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miércoles, noviembre 01, 2017

Difuntos a pleno sol

Este otoño veraniego es cada vez más insolente y prolongado. Entre el cambio de horario y el cambio de clima uno se siente confuso, como aquellas navidades que pasé en Río de Janeiro a treinta y pico de grados en bañador. ¿Cómo celebrar el día de Todos los Santos con este calor? Más aún, el día de difuntos, hito entrañable que cada año nos ayuda a recogernos en familia para cascar piñones y abrir los sugerentes granados (símbolo de Tanit, de la fertilidad, porque la vida ha de vencer siempre a la muerte). La renovación ha de vencer a la consunción y por ello este derroche de símbolos de vida y fertilización.
En las islas entregadas a la orgía turística sensual y ruidosa, suena anacrónica esta celebración rural que llega al alma de los fenicios pitiusos y nos adentra en una mitología doméstica que ya lleva al menos dos mil años sobreviviendo a civilizaciones y desventuras.
Por la noche, la familia se reúne en la mesa comunal para asar las castañas, descascarillar los piñones y para degustar las almendras o avellanas. Quien tenga higos secos los incorporará a la ceremonia pausada y silenciosa. En la noche de difuntos se dejarán sobre la mesa los granos y la comida por si llega la visita de los familiares difuntos y estos quieren sumarse a la celebración. No se retira la mesa, no se limpian las cáscaras ni se apagan las candelas o candiles en toda la noche.
Filtraciones culturales, reminiscencias que perduran en el inconsciente colectivo de los ibicencos, que somos fenicios. En esta humilde cena nos sumamos todos en cuerpo y alma como homenaje a nuestros orígenes fenicios.

@MarianoPlanells

domingo, junio 25, 2017

Por San Juan, sardinas a la brasa

Por san Juan se saltan los 9 fuegos en Ibiza, nou Foguerons. Foto WelcomeIbiza
Por San Juan, el compañero ya desaparecido, el periodista Juan Ramón de la Cruz reunía a sus amigos en La Mola donde asaban un cesto de sardinas frescas, mientras en los alrededores se iban encendiendo algunas hogueras para saltarlas y librarse así de los malos augurios y de los maleficios que te pudieron haber caído a lo largo del año. Que contra los periodistas no suelen ser pocos.
Las hogueras eran habituales en Menorca, porque aquellos talayóticos vivían en cuevas, de hecho los fenicios la denominaron Nura, ‘Tierra de fuegos’. Pero en La Mola y gran parte de Formentera también se encendían en las noches de luna llena, en un rito bien extendido ya en el Neolítico, pero que incorporaron las legiones de hippies de finales de los sesenta. Con música acústica y el inconfundible aroma de los porros, que pasaban de mano en mano. No necesariamente en San Juan, sino en tiempos más fríos. En realidad, la noche del 23 de junio ya suele hacer un calor húmedo que no llama a las fogatas.
Los ibicencos tenían muy claro que el día de San Juan había que rendir cuentas. Es una fecha agrícola, rural, rústica, donde los contratos se resolvían de manera previamente pactada. No solía haber trifulcas, salvo las que levantaban las pavesas y el alcohol escanciado con exceso. En realidad, en los tiempos sobrios de nuestra pobreza no había desacuerdos ni imprevistos. Los payeses de Ibiza tenían muy bien pautada cualquier contingencia en nuestro Derecho Foral (que por cierto no sé qué habrá sido de el, tras el paso por las pulidoras manos jurídicas mallorquinas).
Ahora es un poco diferente. Los juristas mallorquines han mutilado nuestras antiguas leyes y normas y los catalanistas han uniformado nuestro lenguaje milenario para encajarlo en el feo dialecto barcelonés. O al menos lo han intentado. De todas formas, la hermosa riqueza del ibicenco estribaba en su mayor parte en un lenguaje rural muy específico. Ahora al desaparecer aquellas herramientas y labores, las palabras caen en desuso. Nadie las emplea. Pero viva San Juan.

@MarianoPlanells en Twitter

miércoles, octubre 29, 2014

Ojos de fuego en la noche de difuntos


Comparado con la escandalera del verano, los juguetones berridos de la chiquillería en estos días de Todos los Santos y Día de los Difuntos, se nos antojan un remanso apacible. Ellos lo llaman Halloween o algo parecido y en estos días se ponen muchas pelis de zombies destrozados, amoratados y semipodridos o sangrientos y amenazantes. Les gusta lo truculento. 
Esta morralla de fechas señaladas por los comerciantes suelen ser importaciones de los Estados Unidos, aunque ellos a su vez las trajeron consigo de la vieja Europa hace unos cientos de años. Pero da igual, son celebraciones feas, pero no originales. En México -y otros sitios- se mezclan las tradiciones cristiana y pagana en auténticos festivales dedicados al culto a la muerte y al más allá. Pero siempre se busca un efectismo estético, aun dentro de lo macabro.
Desde el final de la II Guerra Mundial, Occidente se ha empeñado en explorar la faceta disonante, la fealdad creativa, el escándalo tétrico cercano a las experiencias con la muerte. Miren el arte contemporáneo. De hecho, el surrealismo -de factura impecable, bellísima, aunque turbadora- quizás haya sido la última vanguardia emparentada con la hermosura que nos hace la vida más llevadera. Ya en los 60 se impone el Feísmo, el Arte Povera, el Abstracto, el Informalismo, el arte matérico, el art-brut, que parece una gran deyección sin retorno, como es lógico. A partir de ahí, la moda, la música se han dedicado a dignificar la fealdad.
Y sin embargo yo conservo una simpatía irrenunciable por estas festividades que en Ibiza se vivían con discreción y recogimiento: la música en los bares no molestaba a nadie del exterior. Existía un respeto exquisito por las visitas al camposanto, donde se depositaban unas palabras, unas oraciones y quizás unas flores.
En las mesas sobrias de las casas de campo se cenaba con parquedad y se desgranaban las granadas, un estallido casi sangriento y dulzón, la ambrosía de los muertos, la fruta de los púnicos. Por esto la mesa no se quitaba en toda la noche. Es más, se dejaban piñones, castañas, avellanas y nueces sobre la madera para que si algún difunto visitaba a la familia pudiera abastecerse para el camino. La dulce granada resucitaría a un muerto. Era un vínculo sutil con el Más Allá.
Todo transpiraba respeto, en algunos casos, temor. No era bueno caminar perdido por los caminos oscuros de la isla en la noche de difuntos. Hasta podía salirte de camino Sa Por. Ibiza fenicia, pero con incrustaciones romanas y judías. Sin desechar posibles filtraciones de la época musulmana (más breve en Ibiza que en la Península). Hoy, ellos, los imbatibles jovenzuelos, saldrán ardientes con el calzoncillo de cuello alto, los pantalones muy bajos, rapados, brincando algún rapeo e invocando a los muertos vivientes. Pocas bromas con el tema en Ibiza. A más de un valiente se le volvió todo el cabello cano cuando le salió al paso un perro negro con los ojos brillantes de color rojo. Un perro que no sabía ladrar pero que te acompañaba un trecho en silencio con sus ojos como linternas.
Pisa la tierra con respeto, algún día será tu cama para la eternidad, dice el viejo proverbio. Una oración en cualquier religión por los ausentes.
En Twitter @MarianoPlanells

sábado, marzo 30, 2013

Cencerradas

Cencerros de Grazalema, pero los hay en toda España

Cuando en Ibiza sonaron algunas cacerolas como recio instrumento musical de protesta me vino a la cabeza un pensamiento: «Una nueva aportación cultural de la izquierda y además muy adecuada para facilitar los recursos de la reflexión y el pensamiento».
Obviamente yo me estaba equivocando, porque en el origen geográfico de la cacerolada (Argentina, Uruguay) no encontramos lo que podríamos llamar por convención una ´izquierda´ en exclusiva. La cacerolada aúna en una síntesis final a la miseria y a los miserables más absolutos, víctimas sin duda del saqueo más cruel por parte de las clases dirigentes, sean justicialistas, peronistas o conservadoras. El ladrón no tiene ideología y es hongo que crece abundantemente donde quiera que las circunstancias le ofrecen las condiciones imprescindibles: poder, impunidad y descontrol.
Ahora nos llega de Montevideo y de Buenos Aires una modalidad (iba a a escribir nueva, pero no lo es) muy contagiosa: el escrache. En Chile le llaman funa, en Perú se conoce por roche.
Digamos la verdad: en España, una parte del país puso de manifiesto su brutal violencia con lo que se ha ido conociendo por kale borroka. Las adacolaus y algunos anarquistas pretenden atemperar el calificativo y se irritan si se les recuerda que esta delictiva actividad está tipificada en el Código Penal y constituye delito con agravantes evidentes.
Aznar cortó de raíz esta ocupación violenta de las calles en lo que se llamó eufemísticamente ´terrorismo de baja intensidad´. No tan baja.
Retuercen la ley y la lógica, aprovechándose del drama humano que constituye un desahucio, aunque curiosamente este impulso de bondad cristiana solo les ha empezado a afectar cuando gobierna el PP y no cuando han visto que al menos seis millones de españoles perdieron el puesto de trabajo. Muy burdo.
Incluso en el País Vasco los escraches irán –leo hoy– dirigidos contra Barreda y Basagoiti, pero no contra quienes gobiernan o han gobernado el País Vasco: IU, PNV, Bildu, PSOE, etc.
En fin, la conclusión es transparente: en general, son los mismos –a veces muy bien subvencionados– que estuvieron en el 15-M o en los actos vandálicos de okupas que arrasaron la zona de Gracia en Barcelona durante años con total impunidad, bajo la mirada complaciente del tripartit.
Ellos no lo saben, pero este acoso a personas y cosas es muy antigua. En Ibiza teníamos la cencerrada, contra aquellos viudos que volvían a casarse y las empaiades (empajadas, de paja). Hace unos meses se hizo una empaiada a un cargo político del PP de Formentera. Bueno, las cencerradas solían acabar en sangre, motivo por el cual las prohibió Carlos III (siglo XVIII). Ahora regresa esta porquería y el Partido Popular, con mayoría absoluta, se queda silbando, hasta que ocurra alguna desgracia irreparable.

miércoles, octubre 20, 2010

Un mundo de ultratumba


Todo acaba por llegar y quien no se cansa, alcanza. O sea, quien día pasa empuja un año. Los placeres y los días se van sucediendo inexorablemente y no pocas veces nos sorprenden y nos caen encima sin avisar.
Han pasado pocas semanas desde la marabunta insufrible de máquinas furiosas, de ruidos que todo lo llenan, de calores y humedad y han caído los primeros chaparrones. Algunas ventoleras presagian un otoño muy activo, que dejará paso a un invierno adornado con los temidos temporales de Levante.
Precisamente es en otoño cuando el fenicio siente renacer en el corazón de Ibiza las vibraciones más espirituales y sentidas. Miles de ibicencos se recogerán unos días recordando a sus difuntos y todavía los más ancianos revivirán algunas costumbres que se retrotraen a lo más profundo de nuestra historia, a tiempos fenicios.
El ibicenco anterior a la telebasura o incluso a la energía eléctrica vivía en un mundo de penumbras poblado de seres evanescentes que alimentaban su alma o litigaban con sus sentimientos. Cierto y tan demostrable es que solo hay que contemplar las pinturas de Goya, Velázquez, Caravaggio, etc., para entender que la Humanidad se ha pensado a sí misma durante miles de años sin luz eléctrica.
No hay que temer a la oscuridad. La penumbra suele ser fecunda y amansa a los fantasmas, que son hijos de tu propio cerebro. Toda la vida acontece sin luz eléctrica, que es un invento reciente.
¿Quién no recuerda la extraordinaria película ´Barry Lindon´? Se rodó toda con luces artesanas, candelas, hogueras, teas, candiles. Fue una fatigosa y minuciosa labor del equipo de Stanley Kubrick.
Los ibicencos no solo temían a los fantasmas, sino que los invocaban. Lo que en Todos los Santos es una convocatoria jubilosa, se transforma en invitación pesarosa el Día de Difuntos. Hoy se visita la tumba del cementerio, los creyentes rezan, los familiares desfilan delante de la lápida, dejan unas flores (o no), pero eso no era todo.
Antaño, la chiquillería de la casa se daba un festín con los nutricios frutos de otoño: castañas, avellanas, piñones, granadas... durante toda la noche que da paso al día de las almas de aquellos que ya se han ido, se dejaban los cacahuetes, y los granos sobre la mesa, las granadas desgranadas y la candela encendida para que pudieran comer las almas familiares. Esto es una clara reminiscencia espiritual y cultura del universo egipcio, como lo es la costumbre de guardar el luto de un fallecido dejando la barba sin afeitar durante 40 días o el uso de la prenda terrible, gruesa, penitente del capucho.
¿Comprenden por qué digo que existía una Ibiza riquísima en reminiscencias espirituales anteriores a la luz eléctrica? El cosmos fenicio era (y es) tan potente que ha pervivido hasta nuestros días. No tiene nada que ver con los escasos colonos catalanes que pudieron haber llegado a Ibiza. En cualquier caso, el pasmo ante el dolor de la ausencia y el temor ante el mundo de ultratumba son universales. El miedo hermana a los humanos y los ritos sirven para compartir y hacer llevadera la existencia. Fuera temores y desgranemos las granadas, que son un fruto que simboliza a Tanit.