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domingo, abril 01, 2018

Y ahora la violencia

«Tomar el puerto y aislar Baleares, cerrar Mercabarna y jodemos a todos» (los CDR). Pero ¿no éramos aliados?
Y ahora la violencia catalanista contra Baleares. Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) están empeñados en arrasar Cataluña, su economía y su sistema de valores. Para empezar, su nombre. ¿Una revolución patrocinada por las clases dirigentes, por los ricachones locales? Qué raro ¿verdad? Así es, aliados con los antisistema, mareas, podemitas y separatistas.
Esta semana santa no solo ha sido triste en Cataluña, ha sido violenta, con amenazas a políticos constitucionalistas, a magistrados como Llarena y su familia. Perfectamente organizados y preparados en la lucha de guerrillas urbanas por la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) aplican el manual del perfecto activista en actos de terrorismo de baja intensidad, de momento.
En frente tienen a los Mozos de Escuadra, divididos y enfrentados entre ellos mismos, como una metáfora peligrosa de toda Cataluña: separatistas contra quienes defienden la democracia y la libertad dentro de la Constitución de España.
Quienes iniciaron este proceso diabólico hace apenas cinco años van siendo detenidos, gota a gota, lo cual ha enervado a los separatistas que siguen cobrando para organizar la algarabía y la lucha callejera. No les gusta que se les detenga por rebelión, ellos siguen sintiéndose intocables: España ha de permitirles todo y encima financiarles con sabrosas cantidades de dinero. Y si fracasan, quedar impunes. Porque ellos lo valen: son catalanes.
Y han fracasado en todo. Han dividido Cataluña, la han arruinado (la fuga de la World Race Cup es la última puñalada). No han internacionalizado el conflicto y ahora van contra Baleares: «Tomar el puerto y aislar Baleares, cerrar Mercabarna y jodemos a todos» (los CDR). Pero ¿no éramos aliados?
Cuando el presidente Vicent Torres llegó de Barcelona –al parecer muy impresionado– dijo que Ibiza debía estrechar relaciones con Cataluña. Yo me quedé de piedra: nos tienen a los niños sumergidos, hacen y deshacen a su antojo ¿qué es lo que habrá que estrechar? -me pregunté.
Todo lo contrario, sabemos por experiencia que cada vez que nos hemos apretado y estrechado más de la cuenta con los catalanes, hemos salido descalabrados.

sábado, octubre 21, 2017

Veneno de por vida

El Catalanismo no tiene por meta enseñar el catalán, sino imponer una ideología y a medio plazo conseguir la independencia de Cataluña, falsificando la historia y la realidad

El catalanismo es como todo nacionalismo una especie de religión y por tanto en permanente peligro de alcanzar altas cotas de ebullición, es decir de fanatismo. Huelga avisar que siempre que se pueda hay que huir de los fanatismos. Para más incordio suelen entregarse a la retórica vacía, crean compendios de lemas y frases memorizables que usan constantemente, venga o no venga cuento.
Una vez incrustadas estas arengas es complicado desactivarlas. Con lo que han costado de aprender estos ‘hallazgos’ en clave de paranoia no los vamos a borrar de buenas a primeras aunque racionalmente veamos que llevamos las de perder o que no tenemos razón. Viven la causa como una empresa bélica y les da lo mismo el tipo de armas, si es verdad o es mentira, lo importante es el resultado. Lo importante es desembarazarse de la odiada España, la gran opresora que nos ha pagado las mejores infraestructuras de Europa, los mejores Juegos Olímpicos de la historia (1992, cuando salían los hijos bajitos de Jordi Pujol con las pancartas de Catalonia is not Spain).
No conozco en el mundo un Estado que haya concebido 17 comunidades con un grado de autonomía tan generoso. Y con tal proporción de dinero para la autonomía. Pues bien, desde la cuna les inculcan a sus niños y los niños del resto de españoles afincados en Cataluña que España es su enemigo, que les dominó por la fuerza de las armas y que les roba el dinero que ganan. En realidad todo esto es una brutal falsificación de la historia, pero actúa en el espíritu infantil como un veneno de por vida. De momento solo se han cargado Cataluña. Pero sigue huyendo gente y empresas.

sábado, octubre 14, 2017

Las cosas iban demasiado bien

No se les adoctrina para aprender un idioma nuevo sino para convertirlos en rebeldes a la Constitución y exigir la independencia de un país inexistente. Todo para favorecer a las clases dominantes, muy proclives al hurto  del dinero común.
Las cosas iban demasiado bien en España y los catalanistas han decidido tomar el relevo de los vascos radicales para dinamitar la paz, la convivencia y la economía de todos los españoles.
Uno no es estratega político, esto se lo dejo a los ZPs, sánchez, iglesias y a los cuperos o a ERC, a los que parece salirles todo al revés, a no ser que pretendan arruinar a los españoles como fase previa de un proceso revolucionario. O hay algo que se nos escapa.
Quizás pensaron que la burguesía empresarial sacrificaría cientos de miles de millones en pro de una independencia que significa miseria y aislamiento internacional: todo lo contrario de lo que ansían los empresarios. Hoy salen huyendo de Cataluña.
Una parte significativa de catalanes se ha introducido en un bucle de despropósitos que los está conduciendo al barranco donde van a precipitarse y precipitar a muchos miles de seguidores fanatizados por los cuarenta años de adoctrinamiento en las escuelas, la prensa y los medios de comunicación.
Hay ya dos generaciones de catalanes que han sufrido el pulido de la fresadora escolar y han salido con unos conocimientos de historia, geografía y cultura general disparatados y ayunos de cualquier verdad. Sin olvidarnos de los nous catalans que ya pueden votar, en especial muchos moros y paquistaníes.
Lo que me preocupa es que en las aulas de Baleares y Valencia se sigue el mismo camino y las autoridades se desentienden. Lo dicho, las cosas iban bien, pero de repente han llegado los catalanistas. Y nadie va a ayudarnos, así que nosotros debemos proteger nuestro futuro y el de nuestros hijos.

miércoles, octubre 04, 2017

Catalanistas contra el turismo


Es arriesgado hacer previsiones porque intervienen incontables factores de riesgo. Hace unos días este fenicio explicaba que estábamos ante un nuevo escenario en el mundo árabe que podía llegar a ser muy beneficioso para el turismo de Baleares a corto o a medio plazo: las relaciones intensificadas entre Arabia e Israel. Del resultado de las mismas podría desprenderse un rápido proceso de pacificación en las riberas mediterráneas, lo cual aliviaría la densidad de visitantes en Ibiza. Así mismo, recordaba que Arabia ha emprendido ya una impresionante urbanización de algunas islas del Mar Rojo, para explotarlas para el turismo de lujo.
Pero, ay, no contábamos con los catalanistas. Cuando parecía que estaba desactivada la secesión vasca y sus terminales terroristas, se abre otro fenómeno de tintes revolucionarios, por mucho que esté inspirado y financiado por algunos miembros de la derecha dirigente catalana, que emplea las manazas violentas de la CUP, ante el beneplácito de ERC. Cualquier cosa antes que tener que enfrentarse a la justicia española.
El falso referéndum -ilegal y sin ninguna garantía- solo ha sido el señuelo para que Rajoy pueda quedar reflejado ante la prensa europea como el opresor que reprime, en vez del liberador que protege la Constitución y los derechos de los catalanes no separatistas, que son mayoría. El hecho es que cuando redacto estas líneas, martes 3, ya han amenazada con declarar la independencia, siguiendo con sus métodos golpistas, chapuceros, cuando no violentos.
La situación es extremadamente grave. Veremos cuanto afecta a la Bolsa, prima de riesgo y ocupación turística. El turismo rehuye los conflictos y si Rajoy no aplica el artículo 155 y otras medidas de contención de los golpistas, vamos al caos.

domingo, julio 30, 2017

Retorno al horror

En la Ibiza plácida entregada al festín del turismo nadie diría que aún sobreviven las pulsiones intestinas de nuestra guerra civil 1936-1939. Muchos de los protagonistas o simplemente testigos adolescentes ya han fallecido, no sin antes habernos dado una lección de perdón o al menos de olvido prudente. Fue tal el salvajismo de aquellos dos meses de verano y después el período de represalias, que ningún ibicenco quedó con ganas de remover el horror.
Tuve que presentar un programa dedicado a la guerra civil en la conexión balear de TVE. Busqué inútilmente durante semanas a tres protagonistas a los que invitar en el debate. Fue imposible. Solo dos hombres buenos y valientes me acompañaron a los estudios de Palma: Guillermo Tuells, abogado y quien fuera párraco de San Mateo, Antonio Costa Boned. Nadie se atrevía a sentarse en una mesa y compartir civilizadamente algunos recuerdos y opiniones, y eso que ya era a comienzos de la década de los 80. Salvé la situación cómo pude y hasta yo intervine como comentarista ocasional, para suplir aquella carencia.
Muy pronto aprendí, a comienzos de los 70, que este tema no se tocaba. Joven icnonoclasta, con ímpetu para hacerse un lugar en el mundillo, pero jamás pude penetrar el muro de silencio. Solo el efímero semanario UC, financiado en gran parte por el empresario Alonso Marí Calbet, que entonces jugaba a rojillo, publicó un informe sobre algunos hechos luctuosos en Ibiza y Formentera. Lo pagaron caro, de hecho, aquellas revelaciones sentenciaron la revista, que jamás consiguió un mínimo de publicidad para autofinanciarse y el hoy millonario empresario se cansó de pagar, como les suele ocurrir a estos pudientes pitiusos que se embarcan en aventuras periodísticas: poco les dura la vocación cuando han de rascarse el bolsillo.
Hace unos días, un jovenzuelo –probablemente hijo de este insensato proceso de catalanización de Ibiza– la emprendió a martillazos contra la lápida de la catedral, donde se referencian los nombres de los asesinados el 13 de septiembre de 1936. La Iglesia dejó 21 sacerdotes asesinados en un mes. ¿Regreso al horror?

miércoles, abril 06, 2016

No es éxito, es suicidio


Ibiza, 1953. Todavía no había llegado le turismo


Lo de Ibiza no es morir de éxito, es morir por suicidio, lo miremos como lo miremos. Mal que bien, las Pitiusas resistieron los embates progresivos pero en cierta forma relativamente pausados, moderados que se iniciaron en 1968.

Las islas ya sufrieron un primer boom turístico desde 1930 más o menos, pero apenas duró cinco años, porque lo segó abruptamente el estallido de una guerra civil que llenaría España entera de dolor. Ibiza y Formentera también pagarían su tributo de sangre, locura y muerte. Pero mal que bien, la integridad territorial de las islas y su equilibrio ecológico quedaron a salvo en una larga tregua que duraría unos 25 años.
Islotes e islas quedaron sembradas de metralla, bombas sin explotar y vainas de balas . Poco a poco fueron retiradas discretamente, como se retiraron numerosos personajes que pudieron poner tierra por medio. O mar. No pocos ibicencos se salvaron por huir a América o a Argel. Algunos por no soportar el sopor, la atmósfera claustrofóbica y el ambiente de una isla traumatizada.

Aquel turismo incipiente se desarrolló con energía, se construyeron chalés, hoteles, pensiones, hostales para cobijar a los forasteros que iban recalando en el puerto.
La isla estaba repleta de británicos, alemanes, franceses, americanos rebotados de la década de los “felices años 20”. Algunos serían muy famosos con el paso del tiempo. Pero todos tuvieron que salir pitando, ante la lluvia de bombas o ante el acoso codicioso de los milicianos mandados por el Gobierno de Cataluña, gobernado por Lluís Companys de ERC.

Algunos pudieron regresar en la década de los años 50: Bechtold, Bruno Beran, Will Faber, Erwin Broner, etc. Y formaron el fenómeno irrepetible más exitoso y brillante de nuestra historia: el nacimiento de un Babel de las artes, que apenas duraría hasta 1975.
El aeropuerto abriría su pista en 1958. Antes era un simple aeródromo. Y despegó Ibiza. Cuando llegó el turista cien mil, el Diario lo cantó en portada. Ibiza se abría al turismo, enlazando con aquella aventura de 1930-1936.

A partir de ahí se inicia la industria del turismo de masas. Fue positiva y fue divertida hasta 1980. Aportó riqueza y ayudó a salir de la cochambre. Entonces media docena de ibicencos inician y lideran una portentosa escalada de destrucción/construcción como jamás se había visto. No existían precedentes, ni siquiera en Mallorca, una isla mucho mayor y que puede amortiguar el impacto del consumo de recursos.

¿Exagero? El otro día salía esta noticia: El tráfico aéreo ha subido en más de dos millones de pasajeros en diez años: La terminal registra en 2015 su mejor ejercicio de la historia con 6,4 millones de usuarios y 64.612 operaciones de aterrizajes y despegues.

¿Morir de éxito o morir por suicidio? Al final del verano me lo contarán.


miércoles, diciembre 18, 2013

Prisioneros en Formentera

Joan Marí con la maqueta de la Colonia de la Savina, en la parte de abajo estaría s´Estany des Peix Foto Vicent Marí
Pedíamos silencio, tenemos derecho a exigirlo silenciosamente y en estas fechas podemos valorarlo y disfrutarlo, siempre que al lado de nuestra casa no levanten una central térmica biodiésel o una zona industrial o una discoteca. Los de Formentera podrán tramitar –o no– el BIC del campo de prisioneros de la Savina, donde dos mil presos de guerra pasaron una temporada de penurias. Se pasaba hambruna fuera, no se iba a pasar dentro. Los años más tremendos fueron los primeros de la década de los 40. Unos 2.000 silenciosos perdedores, algunos de los cuales murieron por avitaminosis, que es el mismo diagnóstico que Fidel dio en Cuba a los miles de afectados de ceguera. Murieron de hambre.
En Cuba se les dio un suplemento de vitamina B y todos comenzaron a ver, milagrosamente.
El novelista ibicenco Jordi Juan me habló mucho de este campo de prisioneros, que era uno de tantos que hubo en toda España. Y no el mayor. Hace unas semanas pasé por lo que fue el famoso campo de Castuera (Extremadura), que llegó a albergar a más de 10.000, o sea, cinco veces más que el de nuestra Formentera. Algunos autores de izquierdas les llaman campos de concentración. No tienen nada que ver. Eran campos de prisioneros y hubo un centenar de estables en toda España. Hay quien habla de 180, lo cual es altamente improbable en un país de 52 provincias. No hay que confundir -interesadamente o no- lo que es una zona temporal de reclusión con un campo asentado de prisioneros consolidado, como fueron el de Castuera o el de Formentera.
Lo cierto es que no es lo mismo una checa que una cárcel, no es lo mismo un campo de prisioneros, que usaron ambos bandos, el republicano y el nacional, que los campos de concentración, donde se concentraban civiles presos por motivos varios y que eran destinados al trabajo y al final al exterminio planificado, caso de los judíos en la Alemania nazi, por cierto en la misma época (1933-1945).
Quienes usen Internet encontrarán una lista exhaustiva aquí, incluyendo los campos del bando rojo y del azul. Quiero decir con ello que el valor histórico de estas instalaciones es muy relativo. No debiéramos magnificar la importancia de estas cosas. Respetando el trabajo de documentación de historiadores y arquitecto, dando por sentado el dolor, la locura y el sacrificio humano de una guerra que sólo acarreó desgracias y dejando claro el respeto que merecen todas las víctimas, me gustaría decirlo claramente: no debiéramos enquistar esta amplia zona y dejarla con las piedras mondas y arruinadas en recuerdo a una efemérides fatal, segregada del resto.
Ignoro quién es el propietario de este amplísimo terreno, pero sin llenarlo de edificios podría tener un uso más racional, respetando las proporciones, como parque abierto a todos, con un breve edificio-museo con un obelisco, por ejemplo. Pero eximiendo el resto de la superficie para parques, zonas de esparcimiento, incluso permitiendo al propietario la explotación de alguna zona, una parte, para amortizar la cesión del resto. Podría ser mucho más prolijo, pero prefiero ser breve y claro. Es mi opinión.

miércoles, diciembre 19, 2012

El turismo es el maná

La Ibiza preturística poco podía imaginar la gran explosión turística que arrasaría la configuración de las costas y el modo de vida de los ibicencos. Pero nos costó mucho trabajo.


A los ibicencos nos irrita que nos digan que el turismo es una lotería, un maná caído del cielo, porque sabemos por experiencia que hay que pelarse algo más que los nudillos para abrir un negocio serio en las islas, mantenerlo y adaptarlo año tras año a las nuevas exigencias. Aquí no te puedes dormir. Del cielo sólo caen chuzos de punta, inspecciones de Hacienda o alguna peste que alguien nos ha echado en la distancia. Del cielo no cae nada.
Ya vamos al menos tres generaciones, entendiéndolas en sentido amplio, desde que a finales de los 60 unos cuantos ibicencos locos hipotecaron su propio piso para abrir una tienda, una pensión o una agencia. Todos conocemos una decena de historias de ibicencos ejemplares, los modernos corsarios, que en San Antonio, Santa Eulalia, San José y en Ibiza capital relanzaron lo que en los primeros cinco años de los 30 empezó a ser una actividad incipiente.
Aquella sangrienta y traumatizante guerra civil partió en dos nuestro siglo XX. Los extranjeros, artistas, músicos, pintores y viajeros a su vez vieron violentamente truncado su verano a partir de finales del mes de julio. Quedaban pocos en la isla aquel triste 8 de agosto cuando desembarcaron por San Carlos las hordas mandadas por la Generalidad de Cataluña, por Lluís Companys, de Esquerra Republicana de Catalunya. Hasta el 13 de septiembre estuvieron en Ibiza sembrando la desgracia y el dolor. Y la consiguiente réplica nacional, igualmente exagerada. Aquellos extranjeros que no quisieron o no pudieron irse antes, tuvieron tiempo de arrepentirse.
No olvidemos estas cosas, aquel verano de 1936 partido en dos, aquella Ibiza partida en dos que no recuperaría un vida normalizada hasta los años 50. Sólo a partir de 1953 regresan algunos extranjeros y algunos, pocos, viajeros. Aquello no era turismo. Miseria y caciquismo.
Del cielo habían caído bombas y obuses, más de los necesarios y ninguno deseado. Cuando a finales de los 60 algunos jóvenes lobeznos de la derecha local comienzan a levantar hoteles como jaulas de conejos podríamos decir que estaba todo por hacer. E hicieron mucho. No se puede negar que levantaron Ibiza, una isla mayormente analfabeta, depauperada y en gran parte todavía aterrorizada.
Uno de los logros es que hay al menos dos generaciones de ibicencos que –si leen este folio– pensarán que hablo de las guerras napoleónicas. Pues no, fue ayer, fue tu abuelo, incluso tu padre, ayer mismo.
Yo diría que en general somos conscientes de los esfuerzos que nos ha costado levantar una estructura hostelera que ya quisieran otros países ribereños. Y sólo en esta islita de 572 km2.
Nunca podremos valorar bastante el trabajo de estos pioneros. A partir de ahí tenemos la obligación de superarlos, podemos criticarlo todo, pero para levantar algo mejor en una isla ya demasiado machacada.
A nosotros nos toca ya valorar el aire limpio, las playas cristalinas, el bosque verde y libre de mazacotes. Y esto es una tarea descomunal que tenemos que hacer entre todos, al margen de las ideas políticas de cada cual y sin tregua.
Si te dicen que la fortuna nos cayó del cielo contéstales: sí, pero nos pilló con la azada en la mano. Y no debemos soltarla.

sábado, agosto 25, 2012

Guerra y paz en Corona


Foto vía Ibiza-Blog


Corona en el meu record. Memòria d'una altra Eivissa, de Pepita Brullas Tarragó y Vicent Marí Costa (coordinador) es un documento de tipo memorialístico y periodístico que ha editado Mediterrània. Lleva un emotivo prólogo de Neus Torres Costa.

En 1935 comienza la historia, en un año en que vinieron muchos viajeros, en gran parte, gente que estando en Mallorca fue avisada para no caer por la isla de Ibiza, donde habitaba una gente salvaje, que usaba cuchillas con facilidad y que vivía con cientos de años de retraso. Así nos trataban o nos consideraban los mallorquines, en general. De hecho, no les faltaba razón en algunas cosas. Cuando el matrimonio Brullas atraca en Ibiza, llevan con ellos a su hijo, 11 años, y a su hija de 9. Será ésta, Pepita Brullas Tarragó, quien nos cuente la historia.

En principio llegan a Vila, pero buscan un taxista valiente que les suba por el camino de carro hasta Santa Inés o Corona (¿llamado así por el rosario de montañas que coronan el valle repleto de almendros?). Su sorpresa es mayúscula cuando se encuentran con unos habitantes próximos, afectuosos, que se desviven para que aquella familia catalana pase unos días felices. La generosidad fenicia, mediterránea les desarma, de tal forma que quedarán prendados y decididos a compartir sus vidas. Aquella familia catalana es cristiana, católica, que practica la caridad y quedan asombrados del comportamiento de los fenicios milenarios.

También existen catalanes modestos que no van por la vida corrigiendo e interpolando con sus pesados ´vull dir´, ´això es diu així´ y con aires de impostada superioridad. Los Brullas sacan fotos de todo, aprenden de un mundo arcaico y novedoso, las costumbres (pesca, cocina, sa vetlada, matanzas, etc.) y las distancias.

El año siguiente, 1936, volvían a estar en Ibiza cuando se enteran con varios días de retraso de que los rojos han desembarcado y que están haciendo mucho daño, saqueando y, lo que es peor para aquella familia cristiana, robando las piezas de valor y quemando retablos, mobiliario y asesinando a los sacerdotes. Pepita Tarragó parece que tuvo una gran ascendencia para salvar al párroco de Santa Inés: lo vistieron de paisano y lo escondieron, así como todas aquellas piezas sagradas que pudieron enterrar apresuradamente en un pajar que caía a desmano.

Como María Teresa León en Ibiza, la brava catalana se enfrentó a los milicianos sedientos de sangre y de fuego, aconsejándoles que no quemaran nada. Su diatriba surtió efecto, pero al día siguiente volvieron y dejaron el maderamen de la iglesia convertido en plena tea encendida.
Su admirable actitud, su rectitud, su solidaridad con los coroners tiene un episodio oscuro que no queda claro en estas memorias: la destrucción parcial de la maravillosa cueva S'Avenc des Pouàs (más adelante sería excavada por los paleontólogos), ubicada en una finca que adquirieron.

La propia Pepita probablemente ignore siempre lo que pasó, pero sigue en línea con la aciaga conducta de algunos catalanes a la hora de meter sus manos en nuestra arqueología: temprano empezó Santiago Rusiñol a escarbar a lo bestia en es Puig des Molins, con ayuda de algunos ´prohombres´ ibicencos, todo hay que decirlo; más adelante, la cueva de Tanit en es Cuieram probó la dinamita, según mis informes gracias a un catalán que usaba un nombre aristocrático. Etc.
Comprenderán que haya disfrutado de un ameno viaje en barco. Acabé el libro en el tren. Si les gusta saber cosas de Ibiza se lo recomiendo, pero solo está editado en catalán.

sábado, febrero 11, 2012

Sonríen, pero incumplen las sentencias

El nacionalsocialismo ya ha arruinado Catalonia y ahora quiere proyectar su proyecto demencial sobre las Baleares.

Sonríen y hacen como que no va con ellos: los catalanistas no van a cumplir las sentencias judiciales, al menos cinco –según la contabilidad desesperada del catedrático Francisco Caja–, mientras en paralelo Artur Mas no para de reprochar al gobierno de ZP los incumplimientos de acuerdos verbales.

Que no vaya una cosa por otra y en los dos casos ambos tienen razón: tanto Mas como Zapatero han incumplido. Pero tampoco se pueden poner en rango de igualdad unos acuerdos verbales sobre el tema que sea (casi siempre es sobre financiación, el catalanismo finalmente se resume en pedir más dinero, siempre más dinero) y una reiterada negativa a incumplir las sentencias de distintas instancias judiciales: Tribunal Superior de Justicia, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, y esto sin contar otras instancias europeas, que si no han llegado ya llegarán.

Cataluña incumple las sentencias, obviando que el judicial es uno de los tres pilares del Estado de Derecho, es decir, al incumplir las sentencias están incumpliendo la Constitución.

Me hace gracia cuando leo a la media docena de catalanistas, «los abajo firmantes ibicencos» de siempre, inasequibles al desaliento, amenazar al proyecto de ley de reforma de la Ley de la Función Pública con una denuncia al Tribunal de Estrasburgo. ¿Contarán al alto Tribunal internacional que en Cataluña se niegan a cumplir las sentencias? ¿Si ustedes se burlan del poder judicial, por qué le piden amparo? ¿O sólo creen en las leyes cuando les son favorables? Como mínimo es tragicómico.

La táctica que emplean estos nacionalistas, adornados con un fuerte deje antiespañol y no poca hispanofobia, es la de negar la inmersión lingüística y acusar al PP de romper la paz social. Pues haberla hayla, de ahí las sentencias contumaces en su contra, las sentencias que dejan bien claro que la Generalitat (o en su caso el Govern balear) ha de poner los medios pertinentes para que el alumnado pueda escoger lengua vehicular, al menos entre el catalán y el castellano o español.

No lo hacen. Al contrario, el presidente de Cataluña se va a Madrid para avisarle a Rajoy de que existen unas líneas rojas que no se deben pisar y una de ellas es el actual modelo ilegal de educación. Es fácil entender que la única línea roja de un Estado de Derecho es la Ley, y la ley de leyes es la Constitución. Todo lo demás son inventos espurios que saldrán carísimos en dinero, en preparación y en futuro a los catalanes y al resto de españoles.

Los catalanistas, sean de Capdepera o de Sant Feliu de Guíxols, algún día entenderán que no se puede gobernar ni vivir en una sociedad donde nos movemos por anhelos vocativos y por bucles melancólicos que nos llevan a la ruina, dejando por el camino muchos estragos en la trama de afectos que nos une a todos los españoles.

Ignoro lo que le contestó Rajoy a Mas, pero su ministro de Educación Wert ha comentado que «vigilaría» el cumplimiento de las leyes en Catalonia, así en el cielo como en la tierra, lo cual ha alarmado a la consejera catalana Irene Rigau: «No hay reglamentos sobre esto».

Ya los habrá, se llama Alta Inspección del Estado y espero que UpyD vaya tomando fuerza. Aparte, ay, señora Rigau, un reglamento es innecesario ante la fuerza de las 5 sentencias. Es decir, ante la fuerza de la Constitución democrática y elegida libremente por todos los españoles, incluidos los catalanes.

Diario de Ibiza

miércoles, julio 28, 2010

Llobet y la persecución religiosa


Mariano Llobet ha cerrado el círculo sobre la guerra civil en las Pitiusas con la publicación de un libro útil y esclarecedor: ´Apuntes sobre la persecución religiosa en la diócesis de Ibiza durante la guerra civil española de 1936 a 1939´.
El abogado y escritor ibicenco ha necesitado tres libros para narrarnos los prolegómenos y el desarrollo de la guerra civil en nuestras apartadas islas. Comenzó por 'Personas y días de la Segunda República', un texto esencial para comprender la mentalidad de la época, los personajes que trajeron y que al final destruyeron a la propia República, y en suma una explicación sucinta de los acontecimientos que precipitaron una explosión de odio y de sangre sin precedentes. Esto lo explica en el segundo tomo de la trilogía, 'La guerra civil en Ibiza y Formentera', un auténtico reto donde el autor confronta un centenar de libros sobre el mismo tema, abarcando todas las ideologías, aunque predomina la versión más izquierdista, según recuento efectuado por el prologuista Bartolomé Escandell.
Y finalmente este opúsculo de 47 páginas, que sirve de colofón estremecedor a la trilogía que narra uno de los peores años de nuestra historia milenaria, el año 1936. Colofón porque cierra esta minuciosa aventura bibliográfica y aldabonazo por lo que pueda tener de llamada de atención a los espíritus sensibles y ecuánimes.
El anticlericalismo no es de hoy ni de los años 30, ni siquiera de la Semana Trágica (Barcelona, 1909) o de la anterior desamortización de Mendizábal. Quien haya leído la 'Historia mágica de España' de Sánchez Dragó, por mencionar un libro de divulgación muy popular al alcance de todos, encontrará abundantes ejemplos desde el comienzo del cristianismo. En todo caso llama la atención cómo se usó la violencia contra los religiosos (monjas, frailes, sacerdotes, seminaristas) y contra el patrimonio de la Iglesia (bibliotecas, edificios, conventos, iglesias, capillas, ermitas, pinturas, estatuas, escultura, joyería) desde los primeros momentos de la República de forma coordinada y en distintos puntos de España, lo cual demuestra –como si hiciera falta– un dirigismo vesánico desde arriba, que no cesó en toda la guerra. Paracuellos es un paradigma del horror, pero también en Cataluña, donde bajo la égida de Lluís Companys se persiguió con saña a clérigos, monjas y se les saqueó los conventos y se les robó todos sus bienes disponibles.
Leía hace dos días en La Vanguardia, con la firma de nuestro querido Josep Massot, el intento de salvar a 200 religiosos maristas (la sede estaba en Francia) mediante el pago de un rescate de 200.000 francos. Tarradellas los cobró, pero igualmente fusilaron a los desdichados maristas.
El horror sucedía al horror. Mariano Llobet escribió esta relación atendiendo una petición del obispado para gestionar ante el Vaticano un expediente que reconociera a nuestros mártires. Nada menos que 21 fueron asesinados en algo más de un mes. Apenas los rojos pisaron tierra en Formentera y ya buscaban curas (como decían ellos despectivamente). Uno se entera de que había en las islas 53 sacerdotes. No todos tuvieron suerte, incluso es Bisbe Frit, el obispo don Antonio Cardona Riera pudo salvarse disfrazándose de payés.
Quedan muchas cosas por contar y espero que una vez cerrada la trilogía doliente, nuestro escritor pueda concentrarse en unas memorias que serían sabrosas.

sábado, julio 03, 2010

Mariano Llobet analiza la guerra civil





Mariano Llobet se enfrenta nada menos que a cien libros que tratan sobre la materia, la guerra civil de 1936-1939, al que algunos han considerado la cuarta guerra carlista.
Cuenta con un precedente brillante, una síntesis de los prolegómenos, es decir del período republicano, 1931-36, en un libro anterior del cual ya les he hablado, 'Personas y días de la segunda República'.
Nuestro querido elefante ha seguido un método impecable. Ha escogido un centenar de libros y los ha confrontado con los últimos descubrimientos y con su propia memoria, refrescada con numerosos testimonios directos. El mismo autor se explica en el artículo final, el cien, dedicado precisamente a un libro que sin restarle méritos memorialísticos, tiene mucho de mitología doméstica y de fabulación: 'Vida y muerte de un pueblo español', de Elliot Paul. El abogado pitiuso rebate y explica algunas de las más importantes mentiras del autor norteamericano.
El problema al que nos enfrentamos todos cuando buscamos un rigor histórico exento de exageraciones y de mentiras -sean del bando que sean- es la propaganda, que en una guerra puede ser un instrumento lícito, pero que hoy sólo sirve de humo para tapar los hechos. En este aspecto brillan por su mendacidad numerosos escritores y corresponsales norteamericanos, con el agravante de que al ser más conocidos han sido amplia y repetidamente citados.
Ibiza tiene su propio paradigma en esta circunstancia en Elliot Paul. Otros muchos autores extranjeros después reproducirán algunas de estas exageraciones. Por ejemplo, suele reseñarse el carácter crudelísimo de la guerra civil en Ibiza, sin mayores explicaciones. Y es cierto, sólo los hechos del 13 de septiembre ya son de por sí merecedores de una placa a la infamia, tanto los bombardeos de la ciudad por parte de unos aviones nacionales por la mañana, cuanto la horrorosa hecatombe del atardecer en el Castillo perpetrada por los rojos, donde dejaron la vida más de un centenar de ibicencos. Estaban ahí encerrados, indefensos y sin juicio ninguno fueron masacrados vilmente.
La ciudad de Ibiza dejó aquel día, y eso ya lo he escrito otras veces, un número de muertos similar al de los bombardeos de Guernica, aunque la propaganda magnificara el cruel bombardeo de la ciudad vasca.
Pero Ibiza no tenía padrinos en la posguerra. Cayó en el olvido más atroz y los ibicencos que se quedaron pasaron todas las penurias imaginables... hasta bien avanzados los años 50. Incluyendo todas las represalias posibles tomadas por los nacionales vencedores.
La guerra civil en las islas todavía guarda secretos. Leyendo estas densas 481 páginas uno va recorriendo el escenario por tierra, mar y aire con puntuales notas de clarificación o corrección que nos van ayudando a fijar los hechos principales de la contienda.
Este trabajo valiente y útil para quien quiera hacer un ejercicio de memoria al margen de las maniobras sectarias de los partidos políticos ha sido prologado por el doctor en Historia Bartolomé Escandell, que tanto sabe también de Ibiza, y fue publicado en las páginas del Diario de Ibiza por entregas semanales. Leerlo en conjunto lo hace más apreciable. No dejen de leer este libro, me agradecerán la recomendación.

sábado, junio 19, 2010

La república vista por Mariano Llobet

Cuando los de mi generación decimos ´la República´ nos solemos referir a la segunda (1931-1936), ignorando que en España existió una primera (1873-1874) que duró un año, llegó a cobijar tres guerras civiles al mismo tiempo y que dejó un precedente maldito en nuestro destino. Acabó en enfrentamientos muy sangrientos, disgregando nuestra Península en cacicatos, regiones o autonomías, entonces llamados cantones.
No es raro que el abogado, político y escritor ibicenco Mariano Llobet haya sentido desde siempre una irresistible fascinación por estos hechos, y en general por el siglo XIX y XX. Además, la guerra civil le alcanzó de lleno dejándole marcado de por vida.
«Mi infancia estuvo plagada de muertos, de lutos, de penas. Yo parecía como la Tristana de Buñuel, pero en nene», me contaba en una lejana entrevista realizada a comienzos de los años 70 para ´Ibiza y sus gentes´, una sección que yo tenía en el Diario de Ibiza y de la cual extraje una gran parte del material que nutrió dos volúmenes de entrevistas, conocidos por ´Ibiza, la senda de los elefantes´. Un elefante era y es un escritor, un pintor o un personaje dotado de magnetismo y biografía, un ser que camina y peregrina para cambiar su vida y la del prójimo, a veces sin ser consciente.
Aquellas entrevistas tuvieron una repercusión notable. En la Ibiza de 1973 nadie solía hablar de sí mismo, de sus sentimientos, de la historia, de la familia ni de la guerra civil. Mariano Llobet no me defraudó. Es más, recientemente le he pedido que escriba sus memorias, que serían fuente de historias, anécdotas y de información, incluso aunque soslayara episodios divertidísimos, escabrosos o no.
Ahora recibo simultáneamente sus dos libros sobre la República y la guerra civil, lo cual me permite leerlos por orden en su totalidad. Ya es sabido que el libro de la República fue publicado por artículos en El Mundo de Baleares, mientras que el de la guerra civil iluminó las páginas del Diario de Ibiza.
Debo resumir: son excelentes fuentes de información, de criterio y por mucho que puedan criticarle desde el Mester de Progresía Pitiusa, son un ejemplo de ecuanimidad en líneas generales. Precisamente el tipo de libro que el carcomido espíritu de nuestra época trataría de silenciar (y quizás lo consigan, los libros no son fáciles de encontrar ni en Ibiza) para dejar paso a la cascada de propaganda política que intenta reescribir nuestra historia.
Mariano Llobet no da una sola opinión que no sea abonada por los datos y el rigor. Claro que en 300 páginas no se puede resumir todo, pero ha seguido un método bastante personal, con amplia aportación bibliográfica y tratando un aspecto en cada capítulo.
Así comienza con una relación generosa sobre quienes ayudaron a traer la República, liquidando la dictablanda del general Primo de Rivera y el reinado de Alfonso XIII, Borbón abuelo de nuestro actual rey, que salió de España a toda velocidad desde Cartagena.
La República empezó siendo de todos y acabó siendo de nadie. Nació con alegría inconsciente sin esperar ni el recuento de las elecciones municipales. Y apenas nacida ya comenzaron las animaladas y la barbarie, como la quema de conventos, obras de arte, bibliotecas, iglesias y otras salvajadas consentidas por el Gobierno. Y acabó en un baño de sangre que dejó sorprendido a todo el Planeta.

Lean este magnífico libro: ´Personas y días de la segunda República´, de Mariano Llobet Román.

sábado, abril 04, 2009

El peor camino de todos los posibles

El cordobés José Montilla, ahora normalizado al catalán bajo el nombre de Josep Montilla, firma vete a saber qué con Francesc Antich, el presidente del Hexapartito, abrumado por la corrupción y las presiones sectarias de los catalanistas. Todo vale contra el español. Mientras, Baleares sigue sin rumbo que solucione la sanidad, enseñanza, economía, turismo, etc. Y el PP a la fuga o escondido en el bunker.

"Normalización sin imposición», «Castellano o catalán, lo primero es calidad» o «Menos política, más sanidad», son algunas de las frases que pudieron recogerse en la manifestación de personal sanitario que ahora se siente golpeado de lleno por el Decretazo Antich, que pretende activar mil medidas para catalanizar a la sociedad balear. Desde los rezos de los maitines hasta las máquinas tragaperras (tragacadelles) de las tabernas.
Esta medida es demencial y está fuera de la realidad.
Yo pienso que este camino emprendido a comienzos de los ochenta es el peor de todos los posibles. Diez años antes, cuando yo empezaba a escribir, pedía (no éramos más de media docena) que se respetara el catalán y que se enseñara en las escuelas.
Pero jamás pude imaginar cuánto resentimiento y ceguera política se escondía tras las palabritas almibaradas de los catalanistas, auténticos profesionales del enredo, del medro personal y de la ingeniería social.
Ahora han conseguido la llave maestra de la gobernabilidad, aunque su peso real sea en realidad insignificante. Y en definitiva, pueden promulgar todas las leyes que quieran, pero serán derogadas (o deberían serlo) cuando en el 2011 sean desalojados del poder.
En Ibiza siempre nos hemos apañado muy bien, a pesar de que en los últimos diez o doce años parece que hemos enloquecido, probablemente contagiados por el exterior.
Y como no lo digo ahora, sino que lo he ido cronicando al menos dos veces por semana, ahora personalmente ya no me sorprendo.
Por una parte, el Partido Popular ha sufrido el mismo problema que el Partido Socialista: la usurpación del poder por una minoría.
No se explica de otra manera la etapa del PP en la que puso de consejera a una atractiva hija de Abel Matutes.
La historia es conocida: autopistas, escalextrics, puentes y ya lo teníamos encaramado en es Viver para acabar de arrasar lo poco que queda de la zona. Terrorífico.
Estrellado el PP con toda justicia, ahora el PSOE sucumbe bajo el peso de ERC y algunos más.
Acuciado por la corrupción y por la matemática, Antich aprobaría cualquier animalada, con tal de no convocar elecciones, porque sabe que probablemente, de hacerlo, su carrera política habría terminado para siempre.
Y tenemos lo que un comentarista de un foro llamó el lingotazo catalán. El calambrazo. Horroroso.
¿Cuál es la maldición de estas islas? Que para no tener que solucionar los problemas enquistados, se inventan otros nuevos. De esta manera, lo reciente y lo urgente, relega y oculta lo importante.
Con Dios.