miércoles, noviembre 09, 2011

A la defensiva y contracorriente


Después de sucesivas etapas de gran bonanza, con la mascletá final, con el gran castillo de fuegos artificiales (al menos hasta 2007) ahora descubrimos que estamos arruinados, literalmente arruinados, endeudados hasta las cejas y con una imparable escalada de los precios en los productos básicos. Bueno, ha llegado el momento de demostrar que sabemos navegar contra marea y que somos capaces de funcionar con cotas ridículas de consumo.

Ha llegado el momento de guardar hasta las bolsas de plástico –entre otras razones porque en la mayoría de supermercados ya te las cobran–, los cordeles y las alcayatas. ¿Bromeo? No crean. Ahora le llaman ajustes, pero nos están diciendo que estamos despedidos, y según la edad que tengamos no encontraremos un trabajo nunca más, al menos en las mismas condiciones... Así que habrá que bregar contra la marea. Si yo no lo leyera casi cada día en las páginas de la prensa no daría crédito.

Desde la reducción del personal de limpieza de los institutos, hospitales, centros oficiales, hasta el estudio para suprimir o racionalizar (o simplemente racionar, ¿volvemos a los años 40?). Hasta el cobro de un insípido menú a los acompañantes en el hospital, o a la reducción drástica en la contratación de personal en distintas áreas de la Administración pública. O menos turistas del Imserso. Extraña que usando el mismo criterio de racionalidad el Govern pretenda empotrar una delegación del en Formentera. Lo que no han ganado en las urnas lo quieren meter por decreto: un derroche injustificable. Espero que no se consume la animalada. Más grave es la negativa a la financiación de la depuradora de Vila. Esto es una negativa muy grande, de calado, casi tanto como la inversión que exige.

Estas reduccciones no las desea nadie. Se equivoca la oposición de la izquierda y nacionalista al atacar al PP por este flanco: ningún partido prescindiría de la rutilancia navideña, de las lucecitas del protocolo y de la buena vida por puro placer o para mortificar a la oposición. Veremos paseos y calles sin apenas iluminación, tramos de autovía sin luz y muchos recortes que reducirán estas navidades a un melancólico lamento que ilustrará nuestra decadencia.

Leí con atención el artículo de Juan Andrés Roig Tur, presidente de la asociación de constructores de la Pimeef. No le faltan razones para sus quejas. Y encima, permítame que añada otra consideración a una estado de cosas muy lamentable: jamás volveremos a los niveles de crecimiento del año 2006, por ejemplo y como es lógico, no por un capricho del cronista fenicio: es un aserto que confirman todos los economistas, analistas y especialistas.

Es decir, la fiesta ha terminado, terminó en 2007, aunque algunos siguieron con la borrachera. La resaca ha pasado, pero todavía no hacemos el tratamiento de desintoxicación. Probablemente, una vez pasadas estas tristes y opacas navidades, iniciaremos una nueva etapa llena de dificultades en la que tendremos que emplear la fuerza de los brazos para remar, porque no nos quedará dinero para la gasolina del motor. Sin miedo, al toro y resistencia púnica.