sábado, agosto 13, 2016

No es el modelo, son los excesos


Veo en la prensa mallorquina esporádicas alusiones a la mallorquinidad de tal o cual tema o situación. Intento buscar un sustantivo abstracto para Ibiza, pero no me sale ninguno. Tenemos el ibicenquismo, pero esto equivaldría al mallorquinismo.
¿Qué cosa es el ibicenquismo? No lo tengo muy claro. ¿La defensa desaforada y un poco irracional de las Pitiusas? A finales de los años 70 se intentó fomentar el ibicenquismo en un partido político y no sacó ni un solo representante. ¿Podemos decir ibizidad? Tan cacófono como lo de ibizear, que tampoco queda muy claro en qué consiste.
Al menos tenemos un topónimo consistente, una marca registrada mundialmente, si es que los topónimos puede registrarse, cosa que dudo. Con la misma contundencia suena Formentera, pero tampoco consigo destilar una definición para formenteridad (y aquí sí que suena mejor) lo cual viene a confirmar la vieja sospecha de que nosotros nos pensamos poco o nada a nosotros mismos.
Casi cada verano en que la isla se encuentra embarrancada por una carga de 300.000 habitantes o más, y esto suele suceder durante todo el mes de agosto, sale alguien quejumbroso y doliente preguntando por nuestro destino.
Una de las reacciones más primarias, como un acto reflejo defensivo, es cerrar las puertas y preguntar por la teoría matemática de los numerus clausus, pero cuando pasan las seis semanas de masificación nos olvidamos de nuestro propósito y volvemos a buscar en los recovecos de nuestra ibizidad: estufa o chimenea, excursiones para buscar setas, alguna torrada de sobrasada y algunos pocos ritos más que se nos ofrecen en otoño y en invierno.
O sea, procranistamos y retrasamos la tarea, porque quizás sabemos o intuimos que la solución no pasa por bloquear las entradas –como se tendrá que hacer en media docena de playas de las islas– sino en invertir menos en promoción turística y más en organización y control de las plazas hoteleras ilegales o alegales y en el comercio de alquileres: vehículos, casas, pisos, urbanizaciones, barcos, taxis pirata y un sinfín de cosas más.
Me quedo a cuadros cuando alguien propone cambiar de modelo de isla. Si es sinónimo de delimitar y limitar la construcción de nuevos inmuebles, me sumo, pero esto no es cambiar de modelo, sino hacer viable y sostenible el que ya existe.
Ayer ya era tarde.