sábado, agosto 20, 2016

Pacte: tres veces con la misma piedra


El problema de la vivienda no se solucionará nunca, a la vista de lo ocurrido este verano: los pisos urbanos se siguen alquilando a los turistas, excluyendo del banquete a los trabajadores más necesitados. Parece que incluso se niegan a pagar la ecotasa, que castiga a hostales, pensiones, apartamentos y hoteles.
Estos propietarios de pisos urbanos en fincas plurifamiliares han decidido prescindir del lío legal y han salido por la tangente, al acogerse a un ley de rango nacional, la de Arrendamientos Urbanos (LAU). El único requisito es que no se comercialicen por canales ni con servicios turísticos. Siempre que en la próxima declaración de renta declaren estos ingresos, están dentro de la legalidad que ofrece el artículo 3 de la LAU.
Los propietarios de pisos, mediante este mecanismo, prescinden del pago de la ecotasa y se sienten a salvo de las inspecciones del Govern Balear, el cual con 15 inspectores para todas las Baleares no puede ni siquiera intentar un control racional. Biel Barceló, el vicepresidente y consejero de Turismo del Govern, insiste en la necesidad de regular los alquileres turísticos y tiene razón, por lo menos por lo que tiene de injusta y discriminatoria la actual situación. Es comprensible que los inspectores solo puedan atender una mínima parte de las denuncias.
Se entiende mejor el alcance del problema si recordamos que en las Pitiusas hay algo más de 80.000 plazas legalizadas por otras tantas que trabajan al margen, cuanto menos en un difuso campo de alegalidad administrativa. Las plazas de Mallorca rozan las 400.000, sin contar las de Menorca. Ante estas magnitudes, un miserable pelotón de 15 inspectores no puede hacer nada.

Esta situación deja en otro espantoso ridículo a un Govern que ha decidido centrarse en los gastos y los gestos identitarios de cara a su galería de forofos, en vez de enfrentarse con gestión y trabajo a los problemas reales inaplazables: contra la escuela concertada, los toros, el español, la interrelación con la Cataluña golpista en plena rebelión, la promoción de unos inexistentes países catalanes, etc. Ya llevan tres Pactos de Progreso y siempre tropiezan con la misma piedra. Tres.

miércoles, agosto 17, 2016

Un verano grotesco


Lo que ocurre en Ibiza hogaño no es novedoso, de hecho viene pasando desde la década de los 80. Lo único que ha cambiado es el grado de presión sobre el territorio, los recursos y la gente. Pero el fenómeno obedece a la misma naturaleza.
Es importante el matiz, porque significa que estábamos avisados, sabíamos que esto podría ocurrir y algunos estábamos convencidos de que ocurriría más pronto que tarde. A los políticos locales parece haberles sorprendido con el pie cambiado, lo cual tampoco extraña. Ellos se sienten tan desorientados que han recurrido al viejo recurso de pedir informes a profesores de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), algunos de los cuales ya demostraron su acción estéril cuando fueron políticos en activo, como Carles Manera con Antich.
En Baleares ya sobran los informes, los planes de esponjamiento, los estudios turísticos y otras joyas impresas que acaban en agua de borrajas. Nunca se llevan a cabo. Ni hará nada el presidente del Consell de Formentera ni la del Govern Balear. Pero en agosto han de salir en pantalla para demostrar su interés por los análisis (así lo llaman ellos; hay que hacer análisis, balances o estudios, o sea, marear la pobre perdiz). Si se sienten fuertes amenazan con un cambio de modelo. Ya explicarán que es esto, por si tenemos que comprarnos cañones de nieve.
Mientras tanto, los que han decidido vivir en el paraíso o los que no pueden escapar de él, descubren que no hay tal. Pueden colocarte una depuradora al lado, una desalinizadora más abajo, una discoteca o un cementerio. Una lluvia de perdigones puede caerte en el jardín. Si sales a caminar, puedes enfrentarte a una manada de perros liderados por un doberman. En la playa, el más fino colchón es una capa de colillas. Si vives en la costa, una muralla de barcos fondeará en la misma orilla. Si por fin encuentras un terrenito aislado, de pronto será cruzado por torres de alta tensión.
No pretendan disfrutar del verano, ni salir a un buen restaurante, ni reunirse para disfrutar de una puesta de sol: Ibiza ha sido tomada al asalto. Las carreteras rebosan, los puertos son inaccesibles. Si vas a poner gasolina en el puerto, ojo con los novatos y si es una gasolinera en tierra, la cola puede ser de varios kilómetros.

Decía que conocemos todo esto desde los años incipientes de los ochenta. Al no haber sabido detener la espiral de crecimiento nos encontramos con la exageración grotesca de nuestra actividad. Nos encontramos desolados, menos mal que tenemos a los sabios de la UIB, que Dios les guarde.

sábado, agosto 13, 2016

No es el modelo, son los excesos


Veo en la prensa mallorquina esporádicas alusiones a la mallorquinidad de tal o cual tema o situación. Intento buscar un sustantivo abstracto para Ibiza, pero no me sale ninguno. Tenemos el ibicenquismo, pero esto equivaldría al mallorquinismo.
¿Qué cosa es el ibicenquismo? No lo tengo muy claro. ¿La defensa desaforada y un poco irracional de las Pitiusas? A finales de los años 70 se intentó fomentar el ibicenquismo en un partido político y no sacó ni un solo representante. ¿Podemos decir ibizidad? Tan cacófono como lo de ibizear, que tampoco queda muy claro en qué consiste.
Al menos tenemos un topónimo consistente, una marca registrada mundialmente, si es que los topónimos puede registrarse, cosa que dudo. Con la misma contundencia suena Formentera, pero tampoco consigo destilar una definición para formenteridad (y aquí sí que suena mejor) lo cual viene a confirmar la vieja sospecha de que nosotros nos pensamos poco o nada a nosotros mismos.
Casi cada verano en que la isla se encuentra embarrancada por una carga de 300.000 habitantes o más, y esto suele suceder durante todo el mes de agosto, sale alguien quejumbroso y doliente preguntando por nuestro destino.
Una de las reacciones más primarias, como un acto reflejo defensivo, es cerrar las puertas y preguntar por la teoría matemática de los numerus clausus, pero cuando pasan las seis semanas de masificación nos olvidamos de nuestro propósito y volvemos a buscar en los recovecos de nuestra ibizidad: estufa o chimenea, excursiones para buscar setas, alguna torrada de sobrasada y algunos pocos ritos más que se nos ofrecen en otoño y en invierno.
O sea, procranistamos y retrasamos la tarea, porque quizás sabemos o intuimos que la solución no pasa por bloquear las entradas –como se tendrá que hacer en media docena de playas de las islas– sino en invertir menos en promoción turística y más en organización y control de las plazas hoteleras ilegales o alegales y en el comercio de alquileres: vehículos, casas, pisos, urbanizaciones, barcos, taxis pirata y un sinfín de cosas más.
Me quedo a cuadros cuando alguien propone cambiar de modelo de isla. Si es sinónimo de delimitar y limitar la construcción de nuevos inmuebles, me sumo, pero esto no es cambiar de modelo, sino hacer viable y sostenible el que ya existe.
Ayer ya era tarde.

miércoles, agosto 10, 2016

Formentera omite el español en una campaña



"Formentera necessita el teu costat verd», en catalán. En ibicenco diríamos «Formentera necessita es teu costat verd». Cuando se anunció esta campaña en prensa lo vi en catalán, pero creí –en mi incorregible buena fe– que se harían pósters y folletos en inglés y castellano. Pues no: el Consell de Formentera, que evidentemente está sobrado de dinero para derrocharlo en banalidades parecidas, ha lanzado una campaña ciudadana de concienciación, pero solo dirigida a los catalanoparlantes. Se supone que el resto de españoles está tan predispuesto como cualquier otro a darles su lado verde. Pareciera que solo los catalanoparlantes necesitan que se les recuerde estas normas básicas de urbanidad y de cultura ecológica. Si no es así, no se entiende.
¿Cabría pensar que están usando los recursos públicos –por lo que se ve abundantes– para iniciar una política de dejación ante el castellano y en consecuencia, para proseguir su política de catalanización? No ha estado mucho más lejos la jefa mallorquina catalanista, Francina Armengol con su Plan Quinquenal de implantación casi exclusiva del catalán en las empresas y en la vida pública en general. Hasta la presidenta del Govern ha tenido que dar marcha atrás. Formentera no es tan importante, pero ha dejado sembrado un precedente que desagradará a muchos españoles que se dejan mucho dinero en la isla pitiusa.
Hace tiempo que detecto indicios en el mismo sentido: pienso que estos políticos han escogido un mal camino. El peor. De seguir así, no serán necesarios los planes de contingencia y de control de entradas de vehículos. O de limitación de turistas. No gasten dinero en esto, es muy probable que muchos miles de españoles dejen de venir a la isla. Y les recomiendo que abandonen la prepotencia catalanista que ante tales avisos suelen contestar con desprecio.
Otro año más, el presidente del Consell de Ibiza, Vicent Torres, ha discurseado, aprovechando que la prensa pasaba por allí. Cada cual sabe dónde le aprieta el zapato, pero con mencionar una lista de problemas –que ellos jamás resolverán– ya no es suficiente. Los ciudadanos tienen claro que los políticos están creando muchos más problemas de los que en realidad van solucionando. Aparte de cargar a la gente con montañas de burocracia no se siente ninguna ventaja con el régimen autonómico. Y nos cuestan cinco millones de euros al año. El ciudadano empapelado y cada vez con mayor presión fiscal. Ha añadido otra importante novedad que repite habitualmente el PSOE desde hace unos veinte años: van a cambiar de modelo de isla. Ya. ¿Y qué pasa con el tranvía prometido?

sábado, agosto 06, 2016

Pacto de perdedores: Sin dinero no cantan

Francina Armengol, multada por esta visita de propaganda en período electoral, aunque en un principio se pensó que había sido multada por lucir este modelito de adefesio. 
Inmersos en las turbulentas convulsiones de la avalancha de turistas, no por esperada menos ingrata, apenas nos fijamos en las maniobras del Govern Balear. Nuestro gobierno está tomando medidas que nos afectan y nos seguirán afectando muy directamente.
La presidenta Francina Armengol, que solo viene a Ibiza para ser multada por la Junta Electoral y poco más, ha aprendido una lección de humildad, al encontrarse con la crudeza de los números desnudos. Se puede hacer demagogia, y de hecho la hacen sin cesar en los medios, pero la realidad es una burla a cualquier quimera. Gobernar en un pacto de perdedores y encima con la ruina amenazante y omnipresente no ha de ser nada fácil. Pero ellos disfrutan de lo que antes se llamaba la erótica del poder.
Al margen de la pugna constante con Podemos –que controla al Govern sin mojarse ni un pelo–, Francina ha recibido el mensaje claro de Montoro: se ha de reducir el gasto político improductivo, léase consorcios y empresas publicas que suelen cobijar a todos los apesebrados que no sirvan para gran cosa, aparte de ir cobrando.
Cuando José Ramón Bauzá redujo las 181 empresas públicas hasta 78, la oposición se le echó encima sin misericordia. Ahora Montoro le exige a Armengol que siga rebajando si quiere percibir fondos del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica), que en teoría se deben devolver algún día.
De manera que de 78 empresas públicas se pasará a 67 antes de julio de 2017.
Una medida que supone un shock para la forma de gestionar del socialismo, que siempre ha tirado de gasto desproporcionado en áreas y temas prescindibles. «Dinero para hacer política» le pedía ZP al pasmado Solbes, que le solía contestar: no queda ni un céntimo. Y era cierto.
Ha tenido suerte Armengol al cerrar este capítulo en la hoja de ruta antes de que el próximo Gobierno tenga que negociar con Bruselas la interminable lista de recortes para reducir el déficit. Vienen malos tiempos para el derroche.
Francina y su equipo de perdedores, la flor y la nata de la progresía, que han arruinado las arcas de Baleares cada vez que han gobernado (dos hasta ahora, van por la tercera) necesitan dinero desesperadamente. Sin dinero no saben gobernar.
En las islas menores seguiremos pidiendo más atención, como siempre y no la recibiremos, como siempre. Item más, el grueso de los fondos de la ecotasa recaudados en Ibiza y Formentera partirán a Mallorca para nunca más volver.