jueves, agosto 19, 2010

El atún rojo en peligro de desaparición


Al atún rojo no le quedan muchas opciones de supervivencia. Los especialistas ya consideran la guerra perdida si se sigue pescando a este ritmo y si se siguen enjaulando para el engorde, lo cual priva al mar de los imprescindibles procreadores mínimos.
«El sushi de los cojones», dice el escritor Pérez-Reverte, que es un marinero asiduo en esta zona de cruce y procreación de los atunes al sur de Ibiza y de Formentera. El sushi y el sahimi, el voraz mercado japonés, pagan entre seis y doce mil euros por pieza, sumas tan convincentes que hacen imposible el control de incursiones en las áreas reservadas y la pesca intensiva donde se precie.
Incluso si sólo se pescaran las 13.500 toneladas autorizadas, el túnido seguiría expuesto a esta agonía que conducirá al colapso. En la cumbre de Marruecos se perdieron todas las oportunidades de recuperar los bancos de peces, pero en la reciente de Qatar se ha certificado la muerte.
A los investigadores y biólogos no les gusta emplear la palabra extinción, pero técnicamente se llega a tal grado de extracción que la mecánica de reposición se quiebra y la especie ya no recupera su ritmo normal. La cadena trófica se altera y en el caso del atún rojo estamos hablando de un gran depredador que tiene un influencia remarcable en este Mar Mediterráneo tan castigado por tantas agresiones y, por supuesto, por una presión inasumible sobre los recursos de pesca.
Esta presión brutal tiene un precedente en el bacalao de los bancos de Terranova, que se dio por extinguido después de cuatrocientos años de pesca. En los últimos tiempos la flota pesquera regresaba a puerto con menos captura y de menor tamaño, hasta que llegó un momento en que no compensó salir a faenarlo, con lo que significó de reconversión de la flota y la ruina de miles de familias en la costa.
No ocurrirá este fenómeno en la pesca del atún, porque son poquísimos los empleados, en relación con el valor de las capturas. Apenas se llega a los tres mil pescadores de todo el Mediterráneo, pero son tales los beneficios que rinde, que la presión de la mafia pescatera (Pérez-Reverte dixit) hasta ahora ha podido con todas las sugerencias restrictivas que se han intentado. Con todas.
Nuestras islas tienen una gran importancia en la reproducción del atún, pues nuestras aguas son su área de procreación ideal, debido a un curioso fenómeno físico, por ello las aguas de Baleares son las más importantes del mundo para la puesta del atún rojo.
«Las aguas atlánticas que entran por Gibraltar son menos salinas que las mediterráneas y cuando llegan a Baleares se encuentran con una barrera topográfica que genera remolinos anticiclónicos –en el sentido de las agujas del reloj, reteniendo huevos y larvas–. En este área los atunes vienen a hacer su puesta, concentrándose las migraciones reproductivas y, precisamente, por estar muy localizadas en una zona relativamente pequeña son muy vulnerables a la pesca», explicaba Ignacio Catalán, investigador del grupo de Ictiología del Imedea a Elena Soto (Baleópolis).
Una pérdida irremediable, ecológica, económica, social y sentimental. Una pesca que se remonta a los antiguos fenicios.