsificador. Elmyr ocupó mucho lugar en el espacio pitiuso y aquí jamás cupo otro copista; Erik lo sabía y se centró en Málaga, que es otra Ibiza pero con una delincuencia más artillada. En realidad Erik se centró en Málaga porque tenía (¿tiene?) más espacio donde comprar obras de arte y patrimonio a estos curas de posguerra que se hicieron de oro desvalijando las iglesias, conventos y ermitas. 

Mucho dinero procedente de sus cambalaches fue a parar al Vaticano, explica Erik en una entrevista (Diario, 26-III-12, página. 24). Puede ser, todo puede ser. Así es la vida, así lleva siendo desde hace miles de años: el mismo que te ha incitado a robar después tiene la grandeza de concederte la gracia del perdón. Pobre España, un país tan robado, tan expoliado, tan masacrado desde tiempos fenicios... y todavía tiene energía para dar algún deportista de élite. Me maravillo.

Me gusta también la idea de la Federación de Cofradías de Pescadores para implantar el pescaturismo. Si esperan pescar alguna subvención, seguro que sí, pero a la hora de cobrar, seguro que no.

Y acabo con uno de los misterios más inextricables de los últimos dos siglos: Vila solo tiene 18 taxis más que en 1976, pese al aumento astronómico de la población.