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sábado, diciembre 16, 2017

Antonio Pomar y Elías Torres, dos elefantes

JA Martínez Lapeña y Elías Torres

Por suerte, la actualidad nos rescata de la farragosa presencia de los políticos y más ahora, en que estamos a unos días de las elecciones catalanas. Espero que los catalanes serios se decidan a salir de la madriguera y depositen su voto, para no dejar en manos de los exaltados el futuro de estos 7 millones de españoles, que están viviendo en directo el deterioro al que conduciría el nacionalismo a la región más próspera de España.
Ha fallecido el pintor Antonio Pomar, el mejor cronista de nuestros paisajes y durante varias décadas. Formado en la escuela valenciana, supo captar como nadie la atmósfera bañada por el sol. El inigualable Joaquín Sorolla fue uno de sus referentes, pero no el único. El mismo Sorolla que a principios de siglo aprendió de Ibiza que también existen las tierras rojas, oxidadas y pasionales como las que pintaba Narciso Puget Viñas; o que existían unos acantilados que ofrecían curiosos picados sobre las aguas turquesas de nuestro mar. Antonio Pomar fue el gran pintor de nuestro mar. Nadie como el ha sabido reflejarlo con su flexibilidad y perspicacia, por mucho que lo han intentado.
Y acabo con una gran noticia para los arquitectos de Ibiza: El fenicio Elías Torres ha sido premiado con el Nacional de Arquitectura. Es un galardón importante para un autor que desde joven dejó su impronta y su personalidad, en una obra ya prolongada junto a JA Martínez Lapeña. Una obra en su conjunto, dispersa por distintos sitios del planeta y que ha recibido muchos premios.
Se hace difícil seguir su trayectoria, por lo amplia y documentada en numerosas publicaciones. Además es autor de una útil guía sobre arquitectura de Ibiza.

sábado, diciembre 07, 2013

Las peligrosas ideas geniales

Al menos una vez al año, a veces cada par de meses, sale en Ibiza un técnico venido sabe Dios de dónde (algunos parece que vienen de las puertas del infierno, que son de secano) que propone una idea genial para solucionar definitivamente los problemas de Ibiza. Suelen quedarse en agua de borrajas, pero el peligro es cuando uno de estos nuevos políticos chupiguays modernitos adopta el hallazgo y pretende hacerlo realidad. En este caso, cielo santo, que Dios nos coja confesados.
Todos tenemos en mente algunas restauraciones en Dalt Vila que fueron en su momento nefastas. De otras ideas, desde derribar las murallas hasta fundir la estatua de Vara de Rey, mejor no olvidarse nunca, porque como siempre recordaba Albert Camus «la estupidez siempre insiste».
Recientemente tenemos el Ibiza Centro, el Cetis y alguna que otra obra proyectada que jamás –espero– se llevará a cabo.
Tiemblo ante esas grutas desatascadas de la muralla. Tiemblo ante estos proyectos de ascensores a Dalt Vila. Aquí todo el mundo quiere estampar su sello y firma. Y en caso de obras siempre nos quedará la duda de si, además, no existirá algún tipo de interés más inconfesable.
El último bodrio es el anunciado aparcamiento que pretendían construir literalmente bajo el mar, porque el Martillo está dentro de las aguas. Aquí primero se suelta la animalada, siguiendo la filosofía de Homer Simpson, se crea el problema irresoluble y cuando ya está creado se deja en herencia al desgraciado que nos suceda.
Una de las plagas de Ibiza son los vehículos. Ya lo era en 1970. No existirá ni una sola vía practicable para dar vida a la ciudad antigua y marinera que no sea apartando estos vehículos. No están estas zonas diseñadas para esto, ni cabe reforma posible que no sea respetando el espíritu y esencia de esta ciudad histórica. Punto final y ustedes hagan lo que quieran.
En efecto, he leído que esta idea del aparcamiento queda aparcada. En el fondo del mar, podríamos decir, siguiendo con el clima de humedades propias de Ibiza. Contengan la imaginación de los genios y la codicia de los malos políticos.
Más brillante, y esta sí de verdad, me resulta una frase del arqueólogo David Montanero en Ibiza. Habla de las diferencias arquitectónicas entre las casas cartaginesas y las indígenas (de Sicilia y Cerdeña, enclaves fenicios). Responde: «Por una cosa básica: el módulo rectangular o cuadrangular. Los indígenas vivían en cabañas que solo tenían un espacio. Allí hacían de todo. El módulo rectangular permitía añadir espacios y dividir actividades dentro de la casa. Ahí está el cambio que traen los fenicios» (Diario del 20 de noviembre: «Aún hay ciudades fenicias por descubrir»).
Vaya, hombre, ahora resulta que está describiendo exactamente la casa payesa ibicenca. Un recuerdo ahora para Blakstad.
Lo de ´payesa´ es un adjetivo, lo sustancial es su origen oriental, quizás fenicio o cartaginés, con las lógicas modificaciones a través del tiempo. Como es sabido y demostrado, los ibicencos y formenterenses somos fenicios.

miércoles, julio 11, 2012

Flanagan y Barceló en Ibiza



El fenicio visita alborozado los sótanos del Vaticano, perdón, del Museo de Arte Contemporáneo, y se emociona al ver las piedras primeras, las fundamentales, los pilares de la ciudad fenicia en Ibiza, fundada 160 años después de Cartago, o sea en el 654 a. de C. Esto es algo y este algo permanece. Ahí están, duraderas, resistentes, las pruebas de nuestro nacimiento urbano, en un sitio tan bien elegido que no ha sido necesario abandonarlo, como ocurrió en sa Caleta. Me gusta la solución: estas piedras serán visibles al visitante. Esto es bueno.
En la sala inferior, con una exposición de los fondos del propio museo. Quizás tenga la impresión de que se expone siempre a los mismos y a las mismas obras. Es cierto. Hay más, pero los fondos del museo no son exuberantes.
Las apariencias engañan y las apariencias, por lo visto –yo no estuve–, fueron por todo lo alto. Tanto los políticos como la directora debieran tomar nota de los tiempos que corren. Si lo he leído bien... Casi un millón de euros de presupuesto y siete personas le parecerán pocos; a mí, demasiado. Pero es que encima disparan con pólvora del rey, es decir, pagando los ibicencos y no se cobra entrada. Ni un céntimo. No creo que quede ni un solo museo en Europa que ceda el acceso gratis y que ofrezca estas opíparas bandejas de buen yantar y mejor bebida. Me parece casi una insolencia en los tiempos que corren. Si me corrigen me darán una gran alegría.

La exposición es aceptable, pero cada cual tiene sus criterios. Esto es opinable. Los paneles informativos solo en catalán y con abundancia de nombres y renombres de organismos y de políticos. Por Dios, repito, más humildad y más sobriedad, aunque sea solo en catalán. Cierto que en rincones discretitos se ofrecen unas hojitas informativas que ni miré, porque el catalán lo entiendo, aunque me cuesta bastante, cada vez más.
Subiendo las escaleras se emplean los espacios para otras obras y se llega a la sala superior, donde Barry Flanagan y Miquel Barceló nos demuestran que eran muy amigos y poca cosa más. Cerámicas, dibujos y pinturas.
Comprendo la dificultad de Enrique Juncosa para recopilar material de Flanagan, pero Barceló dispone de obras de gran calidad y de belleza abrumadora. Lo que expone en Ibiza, para mi gusto, es obra menor, aunque el hábil mallorquín la envuelva con su peculiar sentido de las relaciones públicas: al informarnos que está hecha en el Himalaya quizás acabemos por asimilar estos trazos y estos monocromos como obras de gran altura. No en mi opinión. Me hubiera gustado ver a otro Barceló y, por supuesto, a otro Flanagan.

Las cerámicas de ambos tampoco emocionan. Barceló puede ofrecer mucho más a Ibiza y ha perdido una gran oportunidad de exhibir obra de peso en un verano donde asistirán algunos fotógrafos. El sabrá. Creo que se ha equivocado. No conocía los dibujos de Flanagan, que en mi opinión son bocetos, croquis igualmente banales. Sus juegos cerámicos están muy lejos del gran Flanagan que en Ibiza conocemos, admiramos y apreciamos.
En resumen, una feliz noticia la reapertura del MAC, pero esperamos que suba el listón, que estas salas no se conviertan en sucursales bancarias donde se muestren estas obras vacías de colecciones que ya nacen muertas y sin interés. Si alguien quiere patrocinar, que sea de verdad, en trabajos fecundos, y que aporten contenido y novedad. Ibiza siempre ha ido en vanguardia. Esto exigirá trabajo, claro.

miércoles, julio 04, 2012

Los edificios, muy bien


En la última planta se han conservado los restos de la antigua ciudad púnica de Ibosim. Foto gentileza de Marco Torres

Hace años que lo vengo escribiendo: mientras en toda España se iba hinchando la burbuja, esta vieja piel de toro derrengado ha asistido a la proliferación diabólica, demencial, de museos. Y por supuesto, vías de AVE y autovías que van vacías o llevan a ninguna parte, urbanizaciones fantasmagóricas levantadas en los secarrales de la meseta y en algunos tramos de costa; y claro, aeropuertos inservibles antes de inaugurarse. Y otros muchos disparates, pantallas para el trinque nacional. El diablo lleve a aquellos bancos franceses y alemanes que comenzaron a regar España con crédito fácil, tan bien acogido por las mafias de los caciques locales. En Ibiza, mientras nos embarcábamos en costosas e interminables obras de remodelación o reconstrucción, íbamos cerrando nuestros potentes y genuinos museos púnicos. Somos la leche. Son.
En cualquier pueblito español se levanta un hermoso edificio que pretende albergar un museo de referencia en arte contemporáneo. Cuando los visitas descubres dos cosas: 1) El continente muy bien, poco que objetar; pero sobre el contenido que debe llenarlo, sobre los artistas, sueles quedar frustrado, cuando no cabreado. Falta material, falta criterio, falta carne. Y en consecuencia, 2) Estas maniobras de pretendida cultura, dirigida por los políticos, han sido muy generosas con los arquitectos, pero a los artistas los ha dejado muertos de hambre y con un protagonismo en sordina y a la baja. Lo de siempre. 

Ahora reabre las puertas un reestructurado Museo de Arte Contemporáneo. En 1998 defendí públicamente en la SER la necesidad de estas obras. Lo que no sabía es que costarían 4 millones de euros (no llega a los mil millones, o sea, baratito). Pero aquí está y felicito a todos los que han participado en la tarea.
El edificio es del siglo XVIII, de 1727 creo, y el cubo añadido es obra de Victor Beltrán. Imagino que será una ampliación funcional. No conozco bien el tema, pero me ha encantado la solución de dejar los restos púnicos del sótano exentos y a la vista, tal como sugerí cuando se descubrieron. 
Uno está escarmentado por experiencias anteriores y aquí se arrasa con todo. Ahora están a salvo, o esto quiero pensar. Mi gratitud eterna. 
Sobre el edifico histórico hay que remarcar que es obra de Simon Poulet, un ingeniero belga que se puso a las órdenes del rey de España (francés) Felipe V y trabajó y aprendió mucho en Ibiza. El edificio es magnífico. Nació como almacenes y sala de armas, aunque la parte baja sirvió en algunos tiempos como cuadras de caballos. 
La sobriedad y solidez militar ha sido bien entendida por Beltrán, que ha añadido un espacio minimal en blanco que se conjunta bien con la pétrea pátina del antiguo almacén. Aquel ingeniero estuvo en Ibiza de 1727 hasta 1730 y sólo por este macizo edificio ya merece pasar a nuestra pequeña historia, pero es que además hizo importantes aportaciones en el Castillo y dejó numerosos proyectos sin acabar, aunque ignoro si al menos quedan los planos guardados en algún archivo.
Felicito a los artífices y animo a los arqueólogos para que tomen vitaminas. El de Puig des Molins ya lleva cerrado casi 16 años, si no me equivoco. Un récord mundial.

sábado, marzo 31, 2012

Ni un museo más



Cerrado desde hace 16 años. Pura Ibiza.

En Ibiza y Formentera, ni un museo más, de momento. Por favor. Tengo una rara sensación: o soy un marciano (a días un venusino, porque soy dado a los vicios de la pluma y de las artes) que no se entera de los mensajes que nos llegan desde todas partes, o estoy rodeado de gente juguetona que, a) no se entera de nada, b) busca un discurso buenista a pesar de la quiebra del Reino de España o c) que se la suda casi todo.
No es que me ocurra con todo el mundo, pero leyendo el Diario me ocurre varias veces al día. El Diario que, por cierto sí se ha enterado de la crisis: se ha desplomado la publicidad.
Especialmente en Babia parece la gente de la culturita, los progres y los nacional-socialistas. Confunden la crítica a Rajoy con la crítica equivocada de la realidad. Los mismo que han apoyado al equipo de gobierno que ha dejado España arruinada para décadas son los que se quejan ahora de los ajustes y de los recortes, sin saber que estos no han empezado de verdad. No os enteráis: los recortes comenzarán en breve y dolerán bastante más que las rajoyadas y los indultos de Gallardón a delincuentes nacionalistas catalanes -por cierto, en contra del criterio de jueces y fiscales.
Dicho esto, me alegro mucho de que el Colegio de Arquitectos, sus demarcaciones y sus actos estén llenos de buenos presagios y de sanas intenciones. Siempre que se pueda hay que aspirar a salir del sótano, y de esto saben mucho los arquitectos de Ibiza (de usar hábilmente los sótanos quiero decir).
Con la presentación de la revista D'A digital consolidamos los fuertes cimientos del artista y arquitecto (a veces son cualidades irreconciliables) Erwin Broner en Ibiza.
Y además al ser un material consultable en Internet, abrimos por fin lo que hace tiempo tendría que haberse habilitado: el uso online de los archivos de Ibiza, de Baleares.
Pase que cada lustro nos deleiten con un especial dedicado a Broner, desde aquel memorable de portada de cartulina azul, preparado por Pascuet y Julbe (y yo, entre más de una docena de colaboradores) hace ya dos décadas, como mínimo. No sigo estas revistas, ahora sí podré hacerlo y así me enteraré de si consiguen encontrar nuevas aportaciones, que en las islas las hay de gran interés. No siempre Broner, quiero decir. Hay otra gente y muy remarcable.
Tengo la impresión -bastante contrastada- de que muchos centros de arte sólo benefician a los arquitectos y diseñadores. Mucho continente, es un decir, y poco contenido. En Ibiza, además los museos se abren y se cierran con una dolorosa facilidad. Y encima estamos arruinados. Debemos una fortuna.
Así que rogaría a los arquitectos que, de momento, dejen de solicitar más museos, a no ser que los paguen y los mantengan ellos. Ni un museo más sobre las espaldas del contribuyente. Vamos a pagar facturas y deudas pendientes -gracias socialistas. Lo de abrir fundaciones, museos, casas de cultura, consorcios, festivales y puñetas... sí, pero que lo pague quien las pida. Ya consultaremos por Internet, si antes no nos cortan la luz.

sábado, marzo 05, 2011

Perfilemos el desastre


Barry Flanagan, Leaping Hare, 1981, gilded bronze and stained wood stand, 107 x 25cm, Courtesy Southampton City Art Gallery, © Southampton City Art Gallery, Hampshire, UK/The Bridgeman Art Library.


La alarma ha sonado y es muy justificada: la ciudad de Ibiza, el gran triángulo de la Acrópolis, está perdiendo el perfil o silueta, lo que dicho en inglés es mucho más preciso, el skyline, la línea que recorta la ciudad sobre el cielo del fondo.

Esto sería grave en término teológicos: un mal pintor está borrando el vértice de la pirámide y alterando de forma errática las proporciones: es como si un dios (en minúscula aquí, estamos en zona de muchos dioses) iracundo hubiera fulminado con un rayo el torreón que despunta. Y de hecho esto ya ha ocurrido en el caso del campanario que ha soportado las caricias de numerosos rayos.

Esto será muy enojoso en términos domésticos, porque todo aquel que tenga un óleo, una figura de barro, una estatua con el fondo de Dalt Vila totalmente desfigurado se verá obligado a borrarla o a limarla.

No hay un sólo turista que no tenga una foto con Ibiza como fondo, así que al menos treinta millones de fotos, quizás cincuenta millones de fotos tendrán que sufrir la mutilación de las tijeras. Prácticamente todas las tijeras europeas recortarán la puntita de la silueta de la ciudad de Ibiza. Pero no nos extrañe, ya que hemos perdido todo lo extraviable, desde las costas a las playas, la paz y la sensatez, los precios humanos, la calidad artesanal, las costumbres. Ya puestos, bien podemos perder la cabeza y el corazón, que no otra cosa es Dalt Vila.

En una artículo escrito para celebrar el bicentenario de Ibiza como ciudad (debió ser eso en 1982) expuse mi tesis: cada vez que Ibiza ciudad ha sufrido acoso, intentos de derribo o descomposición, la isla entera se ha resentido, porque Ibiza es una pirámide acumuladora de la energía que protege la totalidad. No sé si eso es muy científico –no, no lo es, no nos esforcemos– pero gané el premio. El único premio que he ganado jamás, junto con el ´Pitiusas´, con un artículo sobre la moda Adlib (1974) publicado en el semanario Destino. Desde entonces jamás me he presentado a premios. Y, sin embargo, muchas ciudades han perdido dramáticamente su perfil. No me hagan hacer una lista, pero la más reciente fue la maravillosa Nueva York, que en unas horas perdió su skyline más popular aquel 11 de septiembre del 2001.

Estos traumas no son equiparables a otros ejemplos de cirugía estética urbana, pero nos ejemplifican dos cosas: perder el skyline no es nada imposible y además es muy fácil. Lo difícil es lo que ha conseguido Ibiza, que a través de una sedimentación y una pátina de miles de años haya conformado la silueta más famosa del mundo, aunque como es sabido no siempre fue así. Mientras hurgaban en el suelo, donde han emergido restos de un templo –y hay otros–, el mismo arquitecto se está cargando el perfil de nuestra ciudad.

¿No es demasiado para un solo arquitecto? ¿No es demasiado a la vez? ¿Y cómo puede dudar entre salvar los fundamentos del nacimiento de la historia de Ibiza y dos arcos renacentistas? ¿Cómo puede proteger antes el renacimiento que el nacimiento?
Ay, ay, ay...


Diario de Ibiza


A MD Mariano Digital

miércoles, marzo 02, 2011

Perdimos el aura y ahora perdemos el 'skyline'



El fenicio lo anotó en su día como una una metáfora arriesgada: Ibiza ha perdido su aura, pero hay que ir con cuidado con estas bromas porque ya sabemos que Ibiza no es tierra densamente poblada por mentes racionales. Más bien por mentes más cercanas al telurismo y a la magia.

Por eso en Ibiza hay tantos poetas, astrólogos, letristas y tan pocos matemáticos y prosistas de calidad contrastada y no me refiero a esta plaga de prosa sonajero (Juan Marsé dixit), prosa poética, pirlipimpín ahuecado y huero que no dice nada porque antes no ha pensado nada. 

Aquí podría decir que esta querencia por lo irracional es debido a la permanente y arcaica magia fenicia, pero por otra parte sabemos que los fenicios sí que estaban impregnados de grandes dotes para la racionalidad, la tecnología, las matemáticas, la astronomía y el comercio.

Anota el fenicio: Ibiza ha perdido su aura en ecuación feliz que muchos adoptaron y que veo se sigue usando. Como aquel personaje de un autor romántico alemán no temo perder mi sombra, porque ya tengo varias de repuesto, y algunas tienen incluso nombres y apellidos.

El fenicio recupera el tono irónico; necesita la elasticidad risueña de las bromas y de las paradojas, así que escribe en su cuaderno púrpura estas enigmáticas palabras: Perdimos el aura en 2005 cuando aserraron Ibiza por la mitad con unas autovías y a finales de 2010 perdemos el perfil del cielo de nuestra Acrópolis, porque a un arquitecto –o alguien que misteriosamente hace lo que mejor le viene cuando nadie le vigila– se le antoja que el Castillo puede aumentar de alturas y de volumetría. Hombre no, tenemos lo que tenemos, además de lo que hay debajo. Usted no hinche por arriba, no vaya a echarse a volar el machacado Castillo.

El arquitecto ibicenco que mejor lo ha estudiado, aunque al pobre no le dejan mirar de cerca, como a nadie, es Salvador Roig que se ha esforzado por trabajar un par de artículos bien documentados técnica y jurídicamente. Y lo ha hecho tranquilamente, porque sabe que esta vez se puede liar gorda. Se podría montar muy gorda como metan la pata todavía más. Ya la han metido, peor, han metido micropilotes y han alterado el caballero Santa Bárbara (esto parece el nombre de un grupo musical que a mí me gustaba mucho).

Pase (o no) lo de Can Botino, la abortada chimenea del ascensor del ayuntamiento, el embaldosado psicodélico de la alcaldesa, tan dada al viaje como a las ocurrencias disparatadas. Pase. Pero que nos cambien la silueta ya es un poco excesivo.

Como Roig ya lo ha publicado, solo recordar que todo esto es ilegal, no digo alegal, sino ilegal, porque va contra leyes y reglamentos aprobados y vigentes.

Y pase que escondieran el hallazgo desde noviembre (o antes) hasta enero. Pero desde aquí que no se pase ni una. Ni un milímetro. Hemos perdido el aura, ahora la silueta además, subraya el fenicio en sus anotaciones de navegación.


Diario de Ibiza
A MD Mariano Digital

sábado, marzo 07, 2009

Islas imaginarias, islas fabricadas


Entonces ¿qué vamos a hacer si el gran cambio climático nos roba terreno y el mar sube? En Ibiza lo tenemos bien, incluso podemos habitar en Es Vedrá, o en el Vedranell, pero otros tienen malas perspectivas.
Es cierto que algunos gobernantes de las islas Maldivas, un paraíso en el Índico, pero un paraíso casi a ras de mar y que quedará sepultado bajos las aguas, están gestionando la compra de grandes extensiones de terreno en la India y en Australia (lo tienen difícil con los australianos).
En tiempos no muy lejanos, cuando un autor necesitaba inventarse una isla lo hacía sin ningún problema: la isla de las morsas, de las moscas, de las sirenas, de las cabezas cortadas o la fantástica isla de San Brandán, en las Canarias.
Para todos ellos nació una moda en 1964 entre los diseñadores, ingenieros y arquitectos como Ron Herron, grupo Archigram. Se trata de diseñar ciudades flotantes, lo cual colmaría los deseos de los inventores de islas o solucionaría los problemas técnicos de inundaciones, terremotos u otras catástrofes.
Sinceramente ¿quién prestaría atención a estas cosas? Nadie, sólo un fenicio, que es gente prendada de la tecnología y de las aguas. El proyecto quedaría dormido, pero en 1990 Norman Nixon reflotó la idea, nunca mejor dicho: Freedom Ship.
La Barcaza de la Libertad nos interesa porque cabría toda Ibiza, cuando nuestra isla recupere la cordura y quede en los cien mil habitantes que jamás debiera haber sobrepasado. No es un barco, sino grandes plataformas articuladas (sí, recuerda los vagones de un tren TALGO) que navegan sin cesar por los océanos con todos los habitantes de Ibiza viviendo y trabajando en Neoibiza. Puede dar la vuelta al mundo cada tres años y goza de todos los servicios, incluso un aeropuerto. Los ibicencos, embrutecidos por el ruido del aeropuerto actual, no sabríamos conciliar el sueño en una relajante ciudad flotante silenciosa.
Me entusiasmó la idea (en mi blog he publicado fotos), pero sinceramente, aunque cupieran y caben todos los habitantes de las Maldivas, no le dí una valoración real, sólo como objeto de imaginación y ejercicio técnico de gran valor, pero teórico.
Era la segunda vez que cometía el mismo error, porque al cabo descubrí la Ciudad Nenúfar (Lilypad), mucho más estética, adornada de jardines, montañas, puertos y piscinas. Llega a recordar las ilustraciones de los fastuosos jardines de Babilonia que a menudo hemos visto en el cine. Así que desde los 60, en pleno hippismo, los diseñadores han concebido grandes ciudades no para huir del planeta, sino para quedarse, pero en zona húmeda. ¿Una locura o una genialidad? Yo me apunto, qué más da.

También puede consultarse:
 
Lilypad, un nenúfar flotando con 40.000 habitantes


Freedom Ship, ciudad flotando en los océanos