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miércoles, diciembre 27, 2017

Los locuras de Clifford Irving

Edith y Clifford en su casa de Ibiza con sus dos hijos, años 70

Una vez me dijo Edith Sommer, ex esposa de Clifford Irving, que para entender el espíritu de su historia y los matices de sus escándalos internacionales, había que conocer el ambiente de aquella época de Ibiza, un ambiente de locuras simpáticas, por decirlo de alguna manera, pero que analizadas fríamente eran auténticos disparates que pondrían los pelos de punta a cualquier persona sensata. Disparates y delitos graves.
Mientras estuvo casado con la pintora suiza Edith, Clifford escribió muchos artículos y encontró un filón que le pondría en el mapa internacional de los editores: la biografía del falsificador húngaro apátrida Elmyr de Hory Boutin. Aquella edición enardeció aún más al cómplice homosexual Fernand Legros, quizás el mayor enemigo de Elmyr y el causante de su suicidio al solicitar la extradición a Francia.
El asunto tomó alcance y morbo. Tanto que Legros publicó sus memorias y más tarde lo haría el tercero en discordia, Real Lessard, que ahora vive en Marruecos.
En este contexto también se movía Clifford. Una de sus locuras más inocentes, tratando con el antropólogo Desmond Morris era traerse un elefante de la India a Ibiza. Pero los chascarrillos se multiplicaban y se contaban en las terrazas soleadas del Montesol.
Y ahí pensó el escritor que era el momento de aprovechar un manuscrito que había llegado de forma oscura a sus manos: la vida del excéntrico multimillonario Howard Hughes. Fue su perdición y su consagración. Ahora ha fallecido a los 87 años.

miércoles, agosto 23, 2017

Y hace 50 años Ibiza despegó

San Francisco, 1967, propició la explosión de hippies en IBIZA
No conozco ningún lugar del mundo donde la química del movimiento hippy reaccionara tan creativamente como en Ibiza: el hippismo la despertó de su letargo, tras una guerra civil cruenta y espantosa, y la puso en el mercado mundial.
Ni Londres, Amsterdam, Marraquech, Tánger, Estambul, Goa, lograron resultados parecidos. Sólo San Francisco e Ibiza. ¿Por qué? Siempre hay varios motivos, pero en ambos escenarios ya existían unas condiciones previas que lograron un injerto perfecto, al menos desde los años 50.
Ibiza ya conocía las rarezas de los visitantes, pintores, escritores, músicos o simples viajeros beatniks que paseaban su rechazo a la sociedad de consumo, recién asentada tras los desastres de la II Guerra. Ibiza mantenía una sociedad casi milenaria, muy sujeta a la naturaleza que hechizó a aquellos caminantes, que experimentaban con drogas y manifestaban un explícito rechazo a la guerra de Corea y después de Vietnam y además luchadores por los derechos civiles. Sobre todo en Estados Unidos. Londres vivía en 1967 su propia rebelión, París y Praga lo harían en 1968, pero ninguno de ellos logró revolver las tripas de la sociedad como los hippies norteamericanos.
En 1966 comenzó la gran llamada, que culminó en el verano del amor de San Francisco en 1967, en el parque Golden Gate. Después se pasaron a Haight Ashbury, pero todo San Francisco despertó un efecto llamada que prendió como una tea. Sorprendió a policías y autoridades y aquel verano inolvidable reunió a cientos de miles de jóvenes que buscaban amor, sexo, drogas y una nueva vida.
Ibiza recibió la gran andanada de jovenzuelos desde el 68 y aquí bien que aprovecharon la oportunidad. Ibiza estaba lanzada a la carrera hotelera. Hasta hoy.
@MarianoPlanells

miércoles, julio 26, 2017

Tamborrada en Benirrás

El desatado incendio de Benirrás puso en peligro muchas vidas humanas en la playa

Benirrás es una cala sin salidas, una ratonera mortal.
En este truculento verano, donde la isla queda manchada de sangre con una frecuencia enojosa, causa placer descubrir que hay alguien que lucha por los tambores, aunque no el típico de Ibiza, que en realidad es un tamboril.
Tantos heridos, tantas muertes nos abruman y nos ponen ante una pregunta: ¿entonces el peligro no eran las antiguas carreteras?
Que media docena de bongós o de congas reunidos en Benirrás te rompan los nervios, por su persistente percusión en un área de descanso, se puede sobrellevar.
Que se reúnan dos docenas o más, ya nos despierta cierta inquietud. No solo porque ellos al ruido le llaman música, sino porque la congregación de tantos visitantes en un punto que no tiene salida si no es por el mar nos plantean un problema serio de seguridad, de supervivencia, como quedó demostrado en el último incendio forestal de la zona. Y que se resolvió gracias a la generosidad y presteza de los particulares que se acercaron con su lancha a recoger gente desde el mar.
Comprendo que la tamborrada de Benirrás se haya convertido en un falso fleco del hippismo de los años 60 y 70, pero aquello se acabó. Is over. Y además nunca se celebraron estas tamborradas en tiempos hippies, por eso nunca existió necesidad de prohibirlas. Ahora se sienten profesionales. ¿Sí? Que se saquen las licencias y que se busquen otro sitio más seguro de fácil evacuación. Benirrás es muy frágil y a ustedes nadie les ha llamado.

Periódico de Ibiza

sábado, diciembre 03, 2016

Para mí el budismo con cerveza

Genesha o Ganesh, dios de la buena suerte
Rajan Zed es un líder hindú que acaba de reñir desde la distancia a una empresa cervecera ibicenca, por usar las imágenes de algunas deidades de la India. Cada vez que aparece un clérigo, gurú, de alguna religión, la que sea, exigiendo que los dioses solo sean adorados en los templos y santuarios, ya me pongo en guardia: están luchando por lo mismo que critican, o sea, por hacerse ellos con los óbolos de los creyentes, o sea controlar.
Son muy libres, pero yo lo soy para detectar su hipocresía. ¿A quién pertenece el copyright de los dioses? En realidad son representaciones icónicas centenarias o milenarias cuya autoría es imposible de demostrar ni de registrar. Lo que es seguro es que la imagen de Kali, Vishnu o Ganeesha no pertenecen al hinduista instalado en Estados Unidos tan ricamente, desde donde dirige sus embates contras los fabricantes de cerveza de medio mundo. ¿Tendrá acciones en alguna marca global de birra?
A mi el hinduismo, contagiado de radicalidad y rigidez, no me atrae lo más mínimo.
Como toda religión tiene mi elegante respeto, pero me considero libre de criticarlas todas –incluso el Cristianismo– en un registro intelectual. Además es un guirigay inaprensible. Hagan el intento de consultarlo. De mis tiempos con dudas metafísicas y mi etapa contracultural de los años 70, me queda una atracción por el budismo. En concreto, por el budismo zen: sencillo, intuitivo, sin dioses implacables, sin castigos, humanitario, sin clases sociales (abolieron el sistema de castas) y sin clérigos.
Un budista zen jamás te diría las palabras de este hinduista-guardián que se enzarza con los cerveceros de Tanit. Es más, si yo estuviera en Ibiza me tomaría dos o tres cervecitas de Ibosim Brewhouse para entonarme y elevar mi espíritu y acercarlo a la energía del Universo. Como han hecho desde la cuna de la Humanidad los chamanes, santones o clérigos, ayudándose por sustancias y drogas impensables, como es el caso del Oráculo de Delfos, donde la Sibila se embriagaba y empezaba a farfullar. Al lado había un ayudante que hacía de intérprete. (Deje aquí su óbolo).
Tampoco han estado afortunados los cerveceros en su defensa. Ibiza no tiene una gran vinculación con la India. Ibiza es un enorme mercado veraniego que se nutre de quincalla india y muchos ibicencos se marchan allá en invierno porque es barato.
Bebed, bebed, adorando estas puestas de sol otoñales y cavilad como fenicios al resguardo de las paredes de piedra seca. La energía cósmica nos devolverá el verano renovado.

sábado, enero 10, 2015

Adiós al Montesol, solárium de Ibiza

foto ibiza5sentidos

Cuando se diseñaron y aprobaron las autovías dije que Ibiza estaba desprendiéndose de su propia aura, en términos benjaminianos y desde entonces la realidad se ha encargado de confirmarlo año tras año. El fenómeno no se ha traducido en una visualización catastrófica por el simple hecho de que Dalt Vila soporta estoicamente todas las afrentas y las heridas, arquitectónicas, urbanísticas y de todo tipo. Pero a medida que se desciende de la catedral, ya se percibe la sensación: Ibiza ha volado en mil pedazos. Lo que existe ahora es otra cosa.
En la calle de las farmacias, hasta la llegada al puerto, la alarmante sensación se convierte en una evidencia: esto ha concluido y cada vez será peor. Mucho peor. En una ciudad diseñada por los sabios cartagineses (o sea, fenicios cambiados de Tiro a Cartago) hace 2.700 años no se puede absorber ni dar servicio portuario a tres millones de vándalos que la visitan cada año, en un intervalo de apenas cinco meses.
A partir de aquí veréis los mayores errores horrorosos, perpetrados por los políticos y bendecidos por los arquitectos y viceversa: puede ser un intento de cargarse el puerto terminado a comienzos del siglo XX o construir una depuradora que no funcionará a unos 110 metros de altura sobre el nivel del mar. O urbanizar toda la Platja d´en Bossa, sin darle ni un metro de respiro. O tener las discotecas dentro de la ciudad durante la mayor parte de las 24 horas. Y no os quejéis o acabarán por construir una central nuclear en San Rafael.
Ya estamos acostumbrados. Frente a las barbaridades podemos oponernos mandando una carta al diario y ya quedamos con la conciencia tranquila. Pero hay algo que no se puede sobrepasar: perder la propia sombra, prescindir de la buena sombra. Es lo que ha ocurrido en Ibiza al perder su aura. Esterilización, uniformidad, vulgaridad, adobado todo ello con mucha droga, corrupción y un ruido espantoso.
Hotel Montesol, en celebrada foto de Toni Riera, años 70
La última prueba de esta pérdida irremediable, de esta amputación sin sentido es el cierre de las galerías Serra y el hotel Montesol, que cumple ya más de 80 años, una buena edad para jubilarse. No siempre se llamó así desde que se inauguró en 1933 y nacido de la mano experta de un maestro de obras, mestre Campos, Juan Gómez Ripoll, que murió fusilado al final de la contienda civil 1936-39. El Gran Hotel Ibiza se convirtió en el centro de acogida de viajeros y turistas. Su nombre no exageraba un ápice. Emplazado en el paseo Vara de Rey, casi rozando las aguas del puerto, años después recibió el nombre actual, que parece fruto de una broma: Montesol. ¿Un monte casi dentro del mar? Durante muchos años se convirtió en el solárium improvisado de miles de hippies y personajes de todo el mundo. Ahora llega el silencio, la duda, la espera. La incertidumbre. Como ocurre con toda la isla, desprovista del aura.

sábado, mayo 17, 2014

Barbet Schroeder vuelve a casa






El creador siempre vuelve al lugar del crimen, o al lugar donde alcanzó un clímax singular en su ópera prima, y esta fue ´More´. Y si además es cierto que su madre vive en la isla –cosa que yo ignoraba– es comprensible su revisión autobiográfica y un regreso a los orígenes. Entiéndanme en sentido amplio. Barbet Schroeder tiene grandes fundamentos en su vida profesional, con una sólida formación en lo mejor del cine francés del siglo XX, es decir, tiene una gramática propia formalizada. Además tiene una fecunda experiencia como director y como productor. Y por si fuera poco, conoce la industria del cine en Europa y en Estados Unidos. Y 73 años, una edad magistral.
Y sin embargo, el creador regresa al lugar donde rodó ´More´, una obra que le catapultó al mundo, con una polémica tras otra, con ataques de la censura y con un reguero de críticas. Ha vuelto a una islita entonces todavía olvidada que sólo llevaba diez años con una pista aeroportuaria abierta al turismo internacional. Acabo de verla otra vez. Está en Youtube, al alcance de todos: (http://www.youtube.com
/watch?v=ZSVemwIGykk). Como siempre, uno teme que la cinta haya quedado desfasada, pero no, he resistido las casi dos horas con placer y todavía me pregunto el porqué. La historia ya es conocida, pero se la resumiré sin destriparla: un joven alemán licenciado en matemáticas decide quemar todos los puentes y escaparse a Fez (Marruecos). En autoestop llega a París donde queda hechizado por una delgada rubia americana (la actriz Mimsi Farmer). Quedan en Ibiza en casa de un nazi (un nazi nunca es ex y los escondidos en Ibiza todavía menos) Y aquí comienza propiamente el drama. No les cuento más.
A los ibicencos nos extrañan los saltos de imágenes y de paisajes, pero hay que entenderlo, la película iba dirigida a todo el mundo y consiguió su objetivo.
La interpretación de los actores es muy pasable, la selección de paisajes es inteligente y acertada, y ahora voy a decir dos factores que continúan fortaleciendo este metraje: la fotografía del maestro Néstor Almendros y la música, de Pink Floyd, un álbum memorable. Ahora mismo lo tengo de fondo. Soberbio. Muchos ibicencos de la época quedaron horrorizados cuando vieron Ibiza imbricada en la historia de sexo y drogas, una riada de drogas que casi aburre, pero en la época fascinó a la audiencia. Sale el todo Ibiza, las terrazas, los caretos, las costumbres, el cuelgue cósmico que condujo a muchos al suicidio. Y el film se sostiene, 46 años después.
Felicito a Barbet Schroeder y espero que en esta nueva incursión su pulso no se haya reblandecido. Me gustaría conocerlo para contarle unas cuantas cosas. Y a quienes me leen, si tienen alguna opinión, consulta o crítica, les invito a usar mi Twitter. En un simple folio no se puede expresar todo. Aquella película, lejos de dañar Ibiza, la potenció aún más y la base argumental no exageró en absoluto. La droga vino a Ibiza para quedarse, como ´More´.

miércoles, septiembre 04, 2013

Ya hace 40 años de casi todo

Punta Arabí se lanzó en plena efervescencia hippy (Foto Ibiza Experience)
Casi con alarma, uno ya se va dando cuenta de que hace 40 años de casi todo. Una amiga me recuerda que Punta Arabí, el primer mercadillo de campaña y de campiña, cumple 40 años, si es cierto que se inauguró en 1973.
En 1972, una docena de hippies de verdad, genuinos, ya vendían bajo los arcos en la entrada de nuestras murallas. Pero es que en cualquier rincón de la isla se podía uno encontrar con un hippy de pelo revolucionado que extendía súbitamente la sábana (o sari, o mantel) y exponía la mercancía más inesperada.
El no siempre agradable perfume de pachuli comienza a invadir las Pitiusas en esos años, quizás en 1970. También el sándalo, siempre más variado, menos penetrante.
Este fue uno de los primeros temas que saqué como reportero en el Diario de Mallorca, porque en el de Ibiza ya salían cosas continuamente. Y en Tele/EXprés, en Destino... los hippies interesaban.
Siempre pensé que la idea del mercadillo hippy de Punta Arabí era brillante, pero jamás había conocido al artífice. Fue cenando un grupo de amigos en París donde le conocí y tenía las ideas muy claras.
¿Por qué no comercializas algún tipo de perfume de la Ibiza hippy?, le provoqué. Pero él me miró sonriendo: «No entiendo de estas cosas sofisticadas, yo sólo entiendo de vender salchichas», me dijo con modestia y discreción.
Realmente sabe de muchas más cosas, pero ha estado siempre en un segundo plano. Aquella urbanización se ha hecho famosa en el mundo entero, saldrá en miles de películas y de fotos y todo gracias a la idea inicial de convocar a los hippies y artesanos que tuvieran algo para comercializar. Al principio, una de las más fijas, se hizo famosa la payesa de Formentera que vendía los jerséis de lana de oveja de la isla.
Durante 1974 y 1975, el movimiento hippy sufre un golpe definitivo. En España fallece Franco y todo presenta otra dinámica. Estados Unidos había firmado la paz con Vietnam y presumiblemente los prófugos encontraran distintas vías al indulto por su deserción. Las capitales como París, Londres, Roma también emprendieron un nuevo camino, lejos de la contestación y de las fiebres múltiples de 1965 en adelante. Durante aquellos dos años, las Pitiusas se vaciaron de hippies y muchos de ellos vendieron hasta los anillos y pendientes para pagarse el viaje de vuelta.
Sin embargo Punta Arabí siguió subiendo como la espuma. Los mercadillos iban arraigando en todas partes, con la ayuda constante de Las Dalias, que fue y es uno de los últimos refugios de los post-hippies y bohemios. Hoy gozan de buena salud; Las Dalias incluso ha exportado a Madrid su idea de mercadillo ocasional y con mucho éxito. Y parece que fue ayer.

miércoles, agosto 22, 2012

Paleohippies en diáspora y otros progres




El ambiente callejero de la Ibiza de 1969 era muy extraño, irrepetible, tanto que parece sacado de un película de Fellini. Estaba la isla disfrutando (o padeciendo, según muchos ibicencos que no soportaban a los peluts, peludos) de una invasión hippy en toda regla.
Observo que algún poeta a la vela se refiere repetidamente a aquellos viajeros como ´neohippies´ (hippy en singular, hippies en plural, en inglés). ¿Por qué neos, nuevos? Estamos en lo más florido del movimiento hippy, en el paleohippismo, que desaparecería como por encantamiento en 1975.

¿Eran neohippies aquellas decenas de catalanes que caían por aquí predicando la liberación sexual, la revolución contra Franco y la reivindicación de Ibiza como un país catalán? No, ni de lejos. 
Donde los hippies eran universales y alegres los catalanes eran localistas y obsesivos. Los hippies llevaban túnicas y camisas al viento; los catalanes (y no solo ellos, los españoles en general) llevaban la trenka, la pipa, en suma el disfraz de progre que tan magistralmente dibujó el Perich durante años. Uno diría que eran opuestos.

Los ´hippies´ leían y hablaban de Jack Kerouack, los progres leían compendios y resúmenes del marxismo, muchos de ellos eran del PSUC que aterrizarían en el pseudoprogresismo del PSC años después.
Agua y aceite, nada que ver, salvo algunas excepciones. Bien. Y en este ambiente la playa y la bahía del Port de Sant Miquel fueron ocupadas por los chicos progres que pretendían cambiar de vida y crear partiendo de un cuerpo multidisciplinar. Basta decir que llevaban a su gurú progre catalán por excelencia: Xavier Rubert de Ventós.
Y levantaron la Instant City, la Ciudad Instantánea, un experimento plástico (de hecho se usó mucho plástico y otros materiales más novedosos), creando una ciudad hinchable que acogió a grupos y charlas sobre los temas más diversos.

Un hermano mayor subió a Sant Miquel. Cuando volvió le pregunté:
-- ¿Qué has hecho allá? 
Parecía recordar que había mucha gente, jipiamen y progres al compás, pero poca cosa más.
Me temo que mi hermano fue fiel al viejo axioma: «Si recuerdas algo de los 60 es que no estuviste allí».

En 1971, Ibiza estaba digiriendo la gran explosión de los 60, que tuvo dos años finales apoteósicos. Nuestra isla se benefició -o no, ya saben, las opiniones son libres- de la presencia de numerosos franceses creadores que obviamente preferían retirarse del escenario parisino. 
Los hechos del París-68 no dejaron ni un solo muerto, pero no pocos de aquellos protagonistas prefirieron poner tierra de por medio, como les ocurrió a cientos de desertores de la guerra del Vietnam. Aquellos que no pudieron esconderse en Canadá, o que podían recibir los cheques de sus papás en las oficinas bancarias europeas, cayeron por Ibiza.
Sabemos que algunos ya se quedarían para siempre. En concreto recuerdo a uno que cobraba un suculento cheque mensual, una fortuna para la época, pero no era de sus padres. En realidad era todo lo contrario, Michael era un inválido de guerra (Vietnam) y tenía todo su cuerpo cosido de metralla y numerosas piezas de metal. 
Qué años, rediez. De algo me acuerdo. Valgan por ahora estas notitas fenicias.

miércoles, enero 19, 2011

Crece la leyenda de Ibiza



Yo iba a titular crece la leyenda negra, pero no sé muy bien de qué color es. Porque ahora resulta que las grandes gestas de los afincados se siguen contando en letras de molde y se siguen haciendo películas, con lo cual se sigue magnificando nuestro catálogo de muestras.

Ibiza ya hace años que tiene esta fama de isla de sexo, droga, música, playas, locuras. Si durante unos lustros de los años 60-75 tuvo cierto renombre entre algunos compradores de arte como Vincent Price, Terence Stamp, Terry Thomas y pocos más, puede decirse que hoy éste ha desaparecido diluido entre la avalancha de noticias sobre los clubbers, los ravers, la música house, manumisiones y troyas de todo tipo.

Lo espectacular ha tomado el relevo y ha ocultado lo importante, lo cual sin publicidad acaba por morir de inanición.

Bien que lo siento, porque toda mi vida la he dedicado a luchar por el arte, la literatura, el buen urbanismo, la arquitectura equilibrada y creativa. Hemos fracasado. Somos un ejército derrotado.

La gente demanda drogas, diversión y, quizás en último lugar, sexo.

La imagen creativa de Ibiza recibió un golpe de muerte en 1969, con la presentación de ´More´, una película de Barbet Schroeder que fijaba la imagen de Ibiza ligada a la heroína para siempre.

Bien, los efectos de esta película –seguida de decenas de documentales de ínfima categoría pero con buena venta, simplemente filmando las discos y las calles en directo– no han desaparecido.

No solo esto, sino que ahora acaba de salir un libro que ya tiene un éxito deslumbrante en el mundo anglosajón, escrito por un irlandés, Demien Enright, que vivió en Ibiza en los primeros años de los 60. 

Dope in the Age of Innocence (´Drogarse en la edad de la inocencia´) destripa muchos secretos oscuros de la Ibiza beatnik. Aunque lo sabíamos, muchos lo han olvidado: el hachís es una droga blanda que se ha fumado desde hace miles de años. En España existe incluso una novela (´La pipa de kiv´) escrita por Valle-Inclán y en Ibiza se conocía el cáñamo mucho antes de la llegada de los beats de los años 50. La yerba era la droga del jazz y de los beats, pero alguien decidió que era demasiado floja y que dejaba pocos beneficios y se comenzó a repartir heroína, que acabó por dejar seriamente destrozada a toda una generación.

¿Se imagina alguien a los clubbers fumando sólo marihuana, en vez de tomar las pastillitas? Todo sería muy distinto.

Demien Enright vino a Ibiza con su mujer y dos hijos mellizos en 1962. A las pocas semanas ya se había divorciado. Regresó a Londres donde estuvo implicado en varios asuntos de falsificación de cheques de viaje. Volvió a Ibiza con otra mujer. No tardó en planear una gran compra de hachís en Turquía con un socio. Lograron llegar hasta al frontera española, donde fueron detenidos. Pero Demien consiguió escapar... etc. ¿Ven por dónde van los tiros? 

Otro valor del libro es la cantidad de reacciones que ha despertado, bajo el cielo protector de Ibiza. Quizás siga hablando de eso. Aumenta nuestra famita.

sábado, agosto 28, 2010

Cicatrices profundas

Todo lo demás son calores y desmayos: agosto nos pesará, pero llegaremos a la meta», decía yo en mis notas ´Metas y mitos del verano´ . Pero hombre, yo no contaba con nuestra propia torpeza, con nuestros descuidos y con nuestra inoperancia.
A pesar de todo, las cifras de ocupación son buenas, no así las del gasto turístico. Cuando digo a pesar de todo, me refiero a pesar de la crisis que nos ha dejado baldados, pero también de los chantajes continuados de los controladores españoles. Esto se llama dispararse un tiro en el propio pie.
Los españoles no necesitamos enemigos exteriores, aunque los tengamos. Los ibicencos tampoco, aunque los tengamos.
¿Contaba alguien en sufrir esta demencial huelga simulada de los controladores en pleno mes de julio-agosto? ¿Contaba alguien con este explosivo incendio en la zona más inaccesible y abrupta de la isla?
Claro que ambos casos tienen precedentes, pero uno cuenta con la suerte, la bonhomía de la gente y el sentido común, que pudiera recomendarnos prudencia, humildad y trabajo en tiempos de crisis muy profunda.
Los controladores llevan años a la greña. Uno agradecería que se homologaran con el resto de profesionales europeos y punto. El tema de los incendios ya es más complejo. El año anterior se quemó una amplia zona de Xarraca, que por fuerza habrá servido de cortafuegos del de Benirràs. Lo que no hace el trabajo programado y constante del Consell y ayuntamientos, los hace la devastación accidental o incidental.
Hace mucho tiempo que lo sé: Ibiza les viene grande a nuestros gobernantes. Podríamos poner cincuenta retenes más, ocho ayuntamientos más y otros cinco consells, pero no haríamos otra cosa que multiplicar la ineficacia y el derroche. Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que la mejor política es que no haya políticos de por medio, o los menos posibles. Ni aumentar los funcionarios: tardan demasiado en llegar por aire, tierra o por mar. Lo único que ha funcionado con rapidez es la solidaridad improvisada de los particulares.
En un pinar cargado de resinas y de trementina (una bomba, una yesca y más en plena tarde de agosto) no se puede tardar una hora en actuar en serio por aire. Para entonces el fuego se ha hecho fuerte y devastará salvajemente lo que encuentre a su paso, ya digo, si hablamos de una tarde de agosto. ¿Se va a hacer algo al respecto? Dirán que sí, pero no, nada de nada. Todo seguirá igual.
Una pista: cualquier ibicenco sabe que los bosques de la isla han estado siempre poblados por fuegos. Mi propio padre hizo varios silos (sitges) en sa Marina d´en Cosmi, en plena exuberancia pinosa. Raramente hubo un incendio en los bosques de Ibiza. Existe un porqué. Los bosques estaban limpios, y eso era así porque se aprovechaban y porque el payés era una persona responsable. Abrían brechas, talaban los árboles justos, vigilaban durante más de 48 horas, desbrozaban, buscaban setas.
¿Hoy qué hay? Regulaciones, funcionarios, políticos y gente resentida, desde los hippies trogloditas a los damnificados por planes de ordenación. Y etcétera además.

jueves, agosto 19, 2010

La creatividad de Las Dalias

Juanito de las Dalias en la terraza actual. Foto Diario de Ibiza.


Casi rozando la carretera, una terraza se extendía llena de flores, algunos dicen que con predominancia de las dalias, y a la derecha de la casa un aparcamiento donde cabrían quince vehículos aparcados en batería. Esto debía ser bastante antes de 1985.
San Carlos había permanecido exactamente igual y quizás ha sido de los pocos pueblos de Ibiza que no ha modificado la silueta histórica de siempre.
Hablo del bar Las Dalias, ahora ya una institución como Casa Anita y alguna más de Ibiza. El pueblito se mantuvo firme con sus payeses de siempre y con numerosos artesanos y artistas que bajaban al bar a buscar la correspondencia y a tomarse un café con leche, o media docena de hierbas, depende del día y de la hora.
Los hippies ya habían desaparecido de toda la isla y en cambio abundaban en San Carlos. Muchos se habían refugiado de Santa Eulalia, una villa cada vez más volcada al glamour vulgarote y mal entendido del turismo.
Recuerdo Las Dalias del principio como un bar enorme, extenso, con una terraza delante protegida por una muralla de plantas, a menudo floridas con insultante colorido. Y una terraza detrás, casi siempre vacía.
En el bar yo ya conocía a Juanito porque habíamos estudiado en el único colegio interno que existía en Ibiza, el Seminario. Era un colegio de Dalt Vila, poblado de buena gente de toda la isla como Vicent Pins, En Tunicu, en Joan Murtera y otros sacerdotes relativamente jóvenes, que fueron testigos en los alumnos de aquella hornada del cambio grande que sufría Ibiza. Desde allí desapareció el Seminario. Apenas unos años después me pasó con los militares, fui a El Aaiún a rendirme a los marroquíes. Comprendo que los estamentos militar y religioso me miren con resignación aprensiva.
Juanito de Las Dalias entra en este generación de ibicencos que hemos cerrado seminarios, cuarteles, discotecas y otros asuntos sin saber muy bien por qué. A cambio hemos visto nacer muchas cosas nuevas a las que nos hemos enfrentado con cierto desasosiego, pero con valentía. A la larga, si tienes las ideas claras, un poco de información correcta y no te sometes al alcohol y a la droga –eso significa que tienes voluntad y algo dentro del cráneo– acabas por triunfar, y en su caso tiene mucho mérito. En primer lugar gracias a la familia, gracias a Lucía, su hermana que está en todo, y los demás. Pero ha sido precisamente por esto, por esta unión familiar y este valor inicial del que no hay que excluir al patriarca, por lo que Las Dalias se ha convertido en un proyecto que ayuda a mucha gente.
Sin ser una ONG, o quizás precisamente por esto, porque obliga a cada cual a cumplir consigo mismo y con los demás, deben de ser más de 60 o 100 las familias que viven de Las Dalias, entre personal de restauración, bares, cocina, mantenimiento, artesanos, artistas, organizadores, proveedores. Esta magnífica maravilla humana tiene más de medio siglo. El mercadillo tiene 25 años y es un must de Ibiza. Todo empezó con la voluntad y la clarividencia del viejo Joan. Juanito, su hijo, entendió el mensaje y ha conseguido conjugar rigor y seriedad con creatividad, dejando siempre que mucha de su gente aporte sus ideas. Por esto a nadie le extraña que Las Dalias se haya convertido en un centro genuinamente ibicenco que sorprende cada día.