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miércoles, diciembre 27, 2017

Los locuras de Clifford Irving

Edith y Clifford en su casa de Ibiza con sus dos hijos, años 70

Una vez me dijo Edith Sommer, ex esposa de Clifford Irving, que para entender el espíritu de su historia y los matices de sus escándalos internacionales, había que conocer el ambiente de aquella época de Ibiza, un ambiente de locuras simpáticas, por decirlo de alguna manera, pero que analizadas fríamente eran auténticos disparates que pondrían los pelos de punta a cualquier persona sensata. Disparates y delitos graves.
Mientras estuvo casado con la pintora suiza Edith, Clifford escribió muchos artículos y encontró un filón que le pondría en el mapa internacional de los editores: la biografía del falsificador húngaro apátrida Elmyr de Hory Boutin. Aquella edición enardeció aún más al cómplice homosexual Fernand Legros, quizás el mayor enemigo de Elmyr y el causante de su suicidio al solicitar la extradición a Francia.
El asunto tomó alcance y morbo. Tanto que Legros publicó sus memorias y más tarde lo haría el tercero en discordia, Real Lessard, que ahora vive en Marruecos.
En este contexto también se movía Clifford. Una de sus locuras más inocentes, tratando con el antropólogo Desmond Morris era traerse un elefante de la India a Ibiza. Pero los chascarrillos se multiplicaban y se contaban en las terrazas soleadas del Montesol.
Y ahí pensó el escritor que era el momento de aprovechar un manuscrito que había llegado de forma oscura a sus manos: la vida del excéntrico multimillonario Howard Hughes. Fue su perdición y su consagración. Ahora ha fallecido a los 87 años.

sábado, noviembre 16, 2013

Pániker y sus años en Ibiza

Salvador Pániker y Francisco Umbral
Uno ha procurado leer a todos los escritores que han hollado los polvorientos caminos de tierra de las Pitiusas. Pocos me faltan y ya tengo un interés muy atemperado, pues inevitablemente me he tragado –por patriotismo fenicio y para mi información personal– bastantes libros mediocres. Malos, pocos, porque cuando unas cuantas páginas revelan sequía o nimiedad, el fenicio lo dejaba caritativamente de lado. Se han escrito muchísimos libros malísimos en Ibiza y sobre Ibiza. Se han escrito unos cuantos libros muy pasables y algunos realmente muy buenos. Quien me vaya leyendo ya sabrá a cuáles me refiero, ya que los he ido comentando de mil formas distintas y en otras tantas ocasiones. Un elefante que siempre me ha inspirado empatía es Salvador Pániker (acentuado en esdrújula su apellido indio españolizado). Me ha regalado momentos impagables a finales de los 90, una época mía tumultuosa y paradójicamente de muchas lecturas. Sus 'Testamentos' inspiran y acompañan, porque tiene una mente reflexiva que fluye como un manantial salutífero aun en los peores trances narrados y todo ello con un añadido que yo valoro sobremanera: las sensaciones y las emociones intervienen sin tacañería, pero sin inoportunidad gratuita. Se escribe a sí mismo y de paso nos describe a todos.
Ahora saca en Mondadori su ´Diario de otoño´: «La memoria de lo que me está pasando y de lo que no me está pasando, una divagación permanente que nunca permito que se deslice hacia la ficción». Lo leeré y sé que no me defraudará su prosa y su energía elegante, propia de esta gente que siempre se queja de la salud. Por contra, en dinero y en amor le fue bien. Vivió los mejores años de California y de Ibiza y supo cuándo abandonarlas a ambas. El tiempo le ha dado la razón. 
Como tantos padres de su edad que han perdido un hijo en esta guerra implacable que es la autoconsunción por abuso de algún tipo de droga, o por algún accidente, declara que ha sido el peor acontecimiento que ha vivido. Le creo, no por experiencia personal, pero sí próxima, la de tantos amigos cercanos que han visto dramáticamente cercenada la familia por estragos incomprensibles, irreversibles. Por muchos recursos mentales y emocionales de que dispongas, imagino que una vez ha pasado la perplejidad puramente biológica, es inevitable que nos acosen fantasmas en forma de culpa, de posos recurrentes, por mucho que racionalmente uno ignore cómo gestionaría una situación así de verse obligado a repetirla.
El diario es terapéutico dice. Claro. Verbalizas, gestionas, drenas, evacúas, reorganizas el armario donde se vive la gran tempestad de los sentimientos en la historia personal. No quisiera dar la impresión de que el libro de Pániker, que todavía no he leído, se ciñe solo a esto. Pero sí también a esto. Es afluente y es caudal de una gran variedad y riqueza humana. Y como decía, los humanos no somos tan distintos, podemos caer en las mismas simas, pero siempre nos queda este acto reflejo de recuperación, de resiliencia o de redención que nos engrandece. Por esto yo leo sus Dietarios con fruición y agradecimiento.

sábado, mayo 11, 2013

Camus, reencuentro en ibiza



En esta aparatosa sucesión de centenarios no podemos olvidar a nuestro Nobel Albert Camus, que nació en 1913 en Argelia. Pasó su infancia bajo la agria mirada de una abuela que se llamaba Cardona, pues provenía de Menorca. La abuelita repartía estopa sin misericordia y sólo apostaba por ellos una madre dulce, enfermiza, figura reverencial en la vida del escritor. «No les golpees en la cabeza». Aquellos primeros golpes no pudieron con su rebeldía, curtida bajo el sol, en el mar de la bahía y en el barrio penoso de Belcourt (sa Penya de Argel). Perdió a su padre muy temprano, en la I Guerra Mundial. Pocos años, pero Camus le dedicó un libro emotivo que leí con fruición, ´El primer hombre´, cuyo único manuscrito fue rescatado en el accidente de coche que acabó con su vida en 1960.
Su biografía es la mejor novela e Ibiza no es para nada distante ni ajena. Primero, porque aquel niño se relacionó con otros muchos hijos de inmigrantes ibicencos, y aprovechó el cariño y la dedicación que le prestó un maestro que vio en él un naciente talento en bruto. De niño ya oía hablar el ibicenco o el mallorquín. Cuando pudo, a los 22 años, tomó un barco y se dirigió a Mallorca. Y de allí a Ibiza. Acompañado de su explosiva esposa, un bellezón, Simone Hié, intentó regalarse dos semanas de oxigenante soledad. La necesitaba para él desesperadamente, para recuperarse de una fuerte crisis de tuberculosis –para la que todavía no existían los antibióticos– y también para su alocada esposa, que sufría una penosa adicción a la morfina y en Argel solo podía acceder a ella acostándose con quien pudiera costeársela.
La estancia en Ibiza tuvo que escocerle, en sus achaques, en sus peleas y en su propia formulación interior y con el paso de los días se le iban clarificando sensaciones y pensamientos confusos y contradictorios. Ataques de melancolía, las dudas del joven (al volver a Argel se inscribiría en el Partido Comunista, del que fue expulsado dos años después, como es lógico) y la oscura ansiedad de una evidencia: el amor es inabarcable, no tiene límites y de sus fosas oscuras solo se sale con disciplina y con renuncia. Despojamiento. Admiraba esta cualidad en el hombre mediterráneo. Y toda su vida la practicó.
Escribió estos relatos entre 1935 y 1936 y se editaron al año siguiente en una edición muy corta. Tardó mucho Camus en autorizar su reimpresión. No es que no le gustara, es que encontraba muy torpes sus formas. Quizás tenga razón. Pero él mismo ya lo escribió: todo lo que hay que saber, todo lo que sé de la vida, ya lo sabía en estas páginas.
Camus descubrió otra cosa en Ibiza: su pertenencia al mundo arcaico y preislámico. No escapó a su agudeza. Por diferentes vías y en distinta época yo he llegado a la misma conclusión que él: el mundo bereber y la Ibiza arcaica guardan profundas relaciones, que nadie ha investigado en serio. En 1952 emprende una excursión para visitar los pueblos del Sahel para investigar sobre sus antepasados. Alguien algún día escribirá esta tesis y será maravillosa. Yo lo dejo aquí, nació hace cien años. Su hija Catherine lo repite: «Siempre se sintió muy español». Léanlo.

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También
Camus en Ibiza

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sábado, mayo 04, 2013

Ibiza en clave de espectáculo permanente


Cuando la vasta masa de jóvenes ibicencos perdió las elecciones progres, sintió el peso del látigo, en forma de crisis cruel y con la pérdida del maná que fluía en forma de subvenciones dispares y disparatadas. Así dejaron las arcas de nuestra autonomía los ´Antich boys´. Un erial. Y ahora habrá que pagarlo ¿Lo han notado ya ustedes? Lo gracioso es que quienes provocaron esta hecatombe con sus políticas nefastas del despilfarro buenista, son los mismos que ahora crucifican a los políticos que emprenden una batería de medidas muy duras ¿Lo han notado, preguntaba antes?
En este ambiente, muchos de estos jóvenes profesionales se han agarrado como a un clavo ardiente a homenajes y fanfarrias culturales o pseudoculturales, pero esto da lo mismo. Lo imprescindible es estar ahí y sacar algún tipo de subvención que nos permita sobrevivir. Lo tenemos crudo, todos.
Lo realmente cultural sería leer las poesías, gozar de la prosa de nuestras escritores, escuchar la música de nuestros compositores y ver el cine que nos ofrecen los jóvenes realizadores. Casi todo lo demás es el folklore adherido en forma de marketing que no aporta gran cosa a la riqueza espiritual.
Ya asumo que esto es un peaje a la sociedad del espectáculo, que todo lo convierte en mercancía, ya lo explicó mi elefante precursor en tantas cosas, Walter Benjamin. Es verdad, hoy no se puede presentar ninguna criatura en sociedad que no venga revestida del ritual lúdico y del escenario visual y tenemos algunos ejemplos en Ibiza y Formentera.
Cuando no se dispone del material literario, musical, artístico necesario, se envuelve en una gran escenificación y se induce al consumo entre cánticos de felicidad. Que nadie se extrañe de que en esta mecánica hayamos caído en los brazos del calendario, que es una manera vulgar de caer. Me refiero a los centenarios. ¿Son una convención social o una apremiante coartada para sacar el lucro cesante de antiguos árboles ya resecos? Quizás ambas cosas.
Si los centenarios sirvieran –como los premios literarios o los festivales de música y de cine– para revitalizar algunas flores del jardín, ya estarían más que justificados y amortizados. Mejor aún si sirvieran de detonante y abono para hacer reverdecer todo el jardín, que falta hace en las Pitiusas.
Propongo algunos actos, como un musical sobre Fray Junípero Serra, una figura balear descollante en todo el mundo. No podemos permitir que se la apropien solo los de Petra. Es de todos. Y en cuanto a nuestros museos, venerables, montar un evento, grabarlo y mandárselo al Ministerio de Cultura. Tema: nos falta un urinario en el Arqueológico de Dalt Vila. Necesitamos la preciada pieza, que nos la ceda doña Isabel Preysler, por un decir... and son on, babies!

miércoles, noviembre 28, 2012

´Feedback´ y precisiones



El fenicio les invita a sentarse frente a la chimenea. Vamos a mantener el feedback, retroalimentación, con algunos de nuestros amigos y comunicantes, cultivando este placer pagano de la conversación sin prisas ni horarios.

¿Qué quiere decir orada? Me referí a la cabra orada mallorquina, cuando es asilvestrada. A mi parecer, viene del latín, significa loca, pero no en un sentido clínico. En Ibiza decíamos que ´caíamos en ora´ (caure en ora, sin hache) cuando andando por los caminos o por el bosque perdíamos la orientación. Mariano Villangómez me contaba una vez que había oído a un payés de Sant Miquel decir que fulano «era orat així». Del latín auratus, pero no del dorado, sino de aura, brisa. En el riquísimo idioma español tenemos una expresión muy plástica cuando decimos que a alguien ´le ha dado un aire´. Si será antiguo el término que Ramon Llull ya lo empleaba en el siglo XIII. En castellano actual se emplea como sinónimo de loco, persona de poco juicio o demente. No me gusta. Me gusta más en el sentido que le podríamos aplicar a Dalí, que era orat així. Tiene su lógica que a la cabra que se refugie en las escarpadas montañas se la tilde de loca, orada.

He escrito ya varios artículos alertando sobre el daño que causan las manadas de gatos asilvestrados y alguien se siente impelido a defenderlos, como si yo los hubiera atacado. Me acusa de alentar una nueva caza de brujas en plan solución final nazi. Por Dios, nada más lejos, qué exageración. Que vivan los gatos en su debido equilibrio. Por cierto, siguen proliferando hasta extremos indecibles las ratas enormes en la ciudad y en el campo. Es como si los gatos asilvestrados las temieran. Desde luego cazan pocas. Les es más fácil matar lagartijas dóciles aletargadas. Entre las culebras y los gatos asilvestrados estas islas se van a quedar sin los hermosos endemismos que entre otras cosas me movieron a titular uno de mis libros ´Lagartijas azules en París´ en su honor.

Nito Verdera, famoso por haber publicado varios libros sin haber demostrado que Colón sea ibicenco, tras 50 años de infructuosas y pacientes pesquisas, quiere precisarme que el huevo de Colón (él titula en el Diario «el huevo de Mariano Planells» como si mis pobres huevos, pelados de arrastrarlos por la montaña, tuvieran nada que ver con esta historia), al que alude la famosa anécdota estaba cocido y no crudo, como dije yo. Ya saben que estaban en la mesa Colón y unos cuantos nobles y alguien pretendió quitar importancia al descubrimiento de América. Cristóbal, que era fenicio, y de esto podemos estar tan seguros como de que era judío, agarró con la mano un huevo cocido, lo mostró y les desafió a dejarlo en pie sobre la mesa. Se miraron entre sí un tanto desconcertados. Nadie lo intentó siquiera. Colón tomó el huevo con firmeza, pegó un golpecito en uno de sus extremos, sin cascarlo del todo, y el huevo, como es lógico, quedó en pie, en posición vertical.

Bueno, digamos que si se hace la prueba con el cocido jugamos sobre seguro. Yo he hecho la prueba tres veces seguidas con tres huevos crudos dentro de un plato –por si acaso– y en todos los casos me funcionó. Está claro que Colón quería demostrar a aquellos insolentes palaciegos que las cosas son muy fáciles cuando alguien te ha enseñado el camino. En cualquier caso, estos tres huevos, que sí eran míos aunque no los míos, acabaron en una deliciosa tortilla francesa con perejil. Eso, que seamos felices, amigos.

sábado, agosto 25, 2012

Guerra y paz en Corona


Foto vía Ibiza-Blog


Corona en el meu record. Memòria d'una altra Eivissa, de Pepita Brullas Tarragó y Vicent Marí Costa (coordinador) es un documento de tipo memorialístico y periodístico que ha editado Mediterrània. Lleva un emotivo prólogo de Neus Torres Costa.

En 1935 comienza la historia, en un año en que vinieron muchos viajeros, en gran parte, gente que estando en Mallorca fue avisada para no caer por la isla de Ibiza, donde habitaba una gente salvaje, que usaba cuchillas con facilidad y que vivía con cientos de años de retraso. Así nos trataban o nos consideraban los mallorquines, en general. De hecho, no les faltaba razón en algunas cosas. Cuando el matrimonio Brullas atraca en Ibiza, llevan con ellos a su hijo, 11 años, y a su hija de 9. Será ésta, Pepita Brullas Tarragó, quien nos cuente la historia.

En principio llegan a Vila, pero buscan un taxista valiente que les suba por el camino de carro hasta Santa Inés o Corona (¿llamado así por el rosario de montañas que coronan el valle repleto de almendros?). Su sorpresa es mayúscula cuando se encuentran con unos habitantes próximos, afectuosos, que se desviven para que aquella familia catalana pase unos días felices. La generosidad fenicia, mediterránea les desarma, de tal forma que quedarán prendados y decididos a compartir sus vidas. Aquella familia catalana es cristiana, católica, que practica la caridad y quedan asombrados del comportamiento de los fenicios milenarios.

También existen catalanes modestos que no van por la vida corrigiendo e interpolando con sus pesados ´vull dir´, ´això es diu així´ y con aires de impostada superioridad. Los Brullas sacan fotos de todo, aprenden de un mundo arcaico y novedoso, las costumbres (pesca, cocina, sa vetlada, matanzas, etc.) y las distancias.

El año siguiente, 1936, volvían a estar en Ibiza cuando se enteran con varios días de retraso de que los rojos han desembarcado y que están haciendo mucho daño, saqueando y, lo que es peor para aquella familia cristiana, robando las piezas de valor y quemando retablos, mobiliario y asesinando a los sacerdotes. Pepita Tarragó parece que tuvo una gran ascendencia para salvar al párroco de Santa Inés: lo vistieron de paisano y lo escondieron, así como todas aquellas piezas sagradas que pudieron enterrar apresuradamente en un pajar que caía a desmano.

Como María Teresa León en Ibiza, la brava catalana se enfrentó a los milicianos sedientos de sangre y de fuego, aconsejándoles que no quemaran nada. Su diatriba surtió efecto, pero al día siguiente volvieron y dejaron el maderamen de la iglesia convertido en plena tea encendida.
Su admirable actitud, su rectitud, su solidaridad con los coroners tiene un episodio oscuro que no queda claro en estas memorias: la destrucción parcial de la maravillosa cueva S'Avenc des Pouàs (más adelante sería excavada por los paleontólogos), ubicada en una finca que adquirieron.

La propia Pepita probablemente ignore siempre lo que pasó, pero sigue en línea con la aciaga conducta de algunos catalanes a la hora de meter sus manos en nuestra arqueología: temprano empezó Santiago Rusiñol a escarbar a lo bestia en es Puig des Molins, con ayuda de algunos ´prohombres´ ibicencos, todo hay que decirlo; más adelante, la cueva de Tanit en es Cuieram probó la dinamita, según mis informes gracias a un catalán que usaba un nombre aristocrático. Etc.
Comprenderán que haya disfrutado de un ameno viaje en barco. Acabé el libro en el tren. Si les gusta saber cosas de Ibiza se lo recomiendo, pero solo está editado en catalán.

sábado, julio 07, 2012

Frente a la crisis, coraje


Las salas de Cultura de Sa Nostra han avivado el fuego durante años. Ahora cierran. En el centro, Catina Costa, su directora desde 1989. Foto Moisés Copa, Diario de Ibiza.

En mi fugaz viaje a Ibiza, este fenicio sentimental se encuentra con numerosas situaciones lamentables. Visito Sa Nostra con ganas de contemplar las obras de Mariano Tur de Montis, en una exposición irregular pero que da elementos para formarse una opinión cabal del excéntrico artista de Dalt Vila, sin duda el pintor local que mejor ha dominado el difícil arte de pintar las telas, las gamas y las flores. Y sin duda, un artista emblemático que en los brumosos días de niebla nos puede recordar a la aristocracia decadente de 'El gatopardo' o las obras de Lampedusa. 

Con la salvedad de que en Ibiza no hay aristocracia (ya lo dijo Macabich), a pesar de que les gusta mucho que se hable del ´señorío´ de Dalt Vila. Les comprendo y casi me inspiran ternura: un mundo que se agota en sí mismo. Panorámicas de una Ibiza que se fue para no volver, como ha desaparecido ante nuestro ojos la Ibiza arcaica, fenicia, rural.

También quería saludar a Catina Costa, una amiga de años a la que aprecio mucho. No tarda en darme la noticia: estas salas de cultura de Sa Nostra se cierran y el personal va a la calle. Un poco tembloroso, porque Catina escenifica con mucho sentimiento las cosas que cuenta, le recuerdo que ya vamos por centenares (más de 500) de periodistas despedidos solo en Baleares. Delicias ZP.
Demonios ¿qué carajos ha ocurrido en las cajas españolas, en las sucias manos de nuestros codiciosos políticos? Y Sa Nostra no es la peor. La CAM, Bancaja, Caja Castilla la Mancha, Bankia y otras varias están o estaban todavía peor.
Nos intercambiamos nuevos teléfonos y siempre nos quedará nuestra madrina Isabel Echarri y Diego Etcheverry en Formentera que nos servirán de contacto. En estos tiempos de zozobra se valora el coraje personal –Catina y otros amigos lo tienen acreditado– porque saldremos del pasaje en el desierto bajo el cielo protector. 
De peores brechas nos hemos repuesto. También es importante en estos casos hacer uso de la agenda, mover el fondo de la botella para que el jarabe no se apelmace: cualquier cosa antes de rendirse. Y los amigos están para esto, para usarlos.
Voy a la sala Via2 de Toni Torres Font, el feliz jubilado de la banca (salió a tiempo antes del gran pedo general), pero ya ha cerrado. Un amigo de años, siempre optimista que se siente en su salsa rodeado de arte y de artistas. Otra vez será.
Paseo toda la avenida España, con grandes cambios: muchos bares nuevos abiertos, pero tomo nota visual y todos están vacíos.
Mentalmente, mientras camino, hago una valoración de urgencia: si todavía no han empezado las subidas de verdad y ya estamos así no quiero imaginar qué ocurrirá en Ibiza en plenos Juegos Olímpicos, si mientras los británicos se detraen o se retraen en sus visitas, aquí los sindicatos colaboran en la demolición final de nuestra economía: educación, sanidad, transportes. Pobre Ibiza. ¿Y cuando peguen el subidón del IVA? Pobres de nosotros.

Lo significativo se verá dentro de unos meses. Mientras la educación española manejaba el dinerazo grasiento de los desquiciantes nacional-socialistas, España demostraba en los informes PISA que la calidad y los resultados de la enseñanza no dependen solo del dinero. Estamos en los últimos lugares. No hay ni una sola Universidad española entre las 200 primeras del mundo. Siempre recuerdo una frase que nunca falla: «Cuando un alumno destaca, fíjate en el alumno; cuando toda una clase destaca, fíjate en los profesores». Digo destaca o fracasa. ¿No servimos más que para pedir más dinero?

miércoles, junio 27, 2012

Fugaz visita del fenicio sentimental



A Ibiza siempre que puedo voy en barco, aunque no creo que sea buena idea en los tiempos que corren. Cuanto menos tiempo se esté expuesto a las ocurrencias de las compañías de transportes, mejor que mejor. Por lo tanto, el viaje si breve dos veces bueno. Iré usando el avión que al final sale mucho menos caro.
En una brevísima incursión a Ibiza paso tres días con mi madre, todo el fin de semana, ya a punto de cumplir los 96 años y sigue con la cabeza más clara que nunca. De no ser por una ligera sordera (está sorda como una tapia, pero odia los sonotones y artefactos similares) y por las rodillas desgastadas podría hacer una vida autónoma y plena. Ahora, con la movilidad disminuida, apenas sale de casa si no es para ir a pasear o de compras con alguien que la lleve.
La vida es un proceso y no es un arrebato romántico. Hay quien dice que la vejez es un premio más que un castigo. Puede ser. Al menos es una lección continua: no nos vamos a llevar gran cosa en esta vida, en todo caso lo dejaremos todo. Y de poco nos servirá la soberbia, el orgullo descompensado, la petulancia tan inservible. Al final todos pasamos por este proceso implacable. En cualquier caso, algo tendrá la vejez, piensa el fenicio, cuando en general todo el mundo quiere llegar a viejo.
En apenas unas horas en Vila consigo saludar a Miquel Costa, uno de nuestros editores supervivientes, cuando otros han sobrevivido precisamente por dejar de serlo. Por muchas subvenciones y ayudas públicas que coseche –y lo hace– el editar en Ibiza sigue siendo una aventura azarosa. Por desgracia se edita poco o nada en castellano, pero esto cambiará cuando el catalán deje de estar tan abrumadoramente subvencionado en obras que apenas nadie ve, lee ni escucha. Me llevo ´Corona en el meu record. Memòria d´una altra Eivissa´, que leeré en el barco y en el tren. Qué tiempos, Corona 1935. Me lo da en mano Vicent Marí Costa, el coordinador y realizador de numerosas entrevistas que sirven de testimonio cruzado con las memorias centrales de Pepita Brullas. El libro tiene algunos aspectos interesantes que comentaré en un articulito aparte, pero aviso que yo ya no escribo críticas literarias ni de arte. Que escriban otros. El fenicio sentimental sólo anota y esto ya es mucho.

Paseo fugaz por el puerto, visita a la librería Verdera y subida entusiasta al Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, que revela en sus sótanos la impresionante ciudadela fenicia descubierta mientras se excavaba la zona para una ampliación. Aunque sabía lo que me encontraría casi exacta, milimétricamente, me emociona ver estos restos. El fenicio se encuentra con la osamenta urbana de sus ancestros. El origen de Ibiza como urbe. Es emocionante. Y creo que las obras han quedado bien, ofreciendo unas sobrias explicaciones y la exhibición de los restos arqueológicos hallados in situ. Otra cosa es lo moderno. Les debo artículo sobre el MAC.
Ya de bajada, saludo a otra institución: Joan Morenu, el cantautor y armero de Ibiza, pacifista a pesar de todo. Me regala ´Trencadisc´, un CD lleno de sugerencias y ecos de nuestra historia. Ya lo he escuchado con agrado. Ibiza sigue teniendo feedback, incluso sin dj ni otras puñetas, clubbers o catalanistas. Y me fui contento, no sin antes haber añorado las dos cervezas que me solía tomar con el desaparecido Xicu Lluy. Quién sabe si algún día nos las tomaremos en alguna ciudad perdida de México o en esta misma isla. Que Baal nos guíe y proteja.

miércoles, enero 19, 2011

Crece la leyenda de Ibiza



Yo iba a titular crece la leyenda negra, pero no sé muy bien de qué color es. Porque ahora resulta que las grandes gestas de los afincados se siguen contando en letras de molde y se siguen haciendo películas, con lo cual se sigue magnificando nuestro catálogo de muestras.

Ibiza ya hace años que tiene esta fama de isla de sexo, droga, música, playas, locuras. Si durante unos lustros de los años 60-75 tuvo cierto renombre entre algunos compradores de arte como Vincent Price, Terence Stamp, Terry Thomas y pocos más, puede decirse que hoy éste ha desaparecido diluido entre la avalancha de noticias sobre los clubbers, los ravers, la música house, manumisiones y troyas de todo tipo.

Lo espectacular ha tomado el relevo y ha ocultado lo importante, lo cual sin publicidad acaba por morir de inanición.

Bien que lo siento, porque toda mi vida la he dedicado a luchar por el arte, la literatura, el buen urbanismo, la arquitectura equilibrada y creativa. Hemos fracasado. Somos un ejército derrotado.

La gente demanda drogas, diversión y, quizás en último lugar, sexo.

La imagen creativa de Ibiza recibió un golpe de muerte en 1969, con la presentación de ´More´, una película de Barbet Schroeder que fijaba la imagen de Ibiza ligada a la heroína para siempre.

Bien, los efectos de esta película –seguida de decenas de documentales de ínfima categoría pero con buena venta, simplemente filmando las discos y las calles en directo– no han desaparecido.

No solo esto, sino que ahora acaba de salir un libro que ya tiene un éxito deslumbrante en el mundo anglosajón, escrito por un irlandés, Demien Enright, que vivió en Ibiza en los primeros años de los 60. 

Dope in the Age of Innocence (´Drogarse en la edad de la inocencia´) destripa muchos secretos oscuros de la Ibiza beatnik. Aunque lo sabíamos, muchos lo han olvidado: el hachís es una droga blanda que se ha fumado desde hace miles de años. En España existe incluso una novela (´La pipa de kiv´) escrita por Valle-Inclán y en Ibiza se conocía el cáñamo mucho antes de la llegada de los beats de los años 50. La yerba era la droga del jazz y de los beats, pero alguien decidió que era demasiado floja y que dejaba pocos beneficios y se comenzó a repartir heroína, que acabó por dejar seriamente destrozada a toda una generación.

¿Se imagina alguien a los clubbers fumando sólo marihuana, en vez de tomar las pastillitas? Todo sería muy distinto.

Demien Enright vino a Ibiza con su mujer y dos hijos mellizos en 1962. A las pocas semanas ya se había divorciado. Regresó a Londres donde estuvo implicado en varios asuntos de falsificación de cheques de viaje. Volvió a Ibiza con otra mujer. No tardó en planear una gran compra de hachís en Turquía con un socio. Lograron llegar hasta al frontera española, donde fueron detenidos. Pero Demien consiguió escapar... etc. ¿Ven por dónde van los tiros? 

Otro valor del libro es la cantidad de reacciones que ha despertado, bajo el cielo protector de Ibiza. Quizás siga hablando de eso. Aumenta nuestra famita.

miércoles, julio 28, 2010

Llobet y la persecución religiosa


Mariano Llobet ha cerrado el círculo sobre la guerra civil en las Pitiusas con la publicación de un libro útil y esclarecedor: ´Apuntes sobre la persecución religiosa en la diócesis de Ibiza durante la guerra civil española de 1936 a 1939´.
El abogado y escritor ibicenco ha necesitado tres libros para narrarnos los prolegómenos y el desarrollo de la guerra civil en nuestras apartadas islas. Comenzó por 'Personas y días de la Segunda República', un texto esencial para comprender la mentalidad de la época, los personajes que trajeron y que al final destruyeron a la propia República, y en suma una explicación sucinta de los acontecimientos que precipitaron una explosión de odio y de sangre sin precedentes. Esto lo explica en el segundo tomo de la trilogía, 'La guerra civil en Ibiza y Formentera', un auténtico reto donde el autor confronta un centenar de libros sobre el mismo tema, abarcando todas las ideologías, aunque predomina la versión más izquierdista, según recuento efectuado por el prologuista Bartolomé Escandell.
Y finalmente este opúsculo de 47 páginas, que sirve de colofón estremecedor a la trilogía que narra uno de los peores años de nuestra historia milenaria, el año 1936. Colofón porque cierra esta minuciosa aventura bibliográfica y aldabonazo por lo que pueda tener de llamada de atención a los espíritus sensibles y ecuánimes.
El anticlericalismo no es de hoy ni de los años 30, ni siquiera de la Semana Trágica (Barcelona, 1909) o de la anterior desamortización de Mendizábal. Quien haya leído la 'Historia mágica de España' de Sánchez Dragó, por mencionar un libro de divulgación muy popular al alcance de todos, encontrará abundantes ejemplos desde el comienzo del cristianismo. En todo caso llama la atención cómo se usó la violencia contra los religiosos (monjas, frailes, sacerdotes, seminaristas) y contra el patrimonio de la Iglesia (bibliotecas, edificios, conventos, iglesias, capillas, ermitas, pinturas, estatuas, escultura, joyería) desde los primeros momentos de la República de forma coordinada y en distintos puntos de España, lo cual demuestra –como si hiciera falta– un dirigismo vesánico desde arriba, que no cesó en toda la guerra. Paracuellos es un paradigma del horror, pero también en Cataluña, donde bajo la égida de Lluís Companys se persiguió con saña a clérigos, monjas y se les saqueó los conventos y se les robó todos sus bienes disponibles.
Leía hace dos días en La Vanguardia, con la firma de nuestro querido Josep Massot, el intento de salvar a 200 religiosos maristas (la sede estaba en Francia) mediante el pago de un rescate de 200.000 francos. Tarradellas los cobró, pero igualmente fusilaron a los desdichados maristas.
El horror sucedía al horror. Mariano Llobet escribió esta relación atendiendo una petición del obispado para gestionar ante el Vaticano un expediente que reconociera a nuestros mártires. Nada menos que 21 fueron asesinados en algo más de un mes. Apenas los rojos pisaron tierra en Formentera y ya buscaban curas (como decían ellos despectivamente). Uno se entera de que había en las islas 53 sacerdotes. No todos tuvieron suerte, incluso es Bisbe Frit, el obispo don Antonio Cardona Riera pudo salvarse disfrazándose de payés.
Quedan muchas cosas por contar y espero que una vez cerrada la trilogía doliente, nuestro escritor pueda concentrarse en unas memorias que serían sabrosas.

sábado, julio 03, 2010

Mariano Llobet analiza la guerra civil





Mariano Llobet se enfrenta nada menos que a cien libros que tratan sobre la materia, la guerra civil de 1936-1939, al que algunos han considerado la cuarta guerra carlista.
Cuenta con un precedente brillante, una síntesis de los prolegómenos, es decir del período republicano, 1931-36, en un libro anterior del cual ya les he hablado, 'Personas y días de la segunda República'.
Nuestro querido elefante ha seguido un método impecable. Ha escogido un centenar de libros y los ha confrontado con los últimos descubrimientos y con su propia memoria, refrescada con numerosos testimonios directos. El mismo autor se explica en el artículo final, el cien, dedicado precisamente a un libro que sin restarle méritos memorialísticos, tiene mucho de mitología doméstica y de fabulación: 'Vida y muerte de un pueblo español', de Elliot Paul. El abogado pitiuso rebate y explica algunas de las más importantes mentiras del autor norteamericano.
El problema al que nos enfrentamos todos cuando buscamos un rigor histórico exento de exageraciones y de mentiras -sean del bando que sean- es la propaganda, que en una guerra puede ser un instrumento lícito, pero que hoy sólo sirve de humo para tapar los hechos. En este aspecto brillan por su mendacidad numerosos escritores y corresponsales norteamericanos, con el agravante de que al ser más conocidos han sido amplia y repetidamente citados.
Ibiza tiene su propio paradigma en esta circunstancia en Elliot Paul. Otros muchos autores extranjeros después reproducirán algunas de estas exageraciones. Por ejemplo, suele reseñarse el carácter crudelísimo de la guerra civil en Ibiza, sin mayores explicaciones. Y es cierto, sólo los hechos del 13 de septiembre ya son de por sí merecedores de una placa a la infamia, tanto los bombardeos de la ciudad por parte de unos aviones nacionales por la mañana, cuanto la horrorosa hecatombe del atardecer en el Castillo perpetrada por los rojos, donde dejaron la vida más de un centenar de ibicencos. Estaban ahí encerrados, indefensos y sin juicio ninguno fueron masacrados vilmente.
La ciudad de Ibiza dejó aquel día, y eso ya lo he escrito otras veces, un número de muertos similar al de los bombardeos de Guernica, aunque la propaganda magnificara el cruel bombardeo de la ciudad vasca.
Pero Ibiza no tenía padrinos en la posguerra. Cayó en el olvido más atroz y los ibicencos que se quedaron pasaron todas las penurias imaginables... hasta bien avanzados los años 50. Incluyendo todas las represalias posibles tomadas por los nacionales vencedores.
La guerra civil en las islas todavía guarda secretos. Leyendo estas densas 481 páginas uno va recorriendo el escenario por tierra, mar y aire con puntuales notas de clarificación o corrección que nos van ayudando a fijar los hechos principales de la contienda.
Este trabajo valiente y útil para quien quiera hacer un ejercicio de memoria al margen de las maniobras sectarias de los partidos políticos ha sido prologado por el doctor en Historia Bartolomé Escandell, que tanto sabe también de Ibiza, y fue publicado en las páginas del Diario de Ibiza por entregas semanales. Leerlo en conjunto lo hace más apreciable. No dejen de leer este libro, me agradecerán la recomendación.

miércoles, junio 23, 2010

Nuestro pequeño mundo desconocido

Me hubiera gustado asistir al homenaje a Andreas Faber-Kaiser en Barcelona, desaparecido a los 50 años (1944-1994) ante el pasmo general, pues derrochaba una vitalidad y una capacidad de trabajo enormes, tanto en su revista Mundo Desconocido como en sus interminables viajes de investigación con los que preparaba sus temas con una información siempre renovada y alimentada de primera mano y en las fuentes directas cuando ello era factible.
No era muy conocido en Ibiza o no lo era en absoluto, aunque él siempre mostró un silencioso anhelo por vivir más en la isla. Enseguida lo comprenderán si les digo que Andreas era uno de los hijos del pintor Will Faber (y de Emma Kaiser, de ahí su hermoso nombre compuesto).
Durante los años 70 y 80 traté mucho al matrimonio. Siempre que venían a Ibiza me localizaban –cosa bastante fácil– y nos podíamos pasar horas enteras charlando, comiendo o viendo sitios nuevos. Cuando la casa quedaba libre, solían venir Andreas o el otro hijo, Michael, un reputado traductor del alemán, autor y profesor.
En el año del fallecimiento de Andreas (¿o fue antes?, da igual) comimos juntos en un restaurante casero japonés (bajo la mano experta y parsimoniosa de Pepe y Carmen), emparralado en los riscos del Puig des Molins. Aquella deliciosa Casa de Bambú era un rincón ibicenco siempre bien ventilado por la brisa y la calma. Andreas vino con su hija y disfrutó de una Ibiza primaveral generosa e irrepetible. Quiero imaginar que aquello fue su despedida de Ibiza.
La causa fue el sida, inoculado según él misteriosamente por algún oculto enemigo que no permitiría sus investigaciones comprometidas sobre el aceite de colza y otros temas. No lo sé. El hecho es que la carrera periodística y literaria de un gran investigador privado quedó truncada de raíz.
Publicó más de diez libros, algunos de ellos muy exitosos, como el de Jesús, que no murió en la cruz sino que recuperó la salud y emigró a Cachemira donde sigue enterrado y donde tras tener varios hijos murió en loor de santidad y como reputado hombre espiritual. Aquel tema me atrajo y le entrevisté para una revista que más adelante pondría de los nervios a Abel Matutes, a raíz de varios reportajes de Santiago Miró sobre el caciquismo en Ibiza. Era Primera Plana, un semanario que alcanzó tal repercusión que el grupo Zeta creyó procedente cerrarla para no hacer daño a Interviu.
'Jesús vivó y murió en Cachemira' (1976) no fue el primer éxito, sino '¿Sacerdotes o cosmonautas?' (1971), pero también publicó los archivos de la CIA (1980) en varias entregas y en su mensual Mundo Desconocido. Así, hasta 14 títulos.
La magnificada invasión de ovnis en Ibiza –a finales de los 70– acabó por llamar la atención de Andreas, que me encargó un dossier y que se publicó con gran relevancia tipográfica. De hecho me limité a recoger algunas cartas al director y los numerosos escritos de Josep Riera y de Nito Verdera en las hojas de este Diario. Cuando vi toda la información (por llamarlo de alguna manera) conjunta creció más mi escepticismo sobre el tema, pero de igual modo lo publicó.
El homenaje primaveral a Andreas demuestra que todavía se le quiere y se le admira.

sábado, junio 19, 2010

La república vista por Mariano Llobet

Cuando los de mi generación decimos ´la República´ nos solemos referir a la segunda (1931-1936), ignorando que en España existió una primera (1873-1874) que duró un año, llegó a cobijar tres guerras civiles al mismo tiempo y que dejó un precedente maldito en nuestro destino. Acabó en enfrentamientos muy sangrientos, disgregando nuestra Península en cacicatos, regiones o autonomías, entonces llamados cantones.
No es raro que el abogado, político y escritor ibicenco Mariano Llobet haya sentido desde siempre una irresistible fascinación por estos hechos, y en general por el siglo XIX y XX. Además, la guerra civil le alcanzó de lleno dejándole marcado de por vida.
«Mi infancia estuvo plagada de muertos, de lutos, de penas. Yo parecía como la Tristana de Buñuel, pero en nene», me contaba en una lejana entrevista realizada a comienzos de los años 70 para ´Ibiza y sus gentes´, una sección que yo tenía en el Diario de Ibiza y de la cual extraje una gran parte del material que nutrió dos volúmenes de entrevistas, conocidos por ´Ibiza, la senda de los elefantes´. Un elefante era y es un escritor, un pintor o un personaje dotado de magnetismo y biografía, un ser que camina y peregrina para cambiar su vida y la del prójimo, a veces sin ser consciente.
Aquellas entrevistas tuvieron una repercusión notable. En la Ibiza de 1973 nadie solía hablar de sí mismo, de sus sentimientos, de la historia, de la familia ni de la guerra civil. Mariano Llobet no me defraudó. Es más, recientemente le he pedido que escriba sus memorias, que serían fuente de historias, anécdotas y de información, incluso aunque soslayara episodios divertidísimos, escabrosos o no.
Ahora recibo simultáneamente sus dos libros sobre la República y la guerra civil, lo cual me permite leerlos por orden en su totalidad. Ya es sabido que el libro de la República fue publicado por artículos en El Mundo de Baleares, mientras que el de la guerra civil iluminó las páginas del Diario de Ibiza.
Debo resumir: son excelentes fuentes de información, de criterio y por mucho que puedan criticarle desde el Mester de Progresía Pitiusa, son un ejemplo de ecuanimidad en líneas generales. Precisamente el tipo de libro que el carcomido espíritu de nuestra época trataría de silenciar (y quizás lo consigan, los libros no son fáciles de encontrar ni en Ibiza) para dejar paso a la cascada de propaganda política que intenta reescribir nuestra historia.
Mariano Llobet no da una sola opinión que no sea abonada por los datos y el rigor. Claro que en 300 páginas no se puede resumir todo, pero ha seguido un método bastante personal, con amplia aportación bibliográfica y tratando un aspecto en cada capítulo.
Así comienza con una relación generosa sobre quienes ayudaron a traer la República, liquidando la dictablanda del general Primo de Rivera y el reinado de Alfonso XIII, Borbón abuelo de nuestro actual rey, que salió de España a toda velocidad desde Cartagena.
La República empezó siendo de todos y acabó siendo de nadie. Nació con alegría inconsciente sin esperar ni el recuento de las elecciones municipales. Y apenas nacida ya comenzaron las animaladas y la barbarie, como la quema de conventos, obras de arte, bibliotecas, iglesias y otras salvajadas consentidas por el Gobierno. Y acabó en un baño de sangre que dejó sorprendido a todo el Planeta.

Lean este magnífico libro: ´Personas y días de la segunda República´, de Mariano Llobet Román.

miércoles, mayo 05, 2010

Un ruiseñor en cada higuera


Entrevistar o conversar con Sandy (Sandy's bar) fue una auténtica lección magistral de historia de la moderna Ibiza, sus elefantes, afincados, de teatro, literatura, botánica o ornitología. Lo combinaba todo con una pasión no exenta de detalles minuciosos y eruditos haciendo alarde de una memoria excelente.
Después de mi artículo algunos se han interesado por aquella Santa Eulalia, donde no todo fue bueno. De hecho, la villa de Xarc se hizo tristemente famosa por una cacería de hippies ejecutada por la Guardia Civil en los años 60. No fue para tanto, pero al salir en la BBC de Londres en un espacio puntero, alcanzó una dimensión magnificada en todo el planeta, cuando en Estados Unidos había persecuciones mucho peores casi cada semana. Incluso el novelista Graham Greene incorporó la noticia en una de sus novelas de trama sudamericana. Cuando lo encontré sin esperarlo me entró la risa.
El bar Sandy cumplió una función comunicativa constante, uniendo sin aristas a los tránsfugas del Vietnam (recuerdo a Mikel, el hombre de metal, no tránsfuga sino damnificado de guerra) con los escritores, artistas y los propios ibicencos. En aquellos años fue una misión importante.
Pero Santa Eulalia, seguramente el pueblo más conservador de Ibiza, en una isla donde conservador lo es casi todo el mundo, se sacudió aquella triste y violenta noticia, de modo que gran parte de los hippies residuales se iban decantando por las campiñas de San Carlos, San Miguel y de Santa Eulalia. Artistas plásticos como Hans Hinterreiter, Erwin Bechtold, Blakstad y otro centenar largo se quedaron en sus casas de la zona.
Fernando Rey y su esposa Mabel Karr, la numerosa familia de los Molina, los pilotos de fórmula 1 Niki Lauda o Graham Hill, la actriz Diana Rigg o el actor Therry Thomas se reunían de una forma o de otra en el Sandys. Se llegó a formar un grupo humano impresionante, aunque como es natural no siempre coincidieron todos ni todos fueron amigos.
Susan tenía su galería, Helga también (El Mensajero). Denholm Elliott, Laurence Olivier podían charlar durante horas con Howard Sackler (´La gran esperanza blanca' , 'Tiburón') o con el poeta y músico de King Crimson Peter Sinfield o con Robin Maugham, el sobrino del gran escritor Somerset. La pareja formada por Nina & Frederick (hasta que se separaron) también se hicieron fijos del Sandy´s. Pero la lista es mucho más extensa, mucho más desde 1958 (aunque algunos llegaron mucho antes).
Guardo las páginas manuscritas de mis charlas con Sandy. La lista de famosos impresiona, pero no tiene ningún interés más allá de la anécdota. Reuní en mi 'Ibiza, la senda de los elefantes' a algunos de aquellos creadores. No todos.
Ahora, veo que lo que más me aportó fueron sus charlas sobre la botánica de Ibiza, su admiración por las cunetas ibicencas repletas de asfódelos (a mí me gusta escribirlo sin acento esdrújulo) o gamones o la recurrente memoria de Sandy sobre la proliferación de pájaros: jilgueros, tordos, gorriones, pero sobre todo de ruiseñores.
Eran tiempos en que las higueras, todas las higueras tenían su ruiseñor.

miércoles, abril 28, 2010

Camus en Ibiza


De todo el siglo XX, me gustaría recuperar un viaje a la Ibiza de 1935 y posiblemente un mes cualquiera entre 1959 y 1965. Yo conocí de pleno y de forma transversal y privilegiada la Ibiza de 1968 en adelante, que ya era una Ibiza que se dirigía irremisiblemente hacia su derrota: turismo masivo, cemento y asfalto, o sea la gran solución final que ahora piden rematar los obcecados seis presidentes de la patronal.
Se dice que entonces Ibiza y Formentera eran un paraíso. Esto no es bueno, porque sabemos por experiencia que los paraísos son irrecuperables, no dejan dinero y desde luego no son socializables. De ahí que haya tanta gente dispuesta a cargárselos, cosa que consiguen fácilmente.
En 1935 vino a Ibiza un joven escritor que ganaría el Nobel apenas unas décadas más tarde, en 1957. Aquel argelino pied-noir tenía la sensibilidad a flor de piel, conocía el Mediterráneo y se sentía como en casa porque una de sus abuelas procedía de Menorca; se apellidaba Cardona, que es mi segundo apellido, de ahí que yo siempre reclame ante la desesperación de algunos, mi parentesco con Albert Camus. Con Sartre no, por favor.

Camus era demasiado agudo para no descubrir la profusión de ´cardonas´ en Ibiza, de la misma manera que descubrió la alegría de vivir y el fastuoso ritual del passeig, los interminables paseos en los andenes del puerto de cara al mar.
Sitúo al argelino en una isla ambientada y que recibía a numerosos extranjeros. A nadie sorprendería la presencia de un francés indagando curiosidades autóctonas.
No están muy claras las motivaciones del viaje iniciático, aunque se sabe que el Nobel siempre se sintió muy próximo a España y jamás dejó de manifestarlo. Y se sabe que su matrimonio o unión con la explosiva Simone le llevaba de cráneo y pensó en la posibilidad de sacarla de su círculo de amistades peligrosas que le suministraban la droga a cambio de favores.
Primero recorrieron Palma, una ciudad maravillosa pero no fue la que inspiró sus hermosas páginas 'Amor a la vida' o no lo fue en exclusiva. Los mallorquines tienen esta tendencia a olvidarse del matiz pitiuso, arte que tan bien dominan cuando les interesa. El gran golpe para los sentidos y para su inspiración fue Ibiza, la Ibiza púnica que él captó con elegancia al anotar el bullicio vital de las campesinas vestidas casi como las estatuillas púnicas.

De todos modos, fue el peor verano de su vida. Simone se estaba destrozando con la morfina y él mismo acababa de pasar una aguda crisis tuberculosa pulmonar. En Ibiza sólo había 67 coches, muchas ganas de progreso y una alegría mediterránea bajo el sol que tanto amaba Camus. Nadie suponía que faltaba menos de un año para comenzar una terrorífica guerra civil que llenaría Ibiza de sangre.
Estas consideraciones son unas simples reflexiones a vuelapluma para celebrar dos aniversarios. Hace 75 años de aquel viaje a Ibiza que tan bellas páginas dio a la humanidad. La segunda efemérides es más triste: Camus murió en un accidente de tráfico hace exactamente 50 años. Háganse un favor y lean a Camus.

sábado, abril 10, 2010

Ibicencos sin fronteras y otras cosas


Hay organizaciones que son totalmente dependientes del dinero que les vayan suministrando los gobiernos, y como no podía ser menos, son las ONG o sea las Organizaciones No Gubernamentales. Aquí el nombre no hace la cosa.
Y se quejan de que el Govern balear y el Consell de Ibiza (no sé el de Formentera) les hayan reducido las ayudas. No sé, pero hace muchos años que pienso que habría que inventarse una ONG para dedicarse a ayudar a los pobres ibicencos, que de tan buenos cada año hacemos el esfuerzo de atiborrarnos de paella y de fritanga con tal de ayudar al Tercer Mundo.
«La crisis no puede ser la excusa para ser insolidario». La excusa es que estamos sin trabajo ni perspectivas. Podría ser una buena excusa para replantearnos los fastuosos gastos de los políticos en su totalidad y en sus mil maneras.
Yo creo que vamos mucho mejor de caridad que de lecturas. Parece que cada vez se lee menos y que regresamos a aquellos áridos años de principios de los 70, cuando si veías a alguien leyendo un libro seguro que era un extranjero, un turista o un hippy metafísico. La población pitiusa es la menos aficionada a la lectura de todas las Baleares, según los estudios de la fundación Gadeso: sólo el 58 por ciento de la población pitiusa es aficionada a la lectura (Diario de Ibiza del 6 de marzo). No me creo los resultados de esta muestra. Son muchísimos menos.
Pero sí que me creo que el 94,4 por ciento de los consultados en nuestro archipiélago tiene el castellano como idioma habitual de lectura, pero no creo en la explicación, «porque hay más oferta». Oferta ahora mismo hay más en catalán, pero la gente se ha echado atrás y se está cumpliendo una predicción que hicimos muchos (yo entre ellos) hace al menos dos lustros: el catalán será conocido por una inmensa minoría, pero apenas se utilizará, en un proceso que llamamos latinización. Por mucho dinero que inviertan, por mucho papel que impriman, por muchos premios que repartan y por muchos escritores (presuntos) que fomenten, la gente se ha volcado con el castellano, y lo comprendo perfectamente.
Es como si muchos ibicencos se hubieran cansado de este monótono ritmo de inmersión y hubieran adoptado el título de un excelente libro de memorias de Robert Graves, que acaba de reeditarse: ´Adiós a todo eso´.
Es lo que hizo Graves: echar los malos humos británicos por la borda y se limpió el musgo anglosajón para aterrizar en Mallorca.
Otro prosista mallorquín que me gusta es José Carlos Llop, que acaba de publicar ´En la ciudad sumergida´, una especie de memorias en sus llocs viscuts, como diría Mariano Villangómez. Hay autores que emplean la tramoya topográfica como escenario para explicarse a sí mismos, como en el caso de Woody Allen, escritor y cineasta, y su irrenunciable idilio con Nueva York. Algo parecido les pasó al poeta Cavafis con su Alejandría egipcia, un paradigma del mediterráneo histórico y soñado, o a Pamuk con su Estambul.
Llop ya es demasiado viejo para caer en la trampa sobre la guerra de las lenguas, y en una entrevista dice algo que es difícil no suscribir: «No me gusta que se identifique lengua con cultura y ésta con nación: es una falacia».

miércoles, febrero 11, 2009

Editarte tu propio libro o texto digital

Mi artículo de hoy en Diario de Ibiza:
He conocido casi todas las técnicas de impresión desde que empecé en la calle Aragón, en 1972, a escribir en este mismo Diario de Ibiza.
Una vieja generación de trabajadores que había vivido de lleno la guerra civil hacían posible que se publicaran aquellas cuatro páginas, a veces una simple hoja doblada.
Luis Mas era el más joven de todos. Pasado un tiempo se incorporó Bartomeu Planells, que no es hermano mío, pero como si lo fuera. Y un buen día me encontré con un catalán, afable, amante de las cosas bien hechas, que se estaba peleando con la máquina de hacer el fotograbado, que no creo que hubiera funcionado nunca: era Buil Mayral.
Preámbulo nostálgico e inevitable: la memoria es precisamente la cultura y nunca ha sido mala si sabes dosificarla y agradecerla. Casi es un deber ir contando estas cosas, para que la nueva generación (al menos los que estén más atentos) disponga de otros elementos para asumir su presente.
A mí me admiraba la velocidad de los dedos de Luis Mas, sentado y castigando la linotipia. Yo nunca he sabido escribir bien a máquina; como en casi todo, lo hago a mi manera y no siempre de forma ortodoxa.
Pero Luis Mas era un cohete, una máquina que podía estar durante horas sentado.
Y esto era lo malo, porque el teclado de la linotipia es muy acogedor, pero las letras iban tallando las palabras en una barra de plomo que se iba fundiendo y formando de manera cíclica.
No podía ser bueno aquel plomo fundido, ni siquiera tomando algún vaso de leche de vez en cuando para neutralizar las toxinas.
Una vez picado mi artículo iba a una caja, donde lo componían y agregaban anuncios, con caracteres de metal, fijos. Todo conjuntamente iba rellenando el negativo de lo que sería la página impresa sobre papel.
Mis primeros libros se imprimieron así, a partir de la linotipia.
Más adelante vino la edición en offset y apenas ya conocíamos sus entresijos, se nos pasó a la edición digital.
En realidad vas escribiendo y conformando sobre la pantalla lo que será la página publicada en papel.
De ahí a los libros digitales ya sólo hay un paso y en realidad es la misma técnica. Mis últimos libros han sido confeccionados en imprentas digitales.
El últimísimo, ´Los límites del Paraíso´ (agotado y preparando un segunda edición), salió redondo de las oficinas de Sinstock de Valencia.
Todos estos nombres salen en Google. Ahora hay muchas: Libros en Red, Bubok, Lulu, y otras tantas.