sábado, abril 02, 2016

Hemos perdido 42.000 españoles en 2015

Las Pitiusas perdieron 41.000 turistas alemanes y los políticos nativos (vernáculos a partir de ahora, pues el catalán ya es requisito exigible otra vez, gracias a los tejemanejes de ingeniería social del Pacte) corrieron con ímpetu hacia Berlín, quizás porque la vivaz capital alemana bien vale un esfuerzo viajero. Pero ahora me entero de que hemos perdido una cantidad similar de españoles. Y nadie parece haber movido un dedo, por supuesto descartando la tradicional feria Fitur en Madrid. Pero con mala lógica, los políticos vernáculos no parecen haberse desplazado con igual ímpetu a Cataluña, Valencia ni a Alguer, la población de Cerdeña que habla algo parecido al catalán para traerlos o atraerlos.
Ante casos así, no creo que nadie os pueda multar ni abroncar si habláis español en Soria, Zamora, León o en Extremadura para convencerles de que Ibiza es un paraíso que merece visitarse, al menos en invierno. Y tenemos las ´pastis´ a mano en numerosas farmacias. O sin farmacias.
Ibiza y Formentera perdieron más de 42.000 turistas nacionales en 2015. Dejaron de visitarnos más españoles que alemanes. Ignoro por qué. El Consell tiene la oportunidad de encargar a algún gabinete amigo una encuesta de satisfacción y de colocar a unos cuantos adeptos más para controlar estas encuestas o para realizar el trabajo de campo. Mejor hacerlo mientras podamos, es decir, mientras sigan viniendo algunos españoles, porque al paso que vamos las Pitiusas quedarán en la imaginación popular como lo que son: grandes discotecas del lumpen drogado juvenil europeo.
Ya ni los panteras grises del Imserso vienen a Ibiza. Los puñeteros y sabios sesentones tienen la oportunidad de disfrutar de Ibiza a un buen precio en la mejor época del año, incluso cuando los temporales revuelven el estómago del turista que cruza los Freos. Y van y la desperdician.
No hay sitio mejor que Ibiza (y también Formentera, no temáis a los temporales, son para dar emoción) para enamorarse a los 67 años o en la setentena. Amores otoñales en pleno invierno, pero no decadentes. Y si existe yo no lo conozco.
La humedad fría es un mito, los precios, cierto es, duelen un poco, pero lo bueno hay que pagarlo, aunque no sabría explicar por qué es mucho más cara una botella de vino de crianza en Ibiza que en Can Picafort (Mallorca). Etc.
Lost, perdidos, no estáis, pero habéis perdido la fe y esto envejece. La Ibiza invernal cree en vosotros y os espera con los brazos abiertos y los bolsillos vacíos.